¿CUARENTA?¿Está bien o no?



«Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes». Frase atribuida a Albert Einstein

El marzo de 2020, el director de la OMS, Tedros Adhanom, afirmó que «para suprimir y controlar epidemias, los países deben aislar, hacer exámenes, tratar y trazar». No mencionó la palabra cuarentena por lo que es falso que la OMS haya recomendado a los países establecer cuarentenas. El ejemplo de cómo China controló el brote en Wuhan fue determinante para establecer las restricciones de movilización y el confinamiento de las personas como medida para detener la epidemia.

En Panamá, el establecimiento de la cuarentena estableció el confinamiento, pero la trazabilidad (es decir el seguimiento de los contactos de los infectados) no fue implementado con efectividad hasta meses después, aún cuando la entonces Ministra de Salud afirmó en marzo que el país estaba preparado para enfrentar la pandemia. Lo resultados son evidentes y sugieren una conclusión diferente.

Hace poco un grupo de médicos realizó una declaración conocida como la Declaración de Great Barrington en la que sostienen que las políticas de cierre podrían tener más efectos negativos que positivos, y propone un nuevo modo de abordar la gestión de la pandemia. Está firmada por más de 5,000 científicos y 12,000 médicos.

Abogan por proteger a las personas más vulnerables (personas mayores de 60 años y con enfermedades crónicas, como los hipertensos, diabéticos, inmunosuprimidos) mientras los demás crean la polémica «inmunidad de rebaño». «La manera más humana de abordar esto, midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad de rebaño, es la de permitirle a aquellos que están bajo un mínimo riesgo de morir, vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que se encuentran en mayor riesgo». Este es el enfoque que bautizaron como Protección Focalizada.

La cuarentena fue establecida debido a que el sistema de salud no podía atender a los miles de contagiados que se esperaban. La intención no era que no hubiese enfermos, sino que se contagiaron a una velocidad más lenta. La cantidad de muertos no era el objetivo principal, pero sí es consecuencia de la cantidad de casos. La otra consecuencia fue la parálisis de la economía, con la consecuente de la pérdida de miles de empleos, la crisis económica e incluso el hambre en muchas familias.

En el 2018, en la Panamá murieron 19,720 personas debido a diversas enfermedades, principalmente enfermedades del sistema circulatorio, enfermedades isquémicas del corazón, enfermedades cerebro vasculares, tumores malignos, entre otras. Ese mismo año la economía creció 3,7 % (65,06 billones de dólares) … No será igual este año. Todavía no sabemos cuántas personas han fallecido este año, con excepción de las 2,491 muertes debido al COVID-19, pero se estima que la economía decrecerá al menos un 5 %.

Y sí la salud debería importar más que la economía, pero resulta que la declaración de los científicos y médicos hace una afirmación desconcertante: Algunas de las consecuencias de la cuarentena incluyen tasas de vacunación más bajas, empeoramiento de las enfermedades cardiovasculares, menos detecciones de cáncer y el deterioro de la salud mental, lo que conduce a un mayor exceso de mortalidad en los próximos años, siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas.

En otras palabras, el sistema de salud se verá saturado y rebasado en los próximos años. Y aunque la cuarentena fue una buena medida para uno o dos meses, extenderla es contraproducente. Ha sido un error que las decisiones de la pandemia sean tomadas solo por los médicos, cuando las consecuencias de las medidas tienen consecuencias económicas y sociales que requieren el concurso de otros profesionales. Algún día podremos darnos cuenta de la sí las medidas fueron correctas o no, aunque todo indica que no es así.