¡Quiero creer!


«No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra». Friedich Nietzsche

La famosa serie de TV de los años 90, “Expedientes Secretos X”, trataba sobre de cómo el gobierno trataba de ocultar “la verdad”, lo que sea que eso significara. La serie hizo famosas varias frases: «La verdad está ahí fuera», «no confíes en nadie», «niégalo todo», «la política es disculparse», pero por, sobre todo: «Quiero creer». Esta última frase, aunque indica la disposición a creer, implica la duda inherente. Es la actitud que los panameños tenemos hacia el gobierno: Queremos creer en los esfuerzos del gobierno, pero al mismo tiempo la experiencia previa y las actuaciones nos hace dudar. Y es que el gobierno juega a mantenernos entretenidos, desviando nuestra atención continuamente para que olvidemos que todo anda sin rumbo.

El hospital modular, los ventiladores, los salarios dobles, las planillas de la Asamblea Nacional, los “influencers” en planilla, la abultada planilla de funcionarios, los préstamos millonarios, la deuda externa, el déficit fiscal, en fin, una larga lista que crece cada día. Pero hay situaciones que tienen mucho peso en la opinión pública: El entierro de su copartidaria en la que participa la Ministra Consejera de Salud, y la muerte del Dr. Mendoza sin la aparente ayuda del gobierno. En ambos casos, las explicaciones estuvieron demás porque no importa que digan, nadie les cree. Ante una situación similar en cualquier país del mundo, el funcionario hubiese sido removido o renunciaría por dignidad, pero en Panamá eso no sucede. ¿A qué se juega?

Los políticos están mostrando tal descaro que es increíble que tengan el valor de mostrar su cara en público. El rápido deterioro de la imagen del gobierno y los políticos resultan sorprendentes pero esperadas. Pero todo sigue igual y a eso apuestan. No han aprendido de la experiencia de las últimas 6 elecciones generales: No gana el mejor, sino que pierde el gobierno de turno a quien se le pasa factura. El 2024 no será distinto y lo que parece preverse es que será una derrota similar a la sufrida por el gobierno pasado, quizás más catastrófica. ¿Acaso no se dan cuenta?

La reacción inicial a la pandemia pareció ser una esperanza para el futuro de la humanidad. Duró solo un pestañeo… La pandemia terminó sacando todo lo malo y aterrador que subyacía en muchas personas egoístas y con poca conciencia social. Cuando miles de personas han pasado hambre y perdido su trabajo muchos otros han seguido acumulando riquezas y utilizando sus posiciones de influencia para obtener beneficios, apostando que todo cambie para que nada cambie. Si no que lo digan quienes se beneficiaron de la venta de alcohol clandestino, de mascarillas, de alcohol y gel alcoholado, por mencionar algunos.

Con el uso más intenso de las redes sociales y la Internet en esta pandemia, se ha hecho evidente lo que se conoce como la “degradación humana”: La preocupación de que el avance de las máquinas supera nuestras capacidades nos hizo obviar que se enfocaron, de hecho, en nuestras debilidades, explotando nuestro narcisismo, nuestro enojo, ansiedad, envidia, credulidad y, por cierto, nuestra lujuria. Esta realidad, que ya existían subyacente antes de la pandemia, facilita el accionar de quienes pescan en río revuelto y esperan que la confusión que genera la dispersión de la opinión pública haga que los escándalos se olviden con facilidad en medio de las disuasiones, desviaciones, difamaciones, superficialidades e indiferencia de la gente.

Es un panorama oscuro el que se proyecta en nuestro país y en el resto del mundo con los problemas que se avecinan de la crisis de las pensiones del Seguro Social, la deuda pública, la pobreza, la corrupción, entre otros. Y al igual que para la pandemia, la falta de civismo nos pasará factura. Nuestra incapacidad de actuar juntos, de respetar las leyes, de ser empáticos y solidarios. Este civismo evidente en los países de Oriente, incluso en algunos países de África y Nueva Zelandia, y que ha faltado en el Occidente “liberal” ha llevado a que la pandemia se haya ensañado con Europa, Estados Unidos y América Latina, y que haya sido controlado con daños muchos menores en Oriente, Nueva Zelandia y algunos países de África.

Aunque educar a las masas para aumentar su civismo debería ser la estrategia evidente y urgente, esto no ocurrirá porque a los intereses dominantes no les conviene. Las crisis seguirán hasta que se rompa el cristal y estalle una explosión social de consecuencias imprevisibles. Chile es nuestro espejo…