¿Fraude en elecciones?



«Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores»… Winston Churchill

Los resultados de las elecciones en Estados Unidos han suscitado todo tipo de comentarios en todo el mundo, la gran mayoría sesgados por sus preferencias por uno u otro candidato. La elección fue muy estrecha lo que ocasionó que no se tuviera una proyección de quien ganaba de manera rápida.

La elección incluía el voto por correo postal en muchos estados que lo incluyeron debido a la actual pandemia y a que cada estado decide la forma de contar sus votos; algunos contaron los votos por correo antes del día de las elecciones y otros lo hicieron después. Estas circunstancias y lo estrecho en las diferencias de votos entre los principales candidatos, retardaron la proyección del ganador 4 días.

Muchos están vociferando que hay fraudes y que el retardo de votos se torna en desconfianza que no se respete la voluntad popular. Es muy interesante que muchos de estos comentarios se realizan utilizando el prisma de la experiencia electoral de nuestros países, lo que ha desnudado de hecho la debilidad de nuestro sistema respecto a la fortaleza mostrada por el sistema electoral en Estados Unidos, aunque muchos piensen diferente. Hasta ahora, no hay evidencia de hechos que sean sospechosos de fraude, aunque hay personas vociferando y desinformando al respecto. Casi todas estas aseveraciones se basan en intereses políticos y no en hechos comprobables.

La única razón que se proclama al presidente electo lo más rápido posible se debe a la falta de confianza que los resultados reflejen la voluntad de los votantes. Lo importante de la elección es que se cuenten los votos de manera honesta y no su rapidez, contrario de lo pensamos. No hay ninguna razón para proclamar al candidato vencedor de inmediato dado que no asume sino semanas y hasta meses después. La única razón es la desconfianza en quienes cuentan los votos.

No es el caso en las elecciones en Estados Unidos. El sistema muestra una alta confiabilidad y se toma el tiempo para contar los votos de manera transparente, con los controles adecuados. Incluso, el sistema judicial tiene la capacidad de resolver de manera independiente muy rápidamente los recursos impuestos por quienes se sienten afectados. Lo que muchos olvidan es que el sistema ha actuado de manera similar siempre, incluso en las polémicas elecciones del 2002 y del 2016.

Un dato curioso es que las papeletas se mantienen (no se destruyen) para posibles reconteos y verificaciones, algo impensable en nuestro país dado que los votos se queman para evitar la nefasta costumbre de alterar los resultados introduciendo papeletas adicionales. Aquí, incluso las actas de las mesas de votación son alteradas, algo que no es posible en las elecciones de Estados Unidos. Los funcionarios electorales norteamericanos proyectan dominio del tema, calma y transparencia. Al escuchar las explicaciones que han dado expertos y las mismas autoridades muestra que el sistema es muy fuerte, incluso para resistir las órdenes del presidente en funciones.

El sistema de Estados Unidos es fiable porque se basa en la honestidad. Las comparaciones con nuestro sistema resultan abismales y dejan en evidencia que, por el contrario, las normas electorales panameñas están diseñadas para evitar la deshonestidad que se asume como la norma de nuestro comportamiento. Aunque en Panamá se ha avanzado mucho, estamos lejos de tener un sistema electoral confiable y transparente basado en valores morales y no en normas para evitar la trampa. Mucho tenemos que aprender. Mucho por mejorar…