Confianza perdida



«El niño que es llorón y la madre que lo pellizca»… Adagio popular primero

Desde inicios de noviembre, los contagios diarios del coronavirus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad COVID-19, se han incrementado y en consecuencia las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) acrecentando los llamados por el peligro que el aumento representa. Los llamados, no obstante, no han sido bien recibidos por la sociedad sobre todo por el tono de amenaza y la arrogancia con el que se emitían. El Ministerio de Salud reiteradamente afirma que la irresponsabilidad de la ciudadanía (una generalización odiosa) no ha sido bien recibida sobre todo porque la gente escucha unas instrucciones, pero las acciones del MINSA no respaldan sus afirmaciones.

Muchos casos de personas quienes tienen síntomas y acuden a hacerse la prueba para detectar la presencia del coronavirus, son enviados en cuarentena a sus hogares sin medicamentos y sin alimentos. El resultado de la prueba no se les da sino después de tres o cuatro días y a algunos, nunca. Algunas de esas personas desarrollan síntomas que complican su salud y deben ser trasladados a los hospitales. En muchos casos, fallecen porque la enfermedad se les complica por falta de atención a tiempo. Estas situaciones son muy comunes y es parte de la conversación del público. Como consecuencia la confianza de la gente en el MINSA ha disminuido significativamente.

Varías situaciones han surgido: Los empresarios emitieron un duro comunicado enfatizando su posición contraria a un nuevo confinamiento debido a las consecuencias económicas, que ya son muy graves, lo que produjo que el tono de las “amenazas” del MINSA bajaran significativamente. Y por otra parte la proliferación de las fiestas privadas (que supuestamente están prohibidas), que se realizan con música a alto nivel y con aglomeración de personas, sin que la Policía Nacional ni el MINSA puedan controlarlas con efectividad. En reiteradas ocasiones la gente denuncia esos llamados “parkings” sin que las autoridades se presenten a sancionar a los infractores y dispersarlos. Ambas reacciones generan desconfianza en la efectividad del gobierno de tal manera que reduce significativamente la efectividad de los mensajes que emiten. El problema no es lo que dicen, es lo hacen o dejan de hacer.

Otras informaciones indican que las pruebas de PCR dan positivo a personas que tuvieron el virus sin síntomas incluso semanas antes y que no transmiten el virus, por lo que un aumento de los casos detectados sin un análisis de las condiciones de las personas (si tienen síntomas o no) no da una indicación clara de la situación. El aumento de los hospitalizados, que casi se ha duplicado en el mes de noviembre, si es preocupante. Los casos en las unidades de cuidados intensivos que ha aumentado un 50 % en noviembre, también preocupa, pero en menor grado.

La conjunción de la desconfianza ciudadana, con la consecuente rebeldía de la gente, sobre todo los jóvenes; por otro lado, la firme posición de los empresarios, el estado de la economía que ha generado altos niveles de desempleo y el hastío de la gente, harán que otro confinamiento sea casi imposible.

Nos queda el uso del método científico. Un análisis de la situación de los contagiados y su aislamiento real para evitar los contagios en la medida de lo posible es el camino para seguir. La vacuna ya está a la vuelta de la esquina, pero tardará varios meses. Mientras tanto, muchos perderán la vida… Ese debe ser el objetivo, disminuir las hospitalizaciones, las personas en las UCI y los fallecimientos.

Pero, sobre todo, se requiere un cambio en la comunicación del Ministerio de Salud, que vuelva a ganarse la confianza de la ciudadanía a través de información oportuna, buenos análisis y sobre todo, 0 amenazas.