Has lo que digo…



«Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza como por el afán de riqueza»… Louis De Bonald

El muy difundido “fraude” en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho en la USMA, Universidad Católica, aporta una evidencia adicional a la percepción de corrupción ya generalizada en la opinión pública. Quienes son enemigos del grupo MOVIN, han festinado la situación sin darse cuenta de que este hecho está dando un zarpazo profundo en la confianza de la opinión pública de la que no se librarán.

Luchar contra la corrupción implica que se debe creer profundamente en los principios sociales de honradez y justicia y, sobre todo, actuar en consonancia a estas convicciones. Se supone que los intereses personales y de grupo no deben ser la base de la lucha anticorrupción. Al conocerse el fraude en las elecciones, se desnuda una amarga realidad: No se lucha por una sociedad honesta y justa, sino por una sociedad donde los intereses de los grupos gobernantes y con influencia impongan sus intereses. Triste y aterradora realidad que, aunque queda evidenciada con este hecho, era percibida ampliamente en la opinión pública.

Más profundo y aterrador, es que quienes estaban involucrados mostraban una conducta supuestamente honesta y tenían influencia sobre una gran parte de la opinión pública. Quienes les adversan, festinan creyendo que ganarán ventaja de la situación, sin darse cuenta de que se esparce una nube negra de desconfianza y decepción sobre todos los panameños. Toda persona quien se levante a criticar será pasada por el filtro de la duda, del escrutinio de sus intenciones y de su vida. No quedará títere sin cabeza.

El diagnóstico de la realidad de este país evidencia una oscura y tétrica conclusión: La sociedad panameña no tiene interés en establecer normas sociales basadas en la honestidad y la justicia social, sino que predominan los intereses de grupos sociales y económicos en pugna que tienen una disputa verbal de argumentos, muchas veces halados de los cabellos, con posiciones intencionalmente intransigentes basadas en medias verdades. ¿Si no podemos confiar en otros, cómo será posible establecer relaciones sociales viables y productivas? El daño que hacemos a las futuras generaciones es devastador, no solo porque impedimos el progreso, sino que damos un ejemplo corrupto distorsionado.

Rectificar esta realidad costará tiempo y dolor. ¿Cómo se endereza lo torcido? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo sobre las acciones a tomar si desconfiamos de las intenciones de los demás? No será posible establecer una sociedad próspera con individuos corruptos y deshonestos, y peor aún, persiguiendo a quienes, mediante sus actos y hechos, demuestran su honestidad pero que amenaza los intereses establecidos. El actuar del gobierno no es esperanzador porque ha demostrado las mismas taras y errores que se repiten desde el inicio de la República: Exceso de funcionarios quienes acceden a sus puestos sin concursos y que no tienen estabilidad, despilfarro sin explicaciones, la idolatría al presidente y a los ministros, pero sobre todo un poco me importa con la opinión pública.

La pandemia ha sido un gran llamado de atención de que una enorme crisis mundial se cocina a fuego lento y por lo visto, nada hemos aprendido. Estamos esperanzados en la vuelta a la normalidad anterior, sin darnos cuenta de que el proceso de cambio es irreversible. Las capacidades de colaboración, solidaridad, unidad y cooperación que han sido fundamentales para el avance de la humanidad, ahora resultan imprescindibles.