Navidad y confinamiento


«No existe la Navidad ideal, solo la Navidad que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones»… Bill McKibben

Llega a su final el fatídico año 2020, año bisiesto, año de la pandemia, de cambios que no entendemos y un panorama oscuro y desesperanzador para la gran mayoría de los pobladores del planeta. Y con el fin de año, llega la Navidad, un momento de regocijo, de compartir, fiestar, adornar los hogares, de consumismo que ni la pandemia ha podido parar. Pero esta Navidad suena triste, más con el confinamiento que el Ministerio de Salud ha decretado.

La llamada segunda ola de pandemia ha llegado a Panamá y las perspectivas son sombrías en tanto no se llegue a vacunar a miles de personas, algo que se lograra hasta mediados del año próximo. Mientras tanto, miles se contagiarán, y otros miles morirán.

Al menos el confinamiento es limitado y permite preparación previa. Es muy necesario dado el actual incremento de los casos y de las muertes. Aunque en teoría el confinamiento es un arma eficaz contra la propagación de los contagios, en la práctica no ha tenido los efectos deseados. Casi siete meses de confinamiento, con un duro cierre de empresas metió al país en una crisis económica impensable y de la que no se saldrá con facilidad, especialmente debido a que el gobierno ha adquirido préstamos que complican el futuro del país; no se logró detener la pandemia y cuando se necesitó en noviembre, el confinamiento no pudo ser implementado porque era asegurar la muerte de la economía con sus consecuentes secuelas de hambre y retraso del progreso.

Sobre el confinamiento, la OMS ha dicho que no es una medida que aconsejan y que solo se debería tomar en casos muy graves. El especialista de la OMS señala que “no abogamos por los bloqueos como el principal medio de control de este virus. Los encierros sólo tienen una consecuencia que nunca se debe menospreciar, y es hacer que la gente pobre sea muchísimo más pobre.” Otro de los especialistas de la OMS recomendó “seis acciones fundamentales” para detener la propagación del virus, entre las que mencionó: “ampliar el sistema sanitario; localizar cada caso sospechoso a nivel comunitario; aumentar la capacidad de las ‘test’ (pruebas de detección); y adaptar y equipar las instalaciones destinadas a tratar y a aislar a los pacientes”. Estas medidas han sido aplicadas, pero se han estrellado con un muro infranqueable: La falta de conciencia social sobre los problemas. Por eso se debe añadir que la medida más importante es la educación sobre las medidas a tomar de manera continua y práctica, evaluada y dinámica. Algunos esfuerzos se han hecho, pero los resultados han sido limitados dado el hecho de que la pandemia no ha podido ser detenida.

El director de la OMS identificó el factor clave de la lucha de en contra de la pandemia y de cualquier problema de la humanidad: no hay vacuna para la pobreza, el hambre, el cambio climático o la desigualdad, problemáticas que necesitan ser abordadas sin olvidar la interrelación entre ellas y no aisladas unas de otras.

Quizás pensemos que esta Navidad sea triste debido a que no se harán celebraciones, no veremos a los familiares, pero al mismo tiempo esta crisis trae una oportunidad: Reflexionar sobre lo que es en verdad importante: El don de la vida. Quienes han perdido familiares, los recordarán con dolor y tristeza profunda, atesorando los momentos vividos juntos y nunca olvidando que por este mundo estamos de tránsito, que la muerte es parte de la vida, una realidad dura pero inexorable.

No les deseamos feliz Navidad porque en estos duros momentos no caben las felicitaciones, pero sí extendemos nuestro aprecio, respeto y el deseo que podamos, juntos, superar estos difíciles momentos.