#EDITORIAL Esperanzas inciertas

«Nunca pierdas la esperanza. Las tormentas hacen a la gente más fuerte y nunca duran para siempre»… Roy T. Bennett

Por fin se fue el aciago año 2020, con sus desastres y avances tecnológicos, consecuencia de las desafiantes condiciones a las que estuvimos sometidos con los confinamientos y el distanciamiento social., lo que permitió mantenernos a flote ante el embate de la pandemia.

Y es que algunas avances tecnológicos y cambios en la manera de trabajar y relacionarnos socialmente avanzaron significativamente. La aparición y resurgimiento de plataformas virtuales como Zoom, Teams, Skype y Meet, ayudaron a palear la situación, permitiendo clases virtuales para los estudiantes cuyas escuelas estaban cerradas, reuniones virtuales para las empresas y organizaciones no gubernamentales. El avance de la Internet ha permitido el teletrabajo, ayudando a preservar miles de trabajos y a que la economía no sufriese un descalabro peor. La humanidad mostró que es posible el cambio, que lo que era, porque siempre ha sido así, puede mutar. Fuimos obligados a cambiar sin posibilidad de retorno.

La vacuna ilumina el camino de este 2021, es la esperanza de poder superar a un virus que amenaza afectar la vida social y matar a unos pocos millones de personas. No es un virus que acabará con la humanidad porque su letalidad ha sido un máximo de 5%, de manera que la gran mayoría de los contagiados sobrevivirá. El peligro mayor está en el daño que ocasionará a la economía, daño del cual hay evidencia palpable. Y es allí donde estarán los mayores deterioros: La desigualdad y la pobreza crecerán, por una parte, y por otra los millonarios se harán aún más ricos. La expectativa de superar la pandemia mediante la vacuna nos ha dado esperanzas de que todo volverá a ser normal.

Pero no será así… Muchas nubes negras se ciernen sobre la humanidad: El cambio climático es el más destacado, no por las consecuencias inmediatas, sino porque su avance inexorable y constante, no nos permite medir las consecuencias catastróficas que caerán sobre la vida en el planeta.

Las esperanzas se fincan en la capacidad de cambio de la humanidad. La pandemia desnudó nuestras debilidades: Un sistema individualista, con falta de conciencia social y materialista. Es allí donde deberíamos fijar los objetivos y estrategias, a través de una educación que transforme a nuestros niños y jóvenes para que en dos o tres generaciones se podría tener una nueva sociedad. Y sí, es mucho tiempo, algo de lo que no disponemos porque los que genera el cambio climático nos van a causar muchos más problemas. No hay opción, esa es la vía.

La vida sigue, y esa es la esperanza… Nacer y morir es parte de la vida. Evitar la mayor cantidad de muertes posible es una aspiración válida, pero no se puede evitar que la gente muera. Así es la vida.

El comienzo del 2021 nos esperanza. Ojalá que estas esperanzas se conviertan en hechos que nos conduzcan al progreso y al bienestar común. De nosotros depende.