#Editorial ¿LIBERTAD?

«Ser libre no es sólo deshacerse de las cadenas de uno, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás» … Nelson Mandela

Las medidas de las redes sociales en contra del presidente Trump ha levantado el debate sobre la libertad de expresión. Hay quienes sostienen que las redes sociales han coartado la libertad de expresión y cuestionan que no deberían tener el poder de bloquear y censurar a quienes, a juicio de las redes sociales, violan las normas establecidas en sus condiciones de uso. Este argumento se basa en el derecho humano de la libertad de expresión que nos permite expresar lo que pensamos sin restricciones. Llama la atención que muchas de las voces que se levantaron para criticar a Twitter, Instagram, Facebook y Amazon son periodistas ligados a medios de comunicación social en muchas partes del mundo, alegando que coartar la libertad de expresión a Trump abre el camino hacia la limitación de la libertad de otros.

Por otra parte, están los que sostienen que actitudes como las de Trump que propagan medias verdades, mentiras, exhortan al racismo y la desobediencia civil, son peligrosas y deben ser detenidas. Algunos compararon a Trump con Hitler y se preguntan qué hubiese pasado si la sociedad hubiese tratado de detener el nazismo evitando que alcanzara tanto poder que usaron par coartar la libertad y sesgar la vida de millones de personas.

El concepto irrestricto de la libertad de expresión es un tema de discusión. Nuestra sociedad individualista y egoísta sostiene que cada individuo tiene derecho a expresarse sin restricciones. Contrastado con los llamados de “cuelguen a Pence” y el asalto del Capitolio, en donde el vicepresidente estuvo muy cerca de ser alcanzado por los manifestantes, es evidente que la libertad de expresión y las consecuencias que podría ocasionar requieren un cambio profundo en el paradigma imperante. Es imprescindible reconocer que el derecho del individuo debe ser moderado y balanceado por el derecho de la sociedad. El cambio hacia ese paradigma requiere un gran esfuerzo y resolver los asuntos relacionados en la forma en la que se limitará la libertad individual.

De hecho, en la actualidad los medios de comunicación tradicionales han sostenido una política de limitación de la libertad de expresión mediante la llamada “línea editorial”, mediante la cual deciden que publican y quién publica. De esta manera tenían la potestad de controlar la opinión pública mediante los temas que se publican y también mediante los que no se publican. El surgimiento de la Internet ha moderado este poder y otorgado más poder a la gente. Parece que los medios tradicionales han olvidado el control que ejercían, que han ido perdiendo poco a poco, y ahora exigen lo que ellos nunca concedieron al público.

La compleja realidad de la libertad de expresión implica hacerse preguntas puntuales tales como ¿Cómo y quién determine qué es mentira? ¿Cómo se asegura que las opiniones diferentes sean escuchadas? Es importante enfatizar que el hecho de ser publicadas no garantiza que las ideas sean tomadas en cuenta. Otras cuestiones importantes son ¿Cómo se controla la violencia y la incitación a la violencia, el racismo y los prejuicios? ¿Cómo se modera la excesiva influencia de los ricos y poderosos? ¿Cómo se construye consenso?

Un largo camino nos espera, pero parece que al menos hemos iniciado el recorrido.