#EDITORIAL La cacofonía del Seguro Social

«Todo el mundo parece tener una idea clara de cómo otras personas deben llevar sus vidas, pero ninguna sobre cómo vivir la suya propia»…. Paulo Coelho

Pasado el mare magnum de las vacunas y la disputa infantil sobre quien tenía prioridad y quien no, con todas las acusaciones, alegaciones y los patéticos espectáculos de los médicos, resurge de entre los muertos el tema del programa de Invalidez, Vejez y Muerte, IVM. Y la resurrección del tema ha hecho que los argumentos gastados, las cuasi verdades y las mentiras de siempre resurjan como el ave fénix, esta vez más fantasmagóricas y raquíticas. Ya surgieron quienes tienen la solución y los intransigentes de siempre que pregonan que todo o nada. Aquellos quienes vivimos las reformas del 2005 y el caos que generó su discusión, estamos previendo lo que va a suceder.

La realidad, no obstante, es desgarradora: El Programa de Invalidez, Vejez y Muerte se está descapitalizando y se calcula que los fondos no alcanzarán sino hasta el 2026, aunque se requieren sostener a quienes tienen actualmente 45 años hasta el año 2060. El actual esquema de pagar unos 20 años de cuotas y recibir una pensión del 60% de los mejores salarios por unos 30 años, es a todas luces insostenible.

La expectativa de vida en las mujeres en Panamá es de unos 80 años y se pensionan a los 57 años. Para los hombres, la expectativa de vida es 78 años y se pensionan a los 62 años. Los hombres viven menos, pero trabajan 5 años más. Y dado que las pensiones no cubren los gastos familiares, la gran mayoría de los pensionados continúan trabajando unos 10 años más, recibiendo su salario y la pensión.

Un hombre que cotice 20 años con un salario promedio de sus 10 mejores años habrá pagado cuotas por un monto de $28,200.00 y cuando se jubile a los a los 62 años, recibirá el 60 %, es decir $600.00 por un periodo de 16 años. En ese periodo recibirá $115,200 que es 400 % más que lo que pagó. Con las mujeres es peor dado que se le paga por un periodo promedio de 23 años.

La matemática no da. Aunque se administre ese dinero de manera eficiente y se generen altos intereses, no es posible sostener ese sistema. Simplemente está condenado a la bancarrota.

Surgen inmediatamente las voces que aducen que la corrupción y los robos le han quitado al Seguro Social su dinero. Los economistas calculan que estos abusos podrán ser responsables del 10% de los fondos faltantes, pero aun así nos quedarían más del 300% de déficit. Los detalles de las recuperaciones nadie las menciona porque el pueblo quiere escuchar lo que le favorece: Nadie quiere enfrentar la macabra realidad del Seguro Social y su falta de reservas para cubrir las pensiones.

Los políticos, sindicalistas oportunistas, quienes opinan e influencian la opinión pública dicen medias verdades y mentiras descaradas con intenciones de protagonismo y de pescar en río revuelto. Por ejemplo, el número de beneficiarios y el número de empleados (cuyos gastos salen de otros programas del Seguro Social y no del IVM) son solo muletillas inútiles que radicalizan el diálogo y no aportan ningún avance, excepto la fama de héroe y salvador del Seguro Social que algunos quieren achacarse.

No habrá solución y tendremos que vivir lo que ha vivido Grecia cuyos pensionados debieron aceptar una rebaja de sus pensiones y los trabajadores activos deben trabajar hasta los 65 y hasta los 70 años. Esta cruda realidad nos pasará si no nos ponemos de acuerdo, para lo cual necesitamos un diálogo honesto, sin pasiones, dispuestos a encontrar la mejor solución para todos. Sí, sé que está pensando que eso no ocurrirá. Ahora busque información de lo que pasó en Grecia y quizás se disponga a presionar para que nuestros políticos, sindicalistas y “líderes de opinión” se pongan de acuerdo para favorecer el país. Un panorama oscuro y desalentador.