Los tentáculos de una narcored criminal que opera en la región

Un equipo anticriminal compuesto por varios países de la región lleva más de dos años en una extensa investigación contra un grupo de oficiales que supuestamente integrarían una organización delictiva que opera en Venezuela y tiene tentáculos en Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

De acuerdo con una fuente ligada a las pesquisas, esta agrupación compuesta en su mayoría por miembros de estamentos de seguridad de estas naciones estaría permitiendo el paso sin contratiempo de los cargamentos de sustancia ilícita hacia México y luego a Estados Unidos. Los cabecillas de esta agrupación manejan “cerradamente” la información de los envíos de los embargues para que controlar todo y no se filtre la hora, el día y muchos menos la ruta que son usadas para el traslado.

Una organización criminal con tentáculos en las Fuerzas Militares de la República Bolivariana.

En Colombia, los movimientos son controlados y monitoreados por células que responden a integrantes de la disidencia de las narcos guerrillas de las Farc que están refugiados en Venezuela. Además, con la complicidad de elementos del Alto Mando Militar de la República Bolivariana, preparan todo con sus contactos a nivel de la región. Muchas de estas personas o miembros de los estamentos salpicados, en algún momento de su vida policial o militar estudiaron, se prepararon o capacitaron en Venezuela.

En el caso de Panamá, desde que esta organización emprendió hace más de dos años sus actividades ilícitas por el istmo canalero, los decomisos por tierra bajaron notablemente, pero no así los que se han realizado en altamar, en especial en Bocas del Toro.

Las investigaciones trazadas por este cuerpo policial especial, indican que en Panamá las piezas claves son un tumbador conocido con el alias de ‘Lofu’ con buenas conexiones en los estamentos de seguridad y en especial, con un oficial que laboró en Panamá Este.

Los decomisos en tierra firme han disminuido.

El conocido tumbador opera en el área de Juan Díaz, Pedregal y alrededores. Entre sus colaboradores hay aspirantes a cantante de música urbana que ganan poco dinero para sobrevivir.

A esto le podemos agregar los vínculos con conocidos políticos que hoy ostentan cargos de elección popular.

¡Ciego, mudo y sordo!

Durante la presencia de este uniformado en esta zona, los hechos delictivos aumentaron, como las ejecuciones por encargos, que estarían ligadas a este oficial. Pero este uniformado no era el único que formaba parte de este rompecabeza delictivo, ya que la investigaciones han determinado que habían otros oficiales que les gustaba ostentar lujos, realizar jugosas apuestas en las peleas de gallos, y comprar apartamentos con un costo superior a las 6 cifras. Lo curioso de todo esto, es que el salario de este oficial no le alcanzaba para realizar este tipo de compras o adquirir este tipo de bienes, sin embargo, las autoridades encargadas de velar por el correcto desempeño y conducta de sus miembros miraban para otros lados.

Los investigadores pudieron precisar que, mientras estos oficiales ocuparon y otros siguen en sus cargos, los delitos como homicidios aumentaron y las incautaciones de drogas en tierra bajaron notablemente. Esta incidencia delictiva y con ramificaciones al crimen organizado, se fueron expandiendo por Colón, San Miguelito, Panamá Este, Panamá Oeste y Chiriquí, por su cercanía con la frontera con Costa Rica. 

Las conexiones de estos oficiales son más extensas de lo que nos imaginamos, ya que están conectadas con servidores que laboran como asesores, otros que trabajan en la persecución del delito y en la aplicación de la justicia.

Las incautaciones en altamar aumentaron por los lados de Bocas del Toro, Veraguas y en Chiriquí.

De acuerdo con la información recabada, esta agrupación criminal estuvo delinquiendo a bajo perfil porque compartimentaba sus acciones para de evitar ser detectada por los entes de seguridad que combate las llamadas organizaciones “invisibles”.

Todo habría quedado al descubierto en dos decomisos en una semana que se registraron en Panamá y Costa Rica.

De Panamá para el mundo

Según un reportaje publicado por Insight Crime, el país que ocupa el extremo sur de Centroamérica también ha registrado un aumento inusitado de decomisos de cocaína. En 2018, se incautaron unas 73 toneladas en Panamá, y en 2019 se registró un récord de 78 toneladas.

El corredor centroamericano.

En los primeros seis meses de 2020, las autoridades incautaron casi 35 toneladas de cocaína. Más de diez toneladas del alcaloide se encontraron en las aguas frente a la provincia de Bocas del Toro, un  archipiélago que bordea a Costa Rica sobre el mar Caribe. Aunque el Pacífico ha sido por mucho tiempo la ruta marítima preferida por los traficantes en Panamá, los cierres de fronteras con Colombia y las restricciones sobre la movilidad al parecer los obligaron a intensificar el uso de las aguas del Caribe.

Al igual que en años anteriores, en 2020, las autoridades panameñas también descubrieron semisumergibles con narcóticos en las costas del país.

Una industria naviera en expansión también hace de Panamá una ubicación atractiva para los carteles que buscan enviar narcóticos hacia Europa. El auge de la producción en Colombia y el apetito de Europa por la cocaína han hecho de Panamá y sus puertos comerciales un blanco común de los narcotraficantes.