¡Por fuera! La histórica salida de Raúl Castro del Partido Comunista de Cuba

En medio de una severa crisis económica y, para bien o para mal, del amplio acceso a las redes sociales, desde el viernes y hasta mañana se celebra el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), el último formal del general Raúl Castro Ruz como primer secretario, cargo que ostentaba desde el 2011.

Es histórico porque marca la salida del apellido Castro de la cúpula partidista, aunque no del castrismo.

Presidente cubano Miguel Diaz-Canel (d) y el exmandatario y saliente líder del Partido Comunista de Cuba (PCC), Raúl Castro (i) durante el anuncio del inicio del proceso de unificación monetaria.

Castro, que cumplirá 90 años el próximo 3 de junio y fue segundo secretario desde la fundación del único partido legal en Cuba en 1965, podrá dedicarse a partir de ahora a “cuidar nietos”, aunque previsiblemente siga siendo “consultado” en asuntos importantes, como por ejemplo las relaciones con EE. UU., por los “nuevos pinos”, como llaman a los dirigentes.

La misma fórmula fue aplicada cuando su hermano Fidel enfermó en el 2006 dando paso al posterior proceso de sucesión. El entonces general de Ejército asumió provisionalmente la presidencia. El delicado estado de salud del líder revolucionario convirtió en definitivo el cargo en el 2008.

En aquel momento, propició cambios esperanzadores al permitir el alojamiento en hoteles de turismo, la compraventa de viviendas y carros, la titularidad de líneas móviles, la ampliación del trabajo por cuenta propia, la modificación de la ley de inversión extranjera y la supresión del permiso de salida que facilitó a los cubanos la posibilidad de viajar al extranjero.

Observadores esperan con atención la composición del nuevo Comité Central del PCC tras la cita partidista convocada bajo el lema ‘Unidad y Continuidad’. El rumbo nacional dependerá de la entrada de caras y mentes abiertas, o no, a las reformas en el campo económico. En lo político no habrá ninguna novedad.

La Constitución establece que “el PCC es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, y así seguirá.

La salida de (Raúl) Castro es un acontecimiento histórico no solo porque marca el fin de una dinastía que ha durado más de 50 años, sino también porque se produce en medio de un período de importantes dificultades y perturbaciones económicas (…). Esto no significa necesariamente que vaya a haber un cambio brusco en el estilo del Partido Comunista”, pero “internet va a facilitar una mayor demanda de responsabilidad y de libertades, planteando al Gobierno desafíos que serán difíciles de ignorar para el Partido Comunista”, afirmó Norman McKay, analista de la Unidad de Inteligencia de The Economist, según la AFP.


De acuerdo con la Carta Magna, en este congreso deberán dejar sus puestos aquellos con más de dos quinquenios en sus cargos. Por tanto, muchas de las figuras de la vieja guardia darán paso a las nuevas generaciones. Y todo apunta a que el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, cogerá el testigo de la jefatura del PCC. Según el analista Carlos Alzugaray, tendría mayor capacidad de maniobra “con el aparato del partido en sus manos”.

De ser elegido un inmovilista resultaría más difícil sortear la profunda crisis, la peor desde el llamado “periodo especial” de los años 90, cuando cayó la Unión Soviética y la isla quedó sin su ayuda. El mismo Raúl Castro dijo el viernes en el Congreso que las decisiones en materia económica en ningún caso pueden provocar una ruptura en los ideales de justicia e igualdad de la revolución.

En Cuba, el PIB cayó el 11 por ciento el año pasado y la inflación se ha disparado tras la unificación monetaria y cambiaría comenzada en el mes de enero. El dólar, que se cotiza oficialmente a 24 pesos, se cambia en el mercado negro a cerca de 50. Es notorio el desabastecimiento de alimentos, productos básicos y medicinas. Las colas para adquirir esos productos de primera necesidad son enormes.

Las arcas estatales están sin liquidez. A los gastos derivados de la emergencia sanitaria del covid-19 con un ingreso hospitalario medio cercano a 3.000 personas y 500 muertos desde que se declaró la pandemia en el mundo, se suma la reducción de ingresos.

La caída abrupta del turismo ha supuesto pasar de recibir 3.000 millones de dólares en 2019 a obtener apenas 600 en el 2020, según el exacadémico José Luis Perelló. Tampoco son buenas las cifras de las remesas familiares, que de cerca de 6.000 millones de dólares recibidos en 2019 se redujeron a menos de la mitad en 2020.

En esos datos se nota el endurecimiento del bloqueo unilateral estadounidense que arreció Donald Trump, tras el paréntesis propiciado por el “deshielo” acordado entre Barack Obama y Raúl Castro, en diciembre del 2014.

Trump amplió las sanciones, suspendió los cruceros, canceló frecuencias aéreas y cerró las oficinas de Western Union que permitían la recepción controlada de dinero. A falta de un canal legal, los emigrados cubanos se las ingenian para hacer llegar a sus familiares el dinero o medicinas.

Tampoco parece que el nuevo mandatario de EE. UU., Joe Biden, tenga prisa para acercarse al Gobierno cubano. De hecho, expertos estiman que espera más gestos de La Habana.

Él mismo Raúl Castro envió un guiño el viernes al ratificar “la voluntad de desarrollar un diálogo respetuoso y edificar un nuevo tipo de relación” con EE. UU., sin renunciar “a los principios de la revolución y el socialismo”.

Los temas económicos dominaban las sesiones dada la complicada situación económica, financiera y social que atraviesa la nación. “El pueblo no come planes”, admitía recientemente el primer ministro Manuel Marrero. “Quisiera que el Congreso analice bien los resultados del trabajo realizado y tome decisiones apropiadas para mejorar la situación precaria, por no decir bochornosa, que vivimos (…)”, dice a EL TIEMPO la trabajadora autónoma Juliana Valdés.

Salvo los militantes comunistas en activo, la mayoría de los cubanos está más preocupada en resolver la subsistencia diaria que en “el congreso de la continuidad”, como lo denominó Díaz-Canel en Twitter.

Desde el exilio y la oposición interna se apuesta por un estallido social aprovechando las dificultades para adquirir alimentos y medicinas, pero fuentes consultadas por este diario consideran que “si bien han aumentado las quejas públicas de la población, pocos se arriesgan a ser detenidos”.

En los últimos meses, opositores agrupados en el movimiento San Isidro, llamado también 27 N, han protagonizado diversos incidentes recurriendo a las redes sociales para reclamar mayores libertades de agrupación y expresión. El oficialismo descalifica desde los medios públicos asegurando que pertenecen a una nueva camada de mercenarios a sueldo de EE. UU. para provocar descontento social.

Entre las tareas de este Congreso, además de lidiar con este nuevo activismo opositor en internet que ha logrado romper el monopolio informativo del Estado, es revisar el cumplimiento de los lineamientos aprobados en el congreso del 2016, que supuso la despedida oficial de Fidel Castro.

En los últimos días las reuniones de la dirigencia han sido maratonianas. Esta semana Díaz-Canel anunciaba, mostrando pragmatismo, la aprobación de 63 medidas, 30 de ellas inmediatas, para potenciar la producción de alimentos, como la reducción de las tarifas de electricidad a los campesinos y la autorización de la venta de carne de res, después de haber cumplido con las cuotas comprometidas con el Estado y mantener niveles estables de cabezas de ganado.


Había dudas de si esta cita sería virtual o presencial. Se aclaró el jueves cuando el diario Granma, órgano oficial del PCC, confirmaba la llegada de los primeros delegados de varias provincias hasta La Habana para participar en la reunión que se celebra a puerta cerrada. En total arribaron 300 delegados.

La tarea del nuevo PCC es ardua. Alzugaray sostiene que el reto es vencer el inmovilismo y que la dirigencia sepa “producir los cambios que han resultado difíciles de materializar, sin romper la imagen de continuidad, a pesar de lo cual hay que superar la vieja mentalidad”.

Tomado de El Tiempo