¿Incapacidad o improvisación?

Hace más de 14 meses empezó una pandemia que nos ha marcado la vida para siempre. A unos, por haber perdido a un familiar o amistad a causa de este letal virus y a otros porque aún tienen su contrato laboral suspendido, o ha sido despedido de su trabajo en el GOB o de la empresa privada, porque su patrono se declaró en quiebra o porque en el sector público, el partido de turno necesitaba su puesto. Producto de esto, han surgido casos donde a un excolaborador le han quedado debiendo su compensación que por “Ley” tienen derecho. En el caso triste de los exservidores públicos, ellos se van sin compensación y si el exfuncionario le deben sus “vacaciones”, debe rezarle a muchos santos o “ensillar un gallote” para que el paguen lo que le deben.

A pesar que en el país existen un defensor y una Procuraduría que regula el buen desempeño de las entidades estatales, no hay quién se pare firme y defienda a los excolaboradores del engranaje gubernamental para que puedan recibir lo que por “Ley” tienen derecho a recibir.

Desde el ángulo que se mire la carabela es ñata. A esto debemos sumarle, que el GOB ha puesto en marcha aquel viejo refrán de pueblo… “El papel aguanta todo lo que le escriban” … “Y si el hablar costara plata… nadie lo hiciera”. Decimos esto porque hace varios meses vienen anunciando la reactivación económica, pero son pocos los avances “visibles” en este sentido, sin embargo, lo que sí es visible, es el aumento del trabajo informal y que la “clase media profesional” está a unos pasos de ser un recuerdo de un pasado reciente.

Es común visitar una barriada pasada las 8:00 a.m., y ver en una casa los carros de la familia estacionados. Si no me creen, los invitos a dar una vuelta por algunas barriadas en el distrito de San Miguelito y se darán cuenta que hay un Panamá que está detenido, pero que quiere una oportunidad real y sin banderas políticas para seguir avanzando hacia un crecimiento que en un momento gozó el país.

Pero todo esto se puede cambiar con verdaderos estrategas en materia de economía, porque si seguimos caminando de la mano de improvisaciones y donde el funcionario responsable de hacer caminar el país, siga sin saber cuál es la diferencia entre una necesidad y una prioridad, entonces, será poco lo que podremos avanzar y lo que se multiplicará es la pobreza y esto provocará que muchas más personas abulten la lista de morosos con las entidades crediticias y en el lamentable caso, corren el riesgo de perder sus bienes que con mucho esfuerzo lograron conseguir.

A esto le debemos agregar el sacrificio que hicieron muchos panameños de a pie durante la cuarentena al quedarse en casa para no contagiarse o propagar el virus, con la promesa del GOB de que recibirían un bono o una bolsa de comida.  Tristemente, la realidad fue otra, y no por desconocimiento de las personas que serían beneficiadas, sino porque    solo veían las bolsas y bonos por TV, ya que a muchos no les llegó y a otros “amigos de la papa” como algunos HD, los usaron hasta para pagar su planilla de los peones en su finca.

Sin embargo, después del encierro, con virus o sin virus, muchos se han visto obligados a buscar honradamente el “afrecho” para llevar algo a sus hogares, porque no hay nada visible que indique que está activada la “reactivación económica”.   

Después de aquellos momentos duros de la pandemia y que hoy seguimos afrontando por el aumento de los casos de contagiados que se registran a diario, las autoridades que devengan un salario que es pagado por los contribuyentes, deben tener claro que la economía no se reactiva como se abriera un grifo, sino con acciones concretas y que beneficien a todos por igual.