La corrupción: un mal que destruye un país

Durante los últimos años de gestión gubernamental han sonado y repicado a nivel internacional los casos de supuestos actos de corrupción en Panamá, que van desde una bolsa de comida hasta la invasión a la privacidad.

En cualquier país serio del mundo, se hubieran realizado los ajustes legales para frenar estas malas prácticas que van en detrimento de la imagen de esta nación.

Esta ausencia de iniciativa para corregir el rumbo, ha permitido que Panamá sea tendencia en las listas grises. Todos los GOB, prometen que “concentrarán todos sus esfuerzos” para adecuarse a las exigencias de los organismos mundiales. Pero a simple viste, poco son los avances visibles.

Lo más triste es que muchas propuestas para llenar los vacíos legales que permitirían combatir la corrupción no pasan de la entrega en la Asamblea o son discutidos en una comisión o van a parar a una subcomisión donde quedan engavetados y llenos de telaraña.

A esto debemos añadir que en los puestos claves son designadas personas con limitada capacidad o de dudosa reputación… o que tienen amistades con un pasado turbio, servidores nombrados de a dedos, porque quienes tienen la responsabilidad de hacer el cambio, no tienen en su diccionario básico, la palabra “concurso”.  

Si no se hacen reales transformaciones, nos seguiremos preguntando: ¿Podremos algún día acabar con la pandemia de la corrupción?