Entre el deber y los ‘intereses’

¿Por qué se han multiplicado los medios digitales?… ¿Será por qué los tradicionales no están cumpliendo su misión?

Estas son algunas de las interrogantes que antes y en lo que va de la pandemia ha tomado fuerza.

Para algunas personas especialistas en el tema, quizás todo se ha motivado por los escándalos de supuesta corrupción en los gobiernos en el manejo de los dineros de los contribuyentes para cubrir las necesidades originadas por la pandemia.

Este virus ha puesto al descubierto el verdadero rostro de quienes manejan los recursos de la “cosa pública”, y de lo que son capaces algunas personas para sobrevivir, aunque sea a costa de otras personas.

Muchos han viajado a otros países para asegurar su existencia y la de los suyos y lo que menos les ha interesado es ocultarlo o mantener en reserva lo que han hecho. Es decir, que han demostrado la calidad de personas que son y de lo que son capaces de hacer. Pero lo que ellos desconocen, es que de la misma manera que llegamos a este mundo, algún día nos iremos de esa forma… es decir…. sin nada.

Hay una creciente inquietud por la falta de credibilidad, seriedad y confianza de quienes gobiernan. Esto no es solo aquí, si no en muchas latitudes.

La falta de visión para ejecutar estrategias equitativas en beneficios de todos y una empresa privada maltrecha por los efectos del Covid-19, hacen que muchos vean a los gobiernos como la única “fuente potable de ingresos”. Quizás esto sea o haya sido el detonante para que muchos medios alternativos se estén multiplicando para llenar esos espacios que antes eran ocupados por  los “tradicionales” que han puesto en la balanza su misión versus el interés económico.

Ante estos hechos, como seres humanos debemos afinar nuestros sentidos para diferenciar quién o quiénes dicen la verdad o quiénes no.

De nosotros va a depender diferenciar lo que es un “fake news” o una noticia real, para que podamos decir con propiedad cuál es la verdadera y cuál es la que tiene tinte de ficción y unas gotas de parcialidad bañada en manipulación.

Ante este panorama es importante recordar siempre que la prensa libre se debe a los gobernados, pero nunca a los gobernantes.