Crimen organizado y corrupción

Con la pandemia muchas cosas han cambiado. Hasta la delincuencia organizada ha tenido que reinventarse. Lo que antes era un secreto a voces, ahora es casi conocido por todos. Les hablamos del peligroso triángulo que han formado la delincuencia, corrupción y políticos. Este contubernio siempre ha sido una leyenda urbana y ahora ha tomado fuerza ante la poca efectividad e improvisación de los planes de prevención de seguridad de los últimos GOB, ¿De qué sirve que las autoridades destinen millones y millones de dólares para garantizar seguridad; que los estamentos tengan más comisionados que tropa para patrullar los barrios y que no puedan prever oportunamente cuál o cuáles serán los pasos de los antisociales?

Esta práctica descrita en las líneas anteriores, se repite en las administraciones gubernamentales, como si fuera algo que han heredado, pero no es así, porque es solo el reflejo de su incapacidad para gerenciar una nación que necesita de buenos hombres y mujeres que velen por sus intereses y sean guardianes de la tranquilidad. En campaña dicen tener todas las respuestas a los problemas de la sociedad panameña, pero cuando llegan a la silla, demuestran que si el hablar costara plata, nadie lo hiciera, en otras palabras folclóricas, hablan puro ‘pasto’ y solo los mueve el ‘juega vivo y la corrupción.

Sumado a esto provocan un desorden en las filas de los estamentos, ya que muchos de ellos que se han preparado a conciencia para servirles al país, caen en la frustración al ver que un oficial más joven que ellos en el rango, es ascendido antes de tiempo porque le cayó bien o le lamboneó al ‘presi’ de turno, es decir, que lo premian con un puesto de mando y jurisdicción que no se lo merece, pero se lo dan porque es parte del círculo ‘0’ o de adoradores del gobernante de turno. Esto causa que muchos de estos oficiales al ver como se ‘cocinan’ los ascensos, comiencen a coger en ‘silencio’ su esquina política para ver si en la siguiente administración gubernamental quedan de ministro o de director de un estamento como ya ha ocurrido. Hacen esto, a pesar que la Constitución y la Ley que rige los estamentos, les prohíbe agitarse políticamente. Mientras esta sea la mentalidad que impere, la delincuencia seguirá ganando terreno y sumando a sus filas a políticos, juristas, miembros de estamentos, funcionarios judiciales o a personas ligadas al poder del país.

Lo mismo repica en los organismos encargados de perseguir los delitos y en aquel que debe encargarse de aplicar las leyes para condenar a los que la infrinja. En estas entidades todos los funcionarios son electos de a dedo y no por concurso como corresponde.

Mientras esto siga caminando de esta manera, la delincuencia organizada y la corrupción, seguirán expandiéndose como una pandemia y el bolsillo de los contribuyentes seguirá sufriendo los malos manejos y los ‘conflictos de intereses’… Por lo que es necesario que las cosas se corrijan, para que los tiroteos en lugares concurridos sean cosas de un mal pasado y todos podamos disfrutar de un ambiente de paz y tranquilidad.