“Los Zetas” y su modelo de crimen organizado amenazan a México

Un sábado a mediodía, a eso de las 12:30 p.m. hora local, una caravana de tres vehículos repletos de hombres y al menos una mujer, todos bien armados, comenzó una violenta arremetida por todo Reynosa, ciudad mexicana de unas 700.000 personas que limita con McAllen, Texas, y es utilizada como un importante centro por parte de numerosos grupos criminales.

Según la detallada narración del medio de comunicación local Elefante Blanco, la caravana partió de la zona oriental de la ciudad, se detuvo para robar un automóvil, y luego continuó hacia un barrio cerca del centro de la ciudad, donde comenzó la masacre.

Primero acribillaron a siete hombres dentro de una casa. Luego se trasladaron a otro barrio, donde mataron a bala a otros dos hombres. A poca distancia, dispararon contra otros dos hombres y los asesinaron. Segundos después, abalearon a dos mujeres y un hombre de la misma familia y robaron el vehículo que conducían.

Una hora y 15 minutos después de comenzada la embestida, las autoridades locales finalmente se enfrentaron al menos a parte de la caravana cerca del Puente Internacional Pharr-Reynosa, que conecta la ciudad con Estados Unidos. Se enfrentaron a disparos. Uno de los atacantes fue asesinado y otro capturado. Dentro de uno de los carros, las autoridades encontraron a dos mujeres atadas y amordazadas.

Otros presuntos asaltantes huyeron. Las autoridades volvieron a enfrentarlos a bala unas seis horas después; cuatro de los presuntos atacantes, uno de los cuales era mujer, fueron asesinados.

Sin embargo, las otras víctimas eran civiles, como reporta Elefante Blanco, con base en entrevistas y publicaciones en redes sociales hechas por vecinos, políticos y colegas de los muertos. Entre las víctimas se encontraba un estudiante de enfermería, un obrero de una maquila de la ciudad, el dueño de una tienda y uno de los clientes que se encontraba en la tienda.

En efecto, la arremetida parecía orientada a causar el mayor número de víctimas civiles posibles. En total, al menos 14 de los muertos no tenían vínculos criminales, y más tarde el gobernador del estado se lamentó por la masacre de “civiles”. Poco después, las autoridades hicieron alarde del arresto de más de una docena de sospechosos, incluido el presunto jefe del Cartel del Golfo en la ciudad de Río Brazo, conocido como “La Vaca”, a quien las autoridades habían estado persiguiendo durante más de dos años.

Las oportunas capturas por parte de un atribulado grupo de operaciones especiales fueron extrañas, especialmente porque los familiares de dos de los capturados dijeron que sus seres queridos habían sido secuestrados en abril. Y las explicaciones de la masacre fueron aún menos satisfactorias. ¿Se trató de una pelea entre facciones de los remanentes del Cartel del Golfo? ¿O quizá fue un intento de una facción de remanentes de Los Zetas de desplazar a sus rivales? En cualquier caso, con su accionar el grupo armado había enviado un mensaje: nadie está a salvo.

‘Para que aprendan a respetar’

En 2006, cuando Los Zetas no eran más que unos aficionados en la constelación de organizaciones criminales, capturaron a un par de policías en Acapulco, los decapitaron y dejaron un mensaje que decía: “Para que aprendan a respetar”.

Más tarde, la frase “Para que aprendan a respetar” apareció en banderines que circulaban en Internet. Era imposible saber si Los Zetas habían difundido la expresión o los banderines de Internet, pero el hecho es que tuvo resonancia, y por una buena razón.

El modelo de Los Zetas se centraba en el miedo. Conformados por varios desertores de las Fuerzas Especiales Mexicanas a fines de la década de los noventa, Los Zetas operaron inicialmente como el brazo ejecutor del líder del Cartel del Golfo, Osiel Cárdenas. Este cartel se originó en la franja de tierra que se extiende entre Reynosa y Matamoros, un corredor clave para el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de personas, la trata de personas, el secuestro y la extorsión.

Cárdenas era de Matamoros, pero no se sentía satisfecho solo con ese territorio, por lo que, a mediados de la década de 2000, después de haber utilizado a Los Zetas para apoderarse de importantes zonas de la frontera noreste con Estados Unidos, los mandó a lugares como el estado de Guerrero, al sur, donde se encuentra Acapulco —y donde sus rivales habían operado durante mucho tiempo—, y a Michoacán, eterno epicentro de la producción y el tráfico de drogas. Finalmente, los líderes de Los Zetas se hicieron a un lugar, traficando drogas con los altos mandos del Cartel del Golfo.

Poco después, Los Zetas comenzaron a conformar otras organizaciones y a hacerse a un nombre propio, no solo con horrendas decapitaciones de policías y siniestros mensajes, sino además con una nueva forma de operar. Su modelo se basaba en el control del espacio físico, para lo cual eran bastante aptos. Utilizando tecnología sofisticada, tácticas militares y violencia extrema, el grupo ejerció su voluntad sobre amplias franjas de territorio, donde les cobraban rentas a todas las empresas legales e ilegales que operaban en esas áreas.

No necesariamente dirigían los negocios, sino que le cobraban impuestos a todo, desde el licor de contrabando hasta la prostitución, pasando por el microtráfico, el robo y las ventas al por menor. También secuestraban migrantes y extorsionaban a empresas locales. Había una marcada diferencia entre ellos y los carteles tradicionales. Primero obtenían la victoria sobre el territorio, para luego usurpar todos los negocios del lugar. La máxima del hampa de que es mejor “no calentar la plaza” para mantener alejadas a las autoridades no aplicaba en este caso. No hubo negociaciones, ni alianzas, ni piedad para los desobedientes. Se regían por otra máxima: Para que aprendan a respetar.

Mientras que los principales cabecillas de Los Zetas comenzaron a participar en algunas de las actividades de narcotráfico internacional del Cartel del Golfo, los rangos más bajos ganaban dinero con las extorsiones y las actividades criminales depredadoras. Dicho modelo fue útil para el Cartel del Golfo, dado que facilitó la financiación de su miniejército y su expansión a lugares como Guerrero y Michoacán.

Y su modelo funcionó. Según un estudio de Harvard, entre 1998 y 2010, Los Zetas se expandieron a 33 nuevos municipios cada año, la mayor cantidad que cualquier otro grupo criminal; el Cartel del Golfo era entonces el segundo en ese sentido, pues se expandió a poco menos de 20 municipios cada año. Pero, como más tarde descubrirían los líderes del Cartel del Golfo y de otros grupos, esta expansión tenía un alto precio.

Cuando las autoridades mexicanas capturaron a Cárdenas en 2003, Los Zetas comenzaron un proceso de separación del Cartel del Golfo. Dicha decisión surgió no solo de su variada cartera delictiva, facilitada por su nuevo modelo criminal, sino además de su ambición, y, como informó el Dallas Morning News, de la sensación de que estaban siendo traicionados; específicamente, creían que Cárdenas estaba utilizando las pruebas estatales en su contra. Después de que fue extraditado a Estados Unidos en 2007, se declaró culpable en 2009 y fue sentenciado a 25 años de prisión.

Entonces se desató la guerra. Los combates fueron particularmente intensos a lo largo del corredor noreste, donde ambos grupos habían operado durante muchos años. Pocos se enteraron, pero aquello fue el comienzo de un proceso que eventualmente conduciría a la caótica masacre de junio de 2021 en Reynosa, y a muchas otras matanzas similares en todo México durante la última década.

El mensaje es lo que importa

A medida que se agudizaban las divisiones entre Los Zetas y el Cartel del Golfo, surgieron otras organizaciones criminales similares. La más destacada fue la Familia Michoacana. Aunque tomó el nombre de su estado natal, Michoacán, el grupo siguió en parte el modelo de Los Zetas: el narcotráfico internacional en primer lugar, el control territorial, el cobro de rentas, la extorsión y, en última instancia, el secuestro. Se diferenciaba de ellos en la forma en que buscaba conexiones políticas locales de forma más regular.

Y como ocurrió con Los Zetas, la estrategia de la Familia Michoacana funcionó durante cierto tiempo. El grupo se expandió, pero al poco tiempo comenzó a agrietarse. Actualmente forma parte de un conjunto de grupos que operan en Michoacán, Jalisco y el estado de México. 

El mismo proceso se dio en otras áreas. En Tijuana, los remanentes de las diversas facciones del Cartel de Tijuana se enfrentaban por los mercados locales e internacionales. En Juárez, numerosos grupos comenzaron a luchar por los mercados criminales locales, al mismo tiempo que los carteles de Juárez y Sinaloa buscaban el control del importante corredor de tráfico internacional. En Acapulco, varias disidencias de la Organización Beltrán Leyva buscaban tener el control del mercado local de drogas principalmente, pero también de una parte del mercado internacional.

Pero ninguna de estas complejas guerras fue tan brutal como la del corredor noreste. No se sabe exactamente por qué, pero es claro que en ello influyó el hecho de que Los Zetas y el Cartel del Golfo hubieran nacido en aquella área y se conocieran íntimamente. En 2012, Los Zetas se fragmentaron, pues no lograron controlar a los integrantes que habían entrado en los mercados criminales locales. Actualmente hay al menos cuatro facciones diferentes, según el último recuento de InSight Crime. El Cartel del Golfo sufrió sus propios cismas, dividiéndose en al menos tres facciones.

En muchos sentidos, esto era inevitable. Los Zetas demostraron que mediante terribles mensajes y tácticas brutales se podía controlar el territorio, y de esa manera obtener numerosas rentas criminales locales, incluso mientras competían por la acción en el mercado internacional. La mayoría de estas facciones ahora hacen lo mismo, centrándose en los mercados criminales locales, donde es mucho más fácil ingresar que en los mercados internacionales, y luego buscan un sitio entre los jugadores internacionales. Y en este proceso, ellas también sufren sus propios cismas.

Con el tiempo, estas subdivisiones se han vuelto aún más primitivas de lo que en algún momento fueron Los Zetas, lo que nos lleva de nuevo a la masacre de junio en Reynosa. A principios de agosto, la Fiscalía General de la República capturó a otros cinco sospechosos que fueron vinculados con el caso. Las autoridades también señalaron como culpables a dos disidencias del Cartel del Golfo: los Ciclones y los Escorpiones, que quizá se han unido para luchar contra los Metros, otra disidencia del mismo cartel.

Aun así, no había muchas razones para agredir civiles en este caso, aparte de enviar un mensaje. Así, los mercados criminales parecen casi una añadidura.

El mensaje es lo que importa: Para que aprendan a respetar.

Tomado de Antilavado de dinero / InSightCrime