Narcotráfico ¿detrás del extraordinario aumento de las remesas?

Una parte importante de las remesas que llegan desde Estados Unidos a México podrían ser propiedad del crimen organizado.

Los datos del Observatorio de Migración Internacional, muestran que el número de migrantes mexicanos de 16 años o más con un trabajo en los Estados Unidos, pasó de 7.58 millones en 2015 a 7.02 millones en 2020. Es decir, una caída del 7.4% en cinco años.

Durante ese mismo periodo, el valor de las remesas que se reciben en México desde los Estados Unidos pasó de 24,784.77 millones de dólares (MD) a 40,601.26 MD con datos del Banco de México (Banxico), un incremento del 63.81%. Es decir, parecería que menos mexicanos están enviando más recursos a sus familias al sur de la frontera.

Sin embargo, es improbable considerando las condiciones económicas de esta población, especialmente en el último año. Según el Anuario de migración y remesas México 2021, realizado en conjunto por el Gobierno de México y BBVA, la tasa de desempleo en hombres migrantes mexicanos en Estados Unidos pasó de 5.2% en diciembre del 2019 a 20.7% en abril del 2020. Para enero pasado, aún seguía en 9.7%.

Pero incluso en estas condiciones, las cifras del Banco de México (Banxico) muestran que los migrantes mexicanos se las arreglaron para enviar 23,618 MD en remesas entre enero y junio de 2021, 35.34% más con respecto a ese mismo periodo del 2019. También se notaron aumentos de más del 10% en el monto de cada transacción y en el volumen total de las mismas.

Pero hay un dato muy revelador: El súbito aumento en el número de transacciones por remesas que se dio en tan solo unos meses. Durante todo 2019, el número de operaciones mensuales se mantuvo entre 8.9 y 9.9 millones. Las únicas excepciones fueron enero y febrero (cuando se contabilizaron 7.9 millones de transacciones) y mayo, cuando superaron los 10.3 millones.

Sin embargo, a lo largo de 2020, el número de transacciones brincó a 10.7 millones marzo y se mantuvo por encima de las 10 millones de operaciones mensuales en otros siete meses del año. En 2021 el salto ha sido muy notorio. En marzo se rompió un récord con 11.2 millones de transacciones mensuales, y en mayo alcanzó 12.3 millones de operaciones.

En entrevista, Juan José Li, economista senior de BBVA México y experto en el análisis de las remesas, afirma que este fenómeno podría explicarse porque “a finales de 2020 y principios de 2021 se presentó una relativa ‘escasez’ de mano de obra en Estados Unidos lo que hizo que las autoridades y los empleadores relajaran las medidas contra los migrantes”. También sugiere que la falta súbita de personal sería responsable de que los migrantes mexicanos que conservaron su empleo percibieran mejores salarios.

Sin embargo, otros especialistas ven incompleta esa hipótesis. Óscar Vera, doctor en Economía con especialidad en Finanzas Públicas de la Universidad de York, ha señalado que esta explicación y otras similares (como los estímulos de la Casa Blanca a las familias en medio de la pandemia) son insuficientes para explicar un salto tan dramático en el valor y volumen de las remesas que llegan desde Estados Unidos hasta México.

Para Vera, “una parte importante de dicho incremento de operaciones se puede deber al envío de dinero ilegal en forma fraccionada con el fin de evitar su detección”. Entre sus razones, expone que hay diferencias importantes entre las cifras que reporta Banxico de ingresos de dólares a México y lo que las mismas familias mexicanas dicen que reciben de sus familiares en el extranjero.

Diversos especialistas han advertido sobre las fuertes discrepancias entre lo que reporta Banxico y las cifras que presenta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre los ingresos de los hogares derivado de transferencias desde el exterior, principalmente remesas.

Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores en el sexenio de Vicente Fox, lo advirtió en un artículo reciente y apunta que según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) que elabora Inegi, las Transferencias de otros países recibida por los hogares cayeron 1.4% en 2020.

El propio Castañeda señala que se ha calculado (tomando en cuenta las estimaciones de Inegi en la ENIGH) que las familias del país solo están recibiendo 3,000 MD en remesas. Es decir, como el mismo Castañeda expone, “menos del 10 % de las ‘remesas’ contabilizadas por Banxico llegaron a los hogares mexicanos”.

Castañeda identifica un posible flujo de dinero ilícito como el responsable de esta discrepancia entre las cifras de Banxico y las de Inegi. “Hay varias explicaciones plausibles (subreportaje, por ejemplo), pero lo que muchos especialistas sospechan es que las remesas que tanto cacarea López Obrador pueden incluir grandes cantidades de recursos del narco”, escribe el ex canciller.

Otras cifras apuntalan esta explicación. Entre 2015 y 2020 se incrementó notablemente el flujo financiero de las operaciones ilícitas con narcóticos en Estados Unidos. El Departamento del Tesoro norteamericano anotó, a mediados de la década pasada, que la venta de drogas generaba alrededor de 64,000 MD en ingresos a los cárteles, en su mayoría mexicanos.

Para 2020, según Global Financial Integrity (GFI), las operaciones del narcotráfico solo entre Estados Unidos, México y Colombia había crecido hasta un rango de 80,000 a 90,000 MD anuales. Considerando una media de 85,000 MD, representaría un crecimiento del 32.81% en los cinco años transcurridos desde 2015.

Estos cuatro factores apuntan en la misma dirección de una influencia clave de operaciones del narcotráfico en las sorprendentes estadísticas de remesas: El aumento sustancial de las transferencias en los últimos años, especialmente en 2020 y 2021 en medio de una grave crisis económica y sanitaria; el estancamiento (e, incluso, disminución) en el número de migrantes nacidos en México que trabajan en EU y apoyan financieramente a sus familias en el país; la enorme discrepancia en las cifras de remesas entre Banxico e Inegi, que no se explica a cabalidad por el subreportaje; y la explosión reciente en el volumen de recursos operados por el narcotráfico entre México y EU.

Alejandro Hope, experto en seguridad, a pregunta expresa dijo que “hay un componente de lo que se registra como remesas que muy probablemente está vinculado a otras actividades, algunas de ellas ilícitas”, sugiriendo el narcotráfico.

Remesas hacia estados con fuerte presencia del narco

Las cifras de Banxico dejan ver que desde 2015 las entidades que consistentemente más dinero han recibido desde EU por concepto de remesas son Guanajuato, Michoacán, Jalisco y Estado de México (EdoMex).

De acuerdo con el economista senior de BBVA México esas entidades también son las que expulsan la mayor cantidad de migrantes mexicanos al extranjero. Además, en casos como “Jalisco, Michoacán y Guanajuato hay una tradición migratoria de muchos años”, que junto con “el nivel de calificación y escolaridad, el tipo de trabajo, la ubicación geográfica de la comunidad de origen y el vínculo que se tiene con redes de amigos y familiares”, incrementa el valor de remesas, dice Li.

Sin embargo, coincidentemente, también Guanajuato, Michoacán, Jalisco y el Estado de México tienen una larga historia de actividad ilegal ligada al lavado de dinero por grupos de narcotraficantes.

Según la Evaluación Nacional de Riesgos (ENR) 2020 de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), se han detectado operaciones regulares de lavado de dinero de al menos dos cárteles del narcotráfico en Guanajuato; en Michoacán, cuatro cárteles lavan sus ingresos ilícitos; en Jalisco se contabiliza la presencia de cinco operaciones distintas de lavado de dinero; y en el Estado de México hay ocho cárteles en operación.

En cada una de estas entidades se han identificado operaciones de lavado de dinero pertenecientes al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado el más peligroso y poderoso en el territorio nacional.

Pero determinar exactamente qué porcentaje de las operaciones de remesas están ligadas a las actividades del narcotráfico es complejo. De acuerdo con Alejandro Hope, para eso tendría que hacerse una “estimación de dos pasos. Uno, estimar cuántas son las remesas legítimas […]. Luego, del diferencial entre el total y las remesas legítimas, hay que calcular cuánto es narcotráfico. Y esa es una estimación muy difícil, muy complicada […]. La complicación es que el dinero del narco no solo puede estar en remesas”, dice el experto.

Sin embargo, recientemente se han dado a conocer investigaciones periodísticas y judiciales que muestran que las remesas entre Estados Unidos y México son un importante vehículo para lavar los ingresos producto del narcotráfico.

Narcotráfico y remesas: Casos concretos

A inicios de 2012, un narcotraficante de nombre Deepinder “Pindi” Singh armó una operación de “hawalas” para transferir sus ingresos ilícitos de Canadá a Estados Unidos y luego a México. Las hawalas, según documentos de las cortes de Estados Unidos, son “un sistema para transferir fondos de un punto a otro” sin el “movimiento físico del dinero”.

Básicamente, un operador en el país de origen recibe el dinero y se comunica con un operador, empleado de la misma hawala, en el país de destino. Éste último entrega los recursos al destinatario, menos una comisión. Estas transacciones son discretas, requieren un nivel mínimo de papeleo, no están sujetas a regulaciones de gobierno y tienden a ser utilizadas por comunidades sin estructuras financieras formales para enviar dinero a sus familiares en otras partes del mundo.

Singh trabajaba con una extensa red de operadores de hawalas, todos ellos enterados de las actividades delictivas del narcotraficante, para transferir fondos canadienses a sus proveedores: cárteles de droga mexicanos.

En los documentos de la corte, se describe cómo uno solo de los “empleados” de esta operación (el acusado del proceso) apoyó en la realización de entre 10 y 15 transferencias de dinero, con valores de entre 100,000 y 800,000 dólares cada una. En los documentos de la corte no se especifica cuánto tiempo estuvo establecida esa operación, o si fue desmantelada por completo. Sin embargo, sí hace énfasis en que habría estado activa “un periodo considerable de tiempo”.

Un caso similar de la explotación de remesas para el envío de recursos del narcotráfico es el de la familia de José Luis Rosales-Ocampo.  De acuerdo con el Internal Revenue Service (IRS), Rosales Ocampo tenía tres tiendas de comercialización de teléfonos celulares en Ohio. Sin embargo, la principal fuente de ingresos de estos negocios era el envío de remesas.

Una investigación de la Administración de Control de Drogas, que se extendió de 2012 y hasta 2019, concluyó que los establecimientos de Rosales-Ocampo servían como fachadas para el envío de dinero del narcotráfico hacia México, en transacciones disfrazadas de remesas. Para evitar la sospecha de las autoridades, el dueño y sus colaboradores (la mayoría familiares) falsificaban los nombres, direcciones y números de teléfono de sus supuestos clientes.

Se calcula que cada año, Rosales-Ocampo y compañía podrían haber realizado miles de transacciones a pedido de los cárteles del narcotráfico. No parece que hayan estado al servicio de una organización criminal específica, sino que estaban en contacto con múltiples células delictivas. Apenas en abril de 2020 se emitió la última de ocho sentencias ligadas directamente a este caso de envío de remesas con dinero del narcotráfico.

Más allá de pequeñas compañías

Un especialista en lavado de dinero, ex empleado de compañías de transferencias de dinero y del gobierno mexicano, confirmó en entrevista que estas empresas pequeñas son de especial preocupación para las autoridades financieras del país.

La fuente -que pidió mantener el anonimato- explicó que, en compañías más pequeñas dedicadas al envío de dinero desde Estados Unidos hacia México, “sí tenemos un dato muy grande en el tema de lavado de dinero. Aunque las transferencias digitales son en teoría más seguras, empezamos a meter también todo el tema de activos virtuales, de clientes donde todo el contacto es en línea y no sabemos a ciencia cierta si existen o no”.

En casos como el de Singh y Rosales-Ocampo los pequeños negocios que operan las remesas son parte de la estructura del crimen organizado. Es decir, forman parte de la operación de los cárteles y participan consciente y activamente en el envío de dinero ilícito desde México hacia los Estados Unidos. 

Sin embargo, también puede darse casos de empresas de envío de remesas que llevan a cabo operaciones lícitas y que pueden ser usadas por los cárteles de la droga. Y es que, en estos casos, apunta la fuente anónima, no siempre “tienen la tecnología o los procesos adecuados y es muy fácil [para los cárteles y grupos delictivos] triangular recursos ilícitos desde Estados Unidos”.

Este tipo de omisiones, tanto de los mismos negocios como de los reguladores, históricamente tampoco han estado limitadas a los pequeños negocios de remesas. Un reportaje del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) señalaba en 2020 el rol que agentes como Western Union y MoneyGram juegan en operaciones delictivas a escala global.

Las compañías han estado frecuentemente envueltas en escándalos no solo de lavado de dinero para el narcotráfico a través de remesas, sino también por facilitar sobornos, transacciones por actos delictivos (como secuestro o tráfico de blancas), entre otras.

Las empresas han sido obligadas a instaurar controles más estrictos para detener este tipo de incidentes, pero la investigación del ICIJ sugiere que los resultados son limitados. Estos resultados los admiten incluso especialistas y excolaboradores en agencias de gobierno.

Un problema reconocido

Si bien la versión oficial de las autoridades en muchos casos es que la incidencia de lavado de dinero a través de remesas ha bajado con el paso del tiempo y con la implementación de nuevos controles en el sistema financiero, autoridades de Estados Unidos y México aún usan un lenguaje preocupante cuando hablan del tema en documentos de evaluación de riesgos.

La versión pública del ENR 2020 de la UIF asume un Enfoque Basado en Riesgo (EBR), donde califica situaciones, agentes y otros parámetros según el peligro que representen en materia de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo. En este contexto, identifica cuatro grandes calificadores para la gravedad, probabilidad y/o impacto de los riesgos: Alto, Medio, Medio-bajo y Bajo.

En este contexto, la UIF considera las operaciones en dólares de Estados Unidos y en otras divisas, donde se incluye a las remesas, como una vulnerabilidad estructural con una probabilidad media. Es decir, aunque no es un peligro constante, sí tiene una cierta incidencia recurrente.

En lo que se refiere a sus consecuencias en las dimensiones financiera y económica, considera que se trata de una vulnerabilidad estructural con un impacto medio. Es decir, que sus consecuencias en el ecosistema mexicano sí tienen un efecto palpable.

También el Departamento de Estado de los Estados Unidos apuntaba en marzo pasado, en su reporte de riesgos de lavado de dinero a escala global, que “las autoridades mexicanas han tenido cierto éxito” investigando y bloqueando potenciales transferencias ilícitas.

Al mismo tiempo, las ha criticado por su “limitado progreso en perseguir el lavado de dinero y otros crímenes financieros”. El paso de remesas a través de “casas de cambio no reguladas” es identificado como un punto de riesgo para el movimiento de recursos de los cárteles de la droga.

Estas fallas se perciben en documentos oficiales y críticas de agentes privados o exfuncionarios con experiencia en el sector. Por ejemplo, según cifras de la misma Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), entre el segundo trimestre del 2020 y el primero del 2021, de los 43 “transmisores de dinero” registrados, 25 no cumplieron con algún control de prevención de lavado de dinero en el envío de remesas o son muy pequeños para aplicar a la regulación actual.

Según un reporte de la firma de consultoría RedFlag PLD en marzo pasado, la CNBV también está consciente que los procesos de auditoría a los procesos de prevención de lavado de dinero en centros cambiarios están llenos de irregularidades en múltiples casos.

El informe apunta que “es muy probable que el centro cambiario se encuentre más expuesto a que, a través de las operaciones que realiza se puedan mezclar recursos de procedencia ilícita, por consiguiente, la CNBV lo clasificaría en un alto riesgo”. Sin embargo, los auditores no reportan este tipo de fallas. Agrega que “se tiene la sospecha que ciertos auditores realizan omisiones francas sobre la forma de abordar los lineamientos establecidos para una auditoria en materia de prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, es decir, colaboran a que el centro cambiario aparente un cumplimiento normativo eficiente, aunque no lo sea”.

En el mismo reporte de RedFlag PLD se hace mención que en algunos casos se ha detectado que un solo auditor lleva la gestión de hasta 150 centros cambiarios, entregando reportes prácticamente idénticos para cada uno. Los lugares con más incidentes de este tipo, Jalisco, Tamaulipas, Veracruz y Tijuana, también son reconocidas por la presencia de grupos delictivos y de narcóticos.

Y no son fallas que únicamente apliquen a las autoridades de México. En una investigación de Vice, el exfiscal  general de Arizona Terry Goddard calificó a los grupos delictivos como flexibles y hábiles para adaptarse a las regulaciones presuntamente diseñadas para limitar el lavado de dinero a través de remesas y otros instrumentos similares.

No solo eso, sino que Goddard apunta que las autoridades federales estadounidenses no tenían la intención de involucrarse. “Simplemente no tenía el nivel de importancia que querían”, dijo en su momento, afirmando que esa baja prioridad está detrás de tantas fallas en el sistema.

Por su lado, Alejandro Hope reafirma que la vigilancia de lavado de dinero es un tema muy complejo en el contexto de las remesas. El experto explica que “son miles y miles y miles de transacciones. Es muy difícil identificar cuáles son [ilícitas]. Y sí, se podrían meter más restricciones, pero meterle restricciones es poner un costo adicional a familias que dependen de esos ingresos. Ahí hay un costo-beneficio”.

El especialista en lavado de dinero, que pidió no ser identificado, asegura que aún hay camino por recorrer en materia de prevención de lavado de dinero. Por parte de la autoridad, apunta “aún hay muchas medidas que implementar. El sistema financiero de México sí es muy robusto, pero para compañías pequeñas apenas se está desarrollando un tema asociado a actividades vulnerables. Muchas de estas empresas ni siquiera saben cómo implementar un sistema de prevención de lavado de dinero o en cómo les podría afectar”.

¿Nuevas rendijas?

El lavado de dinero busca constantemente sofisticados mecanismos para operar o rendijas que le permitan hacerlo sin ser detectado. Alejandro Hope señala que hay muchas otras formas de lavado de dinero para actividades ilícitas, incluyendo al narcotráfico, que no necesitan la estructura de remesas. Están opciones como “simplemente envías el efectivo en un camión o en un coche. Otro tramo es el trade-based money laundering, con el que se depositaban los fondos en México para comprar bienes en China y revenderlos en Colombia”.

En el afán de reducir los costos de envío de los miles de millones en remesas desde Estados Unidos a México, el presidente López Obrador ha insistido en el potencial del Banco del Bienestar como un instrumento para el envío de remesas sin que los migrantes en Estados Unidos se deban someter a las comisiones que deben pagar en otras instituciones financieras. Sin embargo algunos analistas se preguntan si el banco del gobierno está preparado para enfrentar los desafíos de seguridad que implican las transferencias de dinero.

En diciembre del año pasado, se aprobó en el Senado de la República una propuesta de reforma a la Ley de Banxico. La iniciativa pretendía forzar al banco central a adquirir los excedentes de dólares en efectivo que tienen los bancos del país para integrarlos a las reservas internacionales.

La idea detrás de la propuesta federal era facilitar a los bancos comerciales deshacerse de dólares excedentes, que en teoría llevaría a una reducción de costos y que a su vez se podría traducir en tasas de cambio más favorables para los migrantes y sus familias en el envío de remesas (suponiendo, claro, que las instituciones no eligieran expandir sus márgenes de ganancia).

Esta propuesta fue duramente criticada por expertos financieros de México y Estados Unidos, e incluso por voces internas en el banco central. Esto, porque el mecanismo quitaría importancia al sistema de corresponsalías que está vigente y fuerza a todos los jugadores del sistema financiero a fortalecer sus instrumentos de prevención de lavado de dinero para seguir operando, trasladando todo el riesgo al banco central mexicano.

Incluso se llegó a comparar al nuevo Banxico que hubiera surgido de esta reforma con una gran máquina de lavado de dinero habilitada por el gobierno. Alejandro Hope no está seguro si estas decisiones son reflejo de una falta de seriedad en la actual administración hacia el peligro de que las remesas estén siendo utilizadas por los cárteles de droga para el lavado de dinero.

Cree, dice Hope, “que sí lo toman en consideración, pero no sé en qué posición esté dentro de sus objetivos de lavado de dinero. Y no sé si debería estar mucho más alto de donde está. Comparado con las otras formas de lavado de dinero que hay, no sé cuánta atención hay que prestarle a ésta en particular”.

El hecho es que el monto de las remesas que se reciben en México desde EU no ha parado de crecer y podría alcanzar los 50 mil millones de dólares en este año, como lo pronosticó el economista en jefe de BBVA México, el doble de lo registrado en 2015 y 10 mil millones de dólares más que el año pasado. Y las explicaciones públicas, no son suficientes.

Tomado de https://www.arenapublica.com/