El insólito diálogo entre el doble femicida que se cree gato y la jueza que lo echó de la sala

“Miau, miau, miau”. El maullido duró cuatro minutos, casi el mismo tiempo que permaneció en la sala de debate antes de ser expulsado el acusado de doble femicidio, quien dice haber dejado su condición de hombre para vivir como un gato.

El Israelí Gilad Gil Pereg (40) es juzgado por un jurado popular, integrado por 12 ciudadanos del Gran Mendoza, que deberán decidir si es culpable o inocente del crimen de su madre y su tía. Ambas mujeres habían viajado desde el exterior a visitarlo. Fueron asesinadas y sus cuerpos enterrados en el fondo de la casa del acusado, frente al cementerio de Guaymallén.

En la primera jornada del juicio se oyeron los alegatos de la fiscalía, la querella y la defensa. Y la jueza María Laura Guajardo tuvo que hacer salir de la sala a Gil Pereg porque no paraba de maullar.

«¿Cuál es su nombre?» «¿Es este su número de DNI?» A cada pregunta de la jueza, el israelí respondió con un maullido.

«Antes del ingreso del jurado, yo le advertí que si usted quería permanecer en la sala debía hacerlo en silencio, con respeto y con decoro», advirtió la jueza Gallardo mientras Gil Pereg maullaba.

«Señor Gil Pereg, basta. Por favor, trasládenlo», dispuso la magistrada, cansada de la falta de respuesta del acusado. 

Gil Pereg está imputado por homicidio agravado por el vínculo en relación a la muerte de su madre, Phyria Saroussy; quien murió estrangulada con una cuerda; y por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. en relación a su tía, Lily Pereg, que recibió tres disparos.

El israelí, que era prestamista, quiso hacer pasar la desaparición de sus familiares como un caso de inseguridad y mintió durante toda la investigación inicial.

Las muestras de ADN halladas en su remera y en una bolsa de cemento en el patio de casa fueron la punta del ovillo para encontrar los cuerpos, el 26 de enero de 2019.

Los testigos complicaron la estrategia de la defensa

Sin embargo, la estrategia de su defensa es tratar de demostrar que el hombre padece una enfermedad mental y que es inimputable.

El fiscal Fernando Guzzo pidió al jurado popular que “no se dejen engatusar”. Y recordó que antes de ser detenido, la conducta de Gil Pereg era la “normal” de un homicida: hizo la denuncia del arma que luego utilizaría para matar a su tía; hizo la denuncia de desaparición de sus parientas, dio notas periodísticas, y transfirió unas armas a sus abogados, entre otras cosas.

Por la tarde, pasaron seis testigos. Todos aseguraron que antes de los crímenes, el acusado actuaba de forma coherente, era colaborativo y en ningún momento se hacía pasar por un gato.

Entre los testimonios del primer día del juicio, declaró el policía que tomó la denuncia de desaparición de la madre y la tía del acusado. Contó el testigo que Gil Pereg se mostraba “muy preocupado y colaborativo por encontrar a su tía y a su mamá”.

También declaró el dueño del departamento que habían alquilado las mujeres asesinadas durante su estadía en Mendoza. Recordó que habló con el israelí durante 5 minutos porque decía que no las encontraba y que iba a ir a realizar una denuncia de paradero.

Otro policía declaró que durante los allanamientos hallaron tres armas de fuego, dinero en efectivo, prendas y bolsas de cemento con posibles manchas hemáticas.

Era un lugar que se notaba no limpiaba desde hacía meses. Había gran cantidad de animales y malas condiciones de higiene en general”, precisó.

Declaró, por último, un ayudante fiscal que participó de las primeras investigaciones en enero de 2019. Contó que la habitación de Gil Pereg era oscura, desordenada y de forma triangular. Tenía una mesada en la que se mezclaban alimentos para mascotas, computadoras y víveres personales. Y recordó que en el patio había animales muertos.

En la audiencia del miércoles, a partir de las 8.30, comenzarán las declaraciones testimoniales ofrecidas por la querellante Claudia Vélez, quien representa a los otros hijos de Phirya Saroussy, hermanos del acusado, quienes residen en Israel.

En tanto, la familia de la tía Lili Pereg vive en Australia. Allí la mujer trabajaba daba clases de microbiología, era una reconocida catedrática de la Universidad de New England.

Tomado de El Clarín