La tiranía de Ortega recurre al destierro para silenciar a los artistas que denuncian la represión

La persecución implacable y despiadada del dictador sandinista Daniel Ortega no cesa. Sus acciones no parecen tener límites: una de las últimas fue desterrar a dos artistas nicaragüenses, una copia fiel del destierro que sufrió el obispo Pablo Antonio Vega durante la primera dictadura sandinista (1979-1990).  

Cuando se cree que Ortega llegó al límite del horror y la barbarie con encarcelamientos, torturas y crímenes, aplica “estrategias” que ya parecían olvidadas. El destierro de los productores musicales Salvador Espinoza y su esposa Xochilt Tapia recuerda los abusos sufridos por monseñor Vega.

Espinoza y Tapia son familiares -hijo y nuera- del subdirector del Teatro Nacional Rubén Darío, Salvador Espinoza, un estrecho colaborador de la esposa de Ortega y vicepresidente de Nicaragua, Rosario Murillo. La madre de Espinoza, Norma Rivera, confirmó la liberación de su hija y nuera en las redes sociales. “La familia completa ya está fuera de las garras tiránicas y dictatoriales que avasalla y oprime al pueblo nicaragüense”, publicó Rivera sin revelar detalles del destino.

Un tercer músico, Josué Monroy, vocalista de la banda Monroy y Surmenage, habría sido expulsado a su país de origen, El Salvador, según información del diario La Prensa. Otros dos artistas extranjeros, Leonardo Canales y Emilia Arienti, ambos de la agrupación La Antesala, fueron deportados a sus países de origen. En el caso de Canales, la misma agrupación lo confirmó en sus redes sociales.

“Desde La Antesala informamos que nuestro director y colega Leonardo Canales ha sido deportado a su país de origen y ha llegado bien. Agradecemos las muestras de apoyo y cariño brindadas. anunciamos formalmente que damos cierre a nuestro espacio cultural y agradecemos a los artistas y público que nos acompañaron durante este recorrido”, dice el breve comunicado sin precisar el país de origen de Canales. Arienti fue deportada a Italia.

La detención, deportación y destierro de los artistas habría sido por sus críticas al régimen y expresiones alusivas a la conmemoración al cuarto aniversario del estallido social de abril de 2018. El destierro de Espinoza y Tapia viola la Constitución de Nicaragua y los derechos humanos de los dos artistas que ostentan solo la nacionalidad nicaragüense.

Una historia que se repite

El 4 de julio de 1986, la dictadura sandinista expulsó de Nicaragua al vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y obispo de la diócesis de Chontales, Pablo Antonio Vega, a quien acusó de “actitud antipatriótica y criminal” por “apoyar” a los grupos de la resistencia nicaragüense conocido como la “Contra”.

El exjefe de la “Contra”, Luis Fley, recordó que el obispo Vega fue detenido subido en un helicóptero militar y abandonado en la frontera con Honduras. Los medios de la época revelan que el prelado fue forzado a abandonar el país; un hecho al que se refirió en papa Juan Pablo II que dijo que ese destierro le recordaba “épocas oscuras”.

Al tiempo que dijo esperar “que los responsables de esta decisión recapaciten sobre la gravedad de tal medida, que, además, contradice reiteradas afirmaciones de querer una pacífica y respetuosa convivencia con la Iglesia», dijo el Papa, quien tres años antes había realizado su primera visita a Nicaragua, donde sufrió atropellos al ser abucheado por turbas del sandinismo durante una misa por estar en contra del comunismo.

Ortega está repitiendo las mismas prácticas del sandinismo durante su primera dictadura. Esta vez sin el acompañamiento de algunos integrantes de la cúpula con la que llegó al poder a través del izquierdista Frente Sandinista de Liberación nacional (FSLN), quienes hoy intentan tomar distancia de los crímenes y robos cometidos en la época.

El sandinismo perdió el poder en 1990, pero 16 años más tarde retornó debido a la “amnistía” otorgada por el Gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, que les perdonó los crímenes y les permitió permanecer en la política en nombre de la “paz, la reconciliación y la democracia”.

“Estamos ante una bestia que no tiene compasión de nadie. Eso de mandar al exilio a los nicaragüenses… unos hemos salido por razones de seguridad por ser perseguidos, pero estar en tu país y que obliguen a abandonarlo ya se había visto con monseñor Pablo Antonio Vega en el año 86”, acotó Fley.

Para el opositor Ortega está desmantelando las estructuras de la sociedad civil tras descabezar a la oposición. “Ya no queda nada prácticamente. Todas las ONG que daban beneficios a la población como ‘Operación Sonrisa’ que atendía a niños con labio leporino fue cancelada; igual la Fundación Coen que beneficiaba a la población de escasos recursos, la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), fundada hace 60 años defendiendo los derechos humanos también fue cerrada. No queda nada que no sea controlado por el régimen. Si ellos no lo controlan, es mal visto y lo eliminan”, aseveró.

Fley se refiere a otros 25 organismos no gubernamentales que Ortega cerró esta semana. “Esa es la realidad que se esta viviendo en Nicaragua con la dictadura de Ortega, que ya no la podemos llamar dictadura, es una tiranía, que trata a los nicaragüenses sin compasión”, apuntó.

El régimen utiliza el escarnio público como arma

El régimen hizo circular una foto el viernes de cinco de los presos políticos que cumplen condena bajo arresto domiciliar. El embajador Mauricio Díaz, la exprimera dama y exdiputada María Fernanda Flores de Alemán, el comentarista Jaime ArellanoCristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, y el exembajador Edgard Parrales aparecen en las fotografías acompañados por oficiales de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP).

Ortega mantiene encarcelados a 181 opositores que permanecen en las celdas del Sistema Penitenciario Nacional y las cárceles de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía, conocido como “El chipote”. Siete de ellos son exaspirantes presidenciales.

Fley sostiene que Daniel Ortega sigue reprimiendo cualquier vestigio de oposición y que su objetivo es lograr la sumisión de los nicaragüenses, lo contrario es cárcel o destierro. “Las sanciones y las resoluciones de la comunidad internacional no le hacen nada a Ortega», apunta para agregar que más del 80 por ciento de los nicaragüenses está en contra de la dictadura, y eso Ortega no lo va a cambiar con represión. Fley cree, además, que las pugnas a lo interno del sandinismo, cada vez más evidentes, podrían acelerar la caída de la tiranía.

Tomado de https://gaceta.es/