Ser mujer trans y lesbiana: “Mi madre me decía, ¿para qué transicionaste si no te van a gustar los hombres?”

Silvia Susana Jácome es una mujer trans que ha pasado por un proceso complejo —pero muy satisfactorio, según sus propias palabras—, para llegar a ser quien es actualmente. Ella es licenciada en Comunicación y maestra en Educación Sexual. Apasionada del rugby —la única persona en México que lo ha jugado a nivel liga mayor tanto en la categoría varonil como femenil—, también es aficionada a la natación y a la danza burlesque.

Además de todo lo anterior es una de las voces más poderosas en el activismo por los derechos humanos de las mujeres y de la población LGBT+ en México, principalmente de la población trans. Es escritora y en sus ratos libres le gusta cocinar. Tiene 67 años y es una mujer orgullosamente lesbiana.

Segunda de la familia de cuatro pequeñxs, en su memoria brotan los recuerdos de sus primeros años, en los que ya tenía actitudes que se asocian a lo femenino. “Recuerdo que a los dos o tres años, cuando salía de bañarme y mi padre me daba una toalla para secarme, me la ponía como una falda y bailaba como odalisca. En el jardín de niñas y niños prefería juntarme con las niñas y jugar a la comidita, a Doña Blanca o a los Encantados. Incluso en un festival de Día de las Madres me tocó bailar el jarabe tapatío como charro, pero en mi interior hubiera preferido hacerlo como China Poblana”.

El cuento de hadas que despertó a la princesa

Fue durante la etapa de juegos en que descubrió que utilizar atuendos femeninos y socializar como una mujer era algo para lo que estaba hecha. El mundo femenino le abrió las puertas de una manera casi accidental.

“Como a los 7 años nos juntábamos con los primos -éramos cinco, una mujer, tres hombres y yo- para representar Los cuentos de Cachirulo (cuentos de príncipes y princesas). Por supuesto que el papel de la princesa lo hacía mi prima, pero un día se enfermó y no llegó a la reunión familiar y yo me ofrecí a hacer su papel. Entonces me puse una crinolina, una diadema y otros accesorios de mi tía Gloria. Me sentí tan bien al verme como una niña vestida de princesa que desde ahí me empecé a cuestionar si yo era niño o si más bien era una niña. Claro que en ese entonces ni siquiera sabía que existía la palabra trans o transexual.

Aún sin conocer la nomenclatura que la nombraba, Silvia ya intuía que era una mujer.

Una mujer trans atraída por otras mujeres

Contrario a lo que muchas personas piensan, no todas las mujeres trans se sienten atraídas por hombres. De hecho, las mujeres trans pueden ser hetero (tener afinidad por hombres) bisexuales o pansexuales (atracción por ambos sexos y géneros) o ser lesbianas. Este último es el caso de Silvia. A pesar de que a sus 7 años sabía que su género no era el que le habían asignado, tuvo que seguir socializando como hombre hasta su juventud para evitar la discriminación.

Más adelante Silvia —quien aún vivía con identidad y nombre masculino— se casó con una mujer. Pero estando dentro de su matrimonio decidió que viviría enteramente como mujer. Y eso imposibilitó seguir su vida en pareja, pues su entonces esposa no se percibía como lesbiana y no estaba dispuesta a compartir su vida con otra mujer. Sin embargo, a Silvia le hubiera gustado seguir en esa relación si su entonces esposa hubiese aceptado continuar como una pareja de dos mujeres.

“Incluso estoy convencida que nos hubiera ido mucho mejor que cuando éramos una pareja heterosexual. Y es que mi humor, mi carácter y mi energía mejoraron muchísimo a partir de que empecé a vivir como mujer, como consecuencia natural de estar más plena, y ella misma se sorprendía de mi cambio. Hasta me decía que si así hubiera sido cuando éramos pareja, la habríamos pasado muy bien.

Incomprensión de los propios familiares

Cuando le preguntamos a Silvia si alguna vez trataron de invalidar su identidad de género y su orientación sexual, preguntándole “para qué te convertirse en mujer, si te iban a gustar las mujeres”, ella afirma que le sucedió con mucha frecuencia, incluso dentro del seno familiar.

Si la gente no entiende del todo a las personas trans, lo hace menos cuando, como en su caso, tienen orientaciones sexuales diversas.

“Me pasó muchísimas veces. La primera fue mi madre. Como ya he mencionado, me tuve que divorciar de mi esposa para empezar a vivir como la mujer que soy. Recuerdo que después de un tiempo mi madre me preguntó que si entonces ahora tendría un novio o un esposo. Al decirle que no, que me seguían gustando las mujeres, casi le da un infarto. Justamente me dijo que entonces para qué había ‘dejado de ser hombre‘. También en alguna ocasión en la que le dije que en la noche saldría con unas amigas para ir a jugar billar y tomar unas cervezas, me cuestionó que para que había cambiado si de todas formas seguía haciendo ‘cosas de hombres‘”.

Una escritora que visibiliza a las mujeres trans lesbianas

Silvia Susana Jácome es autora del libro Citlalli tiene tres abuelas, en el que, a grosso modo, se cuenta la historia de una niña que tiene una pareja de abuelas lesbianas en la que una de ellas es una mujer trans. En este libro se abordan en un lenguaje sencillo temas como las identidades trans, la expresión de género y la orientación sexual.

“En alguna ocasión llegó a mis manos un cuento para niñxs que se llamaba Tengo una tía que no es monjita y era de una autora argentina [Melissa Cardoza]. Hablaba de una manera muy sencilla y muy clara de las mujeres lesbianas. Entonces pensé que sería buena idea hacer algo con las identidades trans. Hoy pienso que también habría sido buena idea escribir un cuento que hablara de una niña trans, pero influenciada por el cuento argentino que hablaba de la tía, pensé que también podía abordar el tema a partir de una abuela –una abuela trans- quien es la que finalmente le explica a su nieta de qué se trata eso que llamamos transgénero”.

A pesar de que no es un libro autobiográfico, en esta obra —que puede encontrarse en la página oficial del Conapred en México— Silvia deja ver lo que le hubiera gustado que pasara en caso de que su entonces pareja la hubiera aceptado como una mujer. Es una especie de “realidad paralela” en la que una mujer como ella sí pudo seguir con su pareja mujer para convertirse en una pareja de abuelas.

“Hay apenas una aproximación a mi persona en mi libro, pues yo ni siquiera tengo nietxs en este momento. Pero sí me inspiré en lo que me hubiera gustado que pasara cuando le hablé de mi identidad de género a mi pareja de ese entonces: que me aceptara y que pudiéramos seguir viviendo como la familia que ya éramos con mi hijo. Y que a la llegada de lxs nietxs, ellxs me vieran como a la tercera abuela”.

Reivindicando no encajar en los estereotipos

Para Silvia Susana es importante visibilizar a las mujeres trans que se sienten atraídas por otras mujeres debido a que en el imaginario colectivo, las mujeres llevan a cabo su transición para hacer vidas erótico-afectivas al lado de hombres. Y esto no siempre es así. Las mujeres trans pueden sentirse atraídas por otras mujeres o puede no importarles el género de la persona por la que sienten afinidad.

“Hay una enorme confusión en mucha gente que piensa que la orientación sexual y la identidad de género son lo mismo. Para mí es importante que las nuevas generaciones no se preocupen por encajar en los estereotipos que dicen que si eres una mujer trans forzosamente te tienen que gustar los hombres. Yo misma, cuando empecé mi proceso de transición, salí con algunos hombres para saber si, ahora sí –y ya desde mi condición de mujer- me gustaban. Me di cuenta que aunque hay algunos con los que me siento bien teniendo algunos jugueteos sexuales, definitivamente no la paso tan bien como cuando estoy con mujeres que me gustan”, afirma Silvia respecto a su orientación sexual como mujer lesbiana.

Actualmente Silvia Susana no tiene una pareja, sin embargo, ha aprendido mucho del goce de su cuerpo de manera distinta desde que se vive como mujer. Sus relaciones sexuales y eróticas se han enriquecido y se siente más plena. “Al estar con una pareja lésbica el pene dejó de ser protagonista y se convirtió en un personaje bastante secundario, lo cual me encantó. En el terreno erótico-afectivo tuve una novia y la pasamos bien, pero ella vive en San Luis Potosí y la distancia terminó por convertirse en un impedimento. Algo semejante ocurrió con otra pareja –española, en este caso- a la que ni siquiera pude conocer personalmente ya que ni ella pudo venir a México ni yo pude hacer el viaje a España; pero por videollamadas teníamos charlas muy placenteras y jugamos un poco”, finaliza Susana.

Con una sonrisa tan grande como su elocuencia, continúa mostrándole al mundo que las mujeres trans no tienen una única ruta para la felicidad, y que ellas también pueden sentirse atraídas por otras mujeres y hacer sus propios caminos.

Tomado de Infobae