“Le saqué piojos a la hija de un expresidente”: Gana una fortuna por este peculiar trabajo en Nueva York

Un sacador de piojos tiene que ser, por encima de todo, discreto. Eliana Ortega quiere que los periodistas que buscan frenéticamente una entrevista con ella entiendan la regla dorada de su trabajo. No hará de los piojos de nadie un show de televisión.

“Los periodistas que me piden verme en acción sacando piojos no entienden: la gente (infestada) no quiere ni que su familia se entere, mucho menos el público”, dice la ecuatoriana de 36 años.

La privacidad es especialmente indispensable para las personas de clase alta. Muchos de ellos han sido sus clientes. Empresarios, modelos y actrices “de mucho prestigio que ves en la televisión” y que nunca agendan una cita a su nombre para curarse los piojos, sino a nombre de niñeras y empleados domésticos.

Los piojos, dice Ortega, son menos racistas y clasistas que los propios humanos que los contraen. Infestan a pobres y ricos por igual. También a las personas más poderosas del mundo y a sus familias.

«Una vez le saqué piojos a una hija de un expresidente de Estados Unidos y a sus nietas”, cuenta. «Ocho años atrás me habría desmayado, pero (los traté) normal, como a cualquier cliente, con respeto y educación. No les hice notar que estaba asombrada, más bien me puse en la posición de experta. Ellos me contrataron por una razón y, mientras estoy sacando piojos, yo soy la que manda. Puede ser la hija del presidente o quien sea«. 

¿Fue Donald Trump, George W. Bush, Bill Cinton, Ronald Reagan, todos con hijas y nietas? Lo único que dirá es que se sintió bien tratada, que la exprimera familia fue amable y que el dinero y el poder son como una lupa: «Hacen ver más grande lo que realmente la gente es». 

Antes de dedicarse profesionalmente a tratar la pediculosis humana —como los expertos llaman a los piojos del cuero cabelludo— y de fundar su propia empresa, Larger Than Lice, que ha curado a más de 10,000 familias neoyorquinas, Eliana Ortega tenía un sueño arduo de cumplir, como tienden a ser los sueños.

Quería dejar su natal Quito, Ecuador, e instalarse en Nueva York, su ciudad añorada. Siendo madre soltera, un día de 2014 agarró sus pocos ahorros, su hija de 8 años y compró dos boletos sin regreso.

Tomó la decisión como dice la escritora Fran Lebowitz que deben tomarla quienes desean vivir en una de las ciudades más retadoras del mundo: uno no se muda a Nueva York luego de tenerlo todo listo, dice Lebowitz. Uno se muda y, una vez allí, improvisa para permanecer.

Sacarles piojos a los ricos

Eliana Ortega —sonrisa casi infantil, voz maternal, cabello castaño salpicado de mechas rubias— hizo exactamente eso.

Por meses tuvo que vivir con su hija en un estudio de una sola cama y sin cocina, ubicado en un sótano. Con un inglés elemental, trabajó hasta tres empleos a la vez para mantener un techo sobre sus cabezas. Fue mesera, limpió casas y oficinas, repartió volantes, entregó pizzas a domicilio y lavó platos.

Hasta que en el invierno de 2015 alguien le preguntó si quería ganar 25 dólares por hora. Una compañía de tratamientos contra piojos buscaba desesperadamente empleados porque tenía exceso de trabajo con el brote que suele ocurrir luego de las fiestas navideñas y el regreso de los niños a las aulas.

“Me pareció algo curioso al principio, porque jamás había escuchado que sacar piojos era un trabajo. Cuando niña en Ecuador era mi mamá quien me los quitaba”, recuerda. El salario la animó a decidirse. “Se me abrieron los ojos así (alza las cejas) y dije: ‘Empiezo ya. Ahorita’”.

Champú y peine ‘terminator’ —una peinilla de metal con los dientes muy unidos— en mano, Ortega empezó a conocer el interior de algunos de los departamentos más lujosos de Manhattan y otras zonas exclusivas del Nueva York que había visto en las películas.

“Tenía miedo de caminar en el piso de esas casas porque nunca había estado en tanto lujo. Cuando yo entraba era toda tímida, nerviosa, no sabía dónde colocar mis cosas. Hasta me daba pena pedirles que me prestaran el baño”, recuerda. “Eso fue al principio. Los seres humanos nos acostumbramos a todo”.

Trabajó solo dos meses con esa compañía. En 2015 se fue a estudiar un curso profesional de tratamientos contra piojos en Florida, regresó a Nueva York y fundó su propia empresa, que no ha parado de tener trabajo desde entonces, dice Ortega, con excepción del hiato de 2020 por las restricciones que trajo el coronavirus.

“Mientras existan los piojos”

La pediculosis humana es más frecuente en Estados Unidos de lo que quizás muchos conocen.

Aunque no existen datos confiables sobre cuántas personas contraen piojos cada año en el país, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estiman que ocurren entre seis y 12 millones de infecciones anuales, sobre todo en niños de entre 3 y 11 años de edad. Sus familiares y cuidadores tienen mayor riesgo de infectarse.

Con el relajamiento de las restricciones tras más de dos años de pandemia de COVID-19 y el regreso a la sociabilidad en aulas y centros de trabajo, los virus, los gérmenes y los piojos están resurgiendo.

Además de sus clientes adinerados, Ortega tiene convenios con escuelas de Nueva York para trabajar con niños infestados y sus familias.

A pesar de medir apenas dos o tres milímetros, los piojos del cuero cabelludo, dice Ortega, son capaces de causar estragos mayores de lo que se le podría atribuir a insectos tan pequeños. Ella porta con orgullo el conocimiento para aliviar a las familias del cataclismo, cuando ocurre una infección masiva.

«Si tus hijos tienen piojos en la escuela, no los dejan volver hasta que no tengan. Si tienen que quedarse en casa, eso te desordena la vida. Hay que conseguir alguien que los cuide o pedir permiso en el trabajo», explica. «Es sobrecogedor en todos los aspectos, psicológico y económico». 

En ciudades como Nueva York el tratamiento suele costar, como mínimo, 800 dólares por persona infectada, según Ortega. En su canal de YouTube asegura que puede hacer 2,500 dólares en un día sacando piojos.

Los piojos no son una plaga asociada solamente con la calamidad. Gracias al cemento que usan para adherir sus huevos (las liendres) al cuero cabelludo, científicos han podido estudiar el ADN de humanos que vivieron hace 2,000 años, a partir de las cabezas de momias.

“Los piojos han existido durante siglos y los humanos nunca vamos a lograr erradicarlos», dice Ortega. «Primero desaparecemos nosotros que ellos. Es algo bueno para mí porque, mientras existan, existe este trabajo”.

¿A qué te dedicas?

En Estados Unidos, dice Ortega, todas las conversaciones con extraños comienzan con una pregunta fundacional, más común que ninguna otra: ¿A qué te dedicas?

Ella ahora habla de su profesión sin reservas, pero por algún tiempo respondía con eufemismos cuando indagaban sobre su profesión.

“Tratando de tener amigos, un círculo social, fui rechazada varias veces. Le caía bien a la gente pero cuando me preguntaban a qué me dedico y yo les decía la verdad, que saco piojos, ahí se acababa la amistad. Ya no querían reunirse conmigo y automáticamente comenzaban a rascarse la cabeza«, recuerda.

Por eso concluyó que no era buena idea ser tan honesta desde el principio con los desconocidos. Se le ocurrió que el título «consultora de salud» le evitaría entrar en tanto detalle. ¿Quién tendría preguntas adicionales sobre una profesión tan anodina?

Pero ese título generó otros problemas. ¿Consultora de qué? De la salud del cuero cabelludo, decía ella. Entonces le empezaban a pedir consejos para la caspa o la caída del pelo. Luego cambió a «emprendedora». ¿A qué te dedicas? Soy emprendedora. ¿Y de qué es tu negocio? Trabajo con escuelas. ¿Eres profesora? No.

“Entonces dije: ‘¿Sabes qué?: saco piojos y, si quieres ser mi amigo, pues bien, y si no, pues está bien. Y si no quieres darme un abrazo, bien. Los piojos no saltan. No tengo piojos, por si acaso”.

Tener piojos no significa que seas sucio —y otros mitos

Su hija, que ahora tiene 15 años, no dice en la escuela cuál es la profesión de su madre para evitar el rechazo que viene con los mitos sobre los piojos. Y a una de sus parejas, que pensaba que los piojos saltan y vuelan, tuvo que darle una clase intensiva para tranquilizarlo.

Aunque los piojos son insectos milenarios, el estigma contra quien los tiene y contra quien los erradica sigue ahí. Ortega quiere dejar claro qué es realidad y qué es ficción.

  • Los piojos no son un padecimiento de gente sucia o pobre. «De hecho, prefieren un cuero cabelludo limpio. Quienes se lavan el cabello a diario y cuidan su aseo personal están más propensos a contraerlos”.
  • Los piojos no saltan ni vuelan: “La gente relaciona la pediculosis humana con las pulgas que tienen los animales. Las pulgas sí brincan porque tiene patas traseras para impulsarse. En cambio, los piojos gatean, se arrastran y no tienen alas. Es imposible que vuelen o salten”.  En resumen: para contraerlos hay que tener contacto directo con la persona infestada (compartir almohadas, abrazarse, tomarse una selfie).
  • Los piojos del cuero cabelludo no transmiten el VIH ni ninguna otra enfermedad. Existen tres tipos de piojos que los humanos pueden adquirir: los del cuero cabelludo, los del vello público y los del cuerpo. Estos últimos pueden poner huevos en la ropa y son los únicos capaces de transmitir enfermedades como el tifus epidémico y algunas bacterias que causan fiebre, según los CDC.

«Quédense con sus piojos»

Era una familia rica con una casa suntuosa en Long Island, Ortega recuerda. Manejó 45 minutos en medio de la noche para llegar. Los precios del servicio ya se habían discutido, pero los clientes, americanos blancos, comenzaron a regatear usando un argumento que a Ortega no le es extraño.

«Si tú eres hispana, qué te crees para cobrar eso”, le dijeron. Ella no discutió. En cambio, respondió que no les cobraría por el largo viaje.

“No me paguen», dijo, «pero quédense con sus piojos”. 

Levantar un negocio como Larger Than Lice no ha sido todo rosas, y su condición de inmigrante latina le ha granjeado episodios de discriminación, sobre todo en el sector high-end con el que trabaja a menudo, dice Ortega.

“Una vez estaba en una casa donde había siete hijos (con piojos), más la mamá y la hermana. Yo estaba sin comer desde la mañana, y terminaba con uno y pasaba al otro», cuenta. «Necesitaba un descanso para comer, pero me dijeron que no. Esta señora me quería tener como un robot, como una máquina de trabajo». Cuando se detuvo para descansar, dice, la amenazaron con no pagarle. 

En sus inicios Ortega no podía darse el lujo de rechazar clientes y, a menudo, terminaba soportando con esforzado estoicismo el desprecio de los racistas. «Ahora escojo con quién quiero trabajar», dice con orgullo. 

Le preguntamos si su relación con los piojos se podría describir como una relación de amor-odio. A fin de cuentas, Ortega los extermina, pero los necesita.

“No es una relación de amor-odio”, responde. “Tal vez ellos me odian porque yo los mato, pero yo no los odio. Yo los amo. Los adoro, son mi vida. Hasta tengo un peluche de piojos”.

Por estos días, la experta no tiene tiempo para mucho. Además del trabajo diario, prepara un curso de tratamientos contra piojos llamado Larger Than Lice Academy, que estará disponible en línea en mayo de 2022, y con el que busca “ayudar a los latinos a crear su propio negocio de servicio de piojos”.

“Emprender un negocio en un país que no es tuyo nunca ha sido fácil y yo tuve que aprender a las malas, a base de prueba y error», dice. «A través de mi historia y mi academia quiero demostrar que los latinos tenemos la sangre, el ñeque y todo lo que se necesita para triunfar”.