Putin incumple su promesa y traba la puerta que abrió la ONU para rescatar a los civiles atrapados en Mariupol

La batalla de Mariupol entre las Fuerzas Armadas de Ucrania y las tropas rusas exhibe una característica dramática: cientos de civiles quedaron atrapados entre los escombros de la planta siderúrgica de Azovstal, mientras caen los cohetes lanzados por orden de Moscú y se agota el agua potable, la comida y los insumos médicos.

Se trata de una tragedia moderna que Vladimir Putin no desea terminar y que Volodimir Zelensky -presidente de Ucrania- no puede evitar con su acotado poderío militar y sus infinitos reclamos públicos.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, viajó hasta el Kremlin para encontrar una solución inmediata al sitio de Mariupol. Putin lo sentó a la distancia, escuchó su plegaría diplomática y se quedó con la última palabra.

Un día más tarde, Guterres se reunió con Zelensky en Kiev. Fue una conversación dura y completa de reproches. Al jefe de Estado no le gustó que el secretario general de la ONU viajará primero a Moscú y adelantó en el cónclave que no creía una sola palabra del líder ruso.

Zelensky tenía razón.

Desde Mariupol a Zaporizhzhia hay 22 retenes militares. Veintiuno responden a las órdenes directas del Kremlin. Putin aprovechó ese control directo para atrasar la llegada a esta ciudad de casi 100 refugiados civiles que están bajo la protección de la ONU.

Se los esperaba hoy en el centro de asistencia de Zaporizhzhia. Y también se los aguardó ayer. “Creo que llegarán mañana”, aseguró un vocero de Naciones Unidas en contacto directo con el convoy de refugiados que salió esta mañana de Mariupol.

Es sólo una promesa. Todo depende de Putin y sus decisiones bélicas y geopolíticas.

El inestable acuerdo diplomático cerrado por Guterres con Putin encierra una inesperada paradojaTodos los refugiados que se inclinaron por la ONU para escapar de los escombros de Mariupol aún están en viaje, mientras que los civiles que optaron por aprovechar el precario cese del fuego ya llegaron a Zaporizhzhia.

En un viejo Mercedes Benz negro, Dina (81 años cumplidos ayer) y su hija Natasha (50 años) llegaron hoy a Zaporizhzhia.Natasha comentó a Infobae que no sabía del operativo humanitario de la ONU, y que en realidad escuchó que había un cese del fuego y apostó por salir de su casa en ruinas por el impacto de un cohete ruso.

¿Como se escapó?preguntó este enviado especial a Natasha.

—Ví la oportunidad. Hablé con mi madre, y le dije si nos íbamos. Y me dijo que sí.

Dina -la mamá de Natasha- ya sabe cómo se vive en regímenes dictatoriales. Cuando era pequeña sufrió a Josef Stalin y en la adolescencia a Nikita Jrushchov, que era ucraniano. Y a los 81 años cumplidos, como una parábola de la historia, se escapa de Putin. Un producto intelectual de la Unión Soviética, que supieron regentear Stalin y Jrushchov.

Los refugiados de Mariupol que se escaparon de la muerte y llegaron a Zaporizhzhia sin respaldo de la ONU también debieron cruzar 21 retenes militares bajo el control de las tropas rusas. Pero a diferencia del acuerdo cerrado con Putin -adonde se permitía al convoy de Naciones Unidas alcanzar esta ciudad en un día- los casi 100 sobrevivientes que llegaron hoy tardaron casi 70 horas.

Fue un viaje larguísimo. Salimos el sábado pasado. Nos pidieron los documentos en todos los retenes. Y tuvimos mucho miedo”, confió Dima a este enviado especial. Dima llegó alcanzó Zaporizhzhia con toda su familia, pese a tener un auto pequeño que apenas sobrevivió a la esquirla de un misil.

Putin trabó la llegada de cien refugiados. Fue un acuerdo que cerró con Guterres, y se resiste a cumplir.

En Mariupol todavía hay muchísimos civiles que pretenden escapar y apuestan a la capacidad de disuasión de la ONU. Podría ser una apuesta perdida: el Kremlin ordenó un nuevo bombardeo sobre la ciudad ya destruida, y todavía no se sabe a que hora -mañana- llegarán los refugiados que todavía protege las Naciones Unidas.

Tomado de Infobae