Los incas drogaban a los niños con hojas de coca y ayahuasca antes de sacrificarlos para calmarlos

Por años, arqueólogos han coincidido que el Imperio Inca fue el estado más poderoso de la América precolombina, ya que sus ruinas, sumadas a los relatos de los conquistadores españoles hablan de riquezas incalculables. 

Sin embargo, estas riqueza incas, aseguran, se construyeron con la sangre de su pueblo, con miles sacrificados en altares para apaciguar a los dioses, incluyendo los más pequeños del imperio.

Un nuevo hallazgo publicado en el Journal of Archaeological Science, muestra que los sacrificios humanos involucraban a adolescentes o niños, y en ocasiones les daban drogas psicoactivas

La impresión entre los estudiosos ha sido en general que las víctimas consumían drogas para conectarse con las fuerzas sobrenaturales por las que estaban a punto de dar la vida.

Sin embargo, en el nuevo estudio se encontró rastros de hojas de coca y el poderoso alucinógeno ayahuasca en niños sacrificados; en lugar de prepararlos para un contacto de tercer grado con uno de los cientos de “huacas” (dioses incas), los autores creen que las víctimas de los sacrificios humanos fueron drogadas para hacerlas menos ansiosas y más obedientes a medida que se acercaban a la perdición.

Momificados tras el sacrificio

A mediados de la década de 1990, los excursionistas que escalaban el volcán Ampato al sur de Perú, encontraron los cuerpos momificados de una niña inca adolescente y dos niñas más, de entre seis y siete años.

Los exámenes posteriores de las momias concluyeron que todas fueron víctimas de sacrificios humanos. El volcán es un importante lugar de culto en la cultura andina y encarna una de las huacas incas. 

El hecho de que las momias se encontraran a una altura de más de cinco kilómetros sugiere que murieron en circunstancias muy inusuales. Y, finalmente, los restos de los niños fueron encontrados entre artefactos preciosos, incluyendo vasijas de cerámica, ropa intrincadamente decorada y estatuillas hechas de oro y plata.

Todo sobre estas momias indica que fueron víctimas de sacrificio, lo que ha mantenido fascinados a los arqueólogos durante años. Pero fue solo recientemente que los científicos realizaron un análisis químico de los restos y los resultados fueron bastante impactantes.

Sin embargo, el informe toxicológico, las momias de Ampato contenían compuestos químicos que se encuentran en las hojas de coca, el material vegetal utilizado en la fabricación de la cocaína, y ayahuasca, una de las drogas alucinógenas más poderosas del mundo.

La hoja de coca y la ayahuasca entre los incas

Se sabe que los sacrificios humanos entre los Incas involucraban con mayor frecuencia a mujeres jóvenes y niños, ya que el pueblo los consideraba puros e íntegros y, por lo tanto, dignos de los dioses. 

Las principales candidatas eran mujeres hermosas y vírgenes, y que serían alojadas lejos de la gente común mientras esperaban el día en que los sacerdotes las sacrificarían.

Los niños destinados al gran honor de ser sacrificados a los dioses debían viajar a la ciudad capital del Cusco, donde serían recibidos por el propio emperador. Sin embargo, este era un viaje arduo que podría durar meses.

El pueblo inca creía con convicción que los sacrificios evitaban sequías, hambrunas, erupciones volcánicas y toda clase de desastres naturales que les acarreaban los dioses.

Los españoles afirmaron que los incas se basaban en las hojas de coca como medicina para tratar diversas dolencias y reducir la sensación de hambre. 

También hubo indicios de que los incas usaban ayahuasca, una poderosa bebida alucinógena elaborada a partir de plantas tropicales locales que puede inducir experiencias cercanas a la muerte para mejorar el estado de ánimo, preparar a los soldados para la batalla y conectarse con los dioses.

Sin embargo, fue solo recientemente que los investigadores dirigidos por Dagmara Socha, una bioarqueóloga del Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, pudieron confirmar que la ayahuasca se empleó en las ceremonias.

El análisis toxicológico de las momias de la montaña sagrada reveló la presencia de hojas de coca y harmina, una sustancia que bloquea la descomposición de la serotonina y la dopamina, que regulan el estado de ánimo, y que se usa hasta el día de hoy para tratar la depresión. 

Harmina es uno de los componentes de la ayahuasca, marcando la primera evidencia arqueológica del uso de la bebida psicodélica entre los incas.

El uso combinado de hojas de coca y harmina, que producen sentimientos de éxtasis pero no inducen alucinaciones, sugiere que las víctimas fueron drogadas para que cumplieran más con el ritual. 

Dado que los niños eran vistos como un regalo para los dioses, necesitaban verse bien alimentados y bien vestidos, hermosos y, sobre todo, felices.

Tomado de https://eldiariony.com/