Debe orinar 30 veces al día y no puede tener sexo con su novio: “Vivo una pesadilla”

Las lágrimas rodaban por su rostro cuando se quejó con el médico de cabecera después de probar otro antibiótico por tres días. «Ya no recuerdo un momento en que orinar no sea un problema«, asegura la joven de 25 años cuyo drama hasta le impide tener sexo con su novio. 

Las restricciones por la pandemia de coronavirus implicaron que durante un largo tiempo Carrie Esson no pudiera ir a ver al especialista en North Lanarkshire (Reino Unido) y, en cambio, estaba escuchando el mismo diagnóstico erróneo una y otra vez por una videollamada.   

Infección urinaria de años

El primer recuerdo de una infección del tracto urinario (ITU) fue cuando la joven tenía solo ocho años en 2005.

Afirma que se volvió recurrente a los 15, cuando mi médico diagnosticó mal una candidiasis y tardó «tres semanas en desaparecer». Luego siguió regresando con baños de burbujas, comida picante, cierta ropa interior y natación.

«Al principio volvía cada pocos meses, luego se volvió mensual, luego cada dos semanas. No quería salir, me sentía diferente a las otras chicas», cuenta en Mirror con dolor la joven que respetaba consejos como beber jugo de arándano, limpiarse de adelante hacia atrás y mantenerse hidratada.

Pero lo que jamás imaginó es que su vida sería una pesadilla durante la próxima década, con visitas recurrentes a los médicos y estudios como ultrasonidos, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas y una cistoscopia.

«Ningún urólogo pudo encontrar algo malo en mi vejiga, a pesar del dolor constante. Consumí antibióticos de vez en cuando durante todo este tiempo. Hasta me decían que desafortunadamente que era parte de su composición biológica», suma.

Ayuno por días y falta se sexo

Carrie cuenta que su vejiga es tan sensible a la comida que a veces ayunaba durante días por miedo al dolor. Experimentó cambios importantes en su estilo de vida y gastó cientos de libras en suplementos naturales. «Mi vejiga se sentía como una bola de boliche mientras que mi uretra estaba en llamas. Vivo una pesadilla«, afirmaba con resignación.

Los problemas afectaron severamente su vida, con consultas cada vez más frecuentes a los médicos. Además de antibióticos, también tomó bloqueadores nerviosos, antiinflamatorios y opioides. Pero no había resultados positivos.

«Estar de pie durante mucho tiempo, como ducharse o cocinar, era difícil. A menudo estaba postrada en la cama por el dolor. Caminar cualquier distancia significaba depender de ayudas para la movilidad. Ir de compras o ir al cine con amigos me hacía pensar en el baño. ¡Quería llevar un baño portátil a todas partes!», refleja.

Otro aspecto clave en la vida cotidiana de Carrie tiene que ver con la intimidad de pareja. «Aún no puedo tener sexo con penetración con mi pareja debido al dolor. Con Shaun, de 26 años, nos conocimos en un concierto en 2019″, explica. Y agrega: «En nuestra primera cita no mencioné nada sobre mi salud, pero cinco días después me hice la laparoscopia y me diagnosticaron endometriosis . Me trajo flores, fue una dulzura». 

Su pareja incluso la apoya en la parte financiera con los gastos que implica su enfermedad.

Síntomas crónicos

A principios de 2020, cuando tenía 23 años, sus síntomas se volvieron crónicos. «Son 24 horas al día, 7 días a la semana e implacables, después de que me desperté con una ITU y los síntomas nunca desaparecieron», confirma. Los antibióticos habían dejado de funcionar, no podía dormir ni comer y tenía quemaduras en la parte interna de los muslos debido a bolsas de hielo.

«Debo orinar hasta 30 veces al día, junto con el dolor pélvico y lumbar crónico. Sangre en la sangre en la orina y retención. A pesar de estar en agonía, las pruebas daban negativo para la infección cada vez que iba al médico de cabecera», se sigue lamentando.

En septiembre de 2020 fue Urgencias con el peor dolor imaginable, «orinando un vaso cada 10 minutos». Para variar, le decían que no tenía una infección y la enviaban a su casa con antiinflamatorios. Y fue la desesperación que la llevó a encontrar en internet especialistas en Londres. 

Y dado que la infección urinaria crónica no era una afección reconocida oficialmente en el NHS (Servicio Nacional de Salud), en marzo de 2021 configuré una página de GoFundMe para recaudar 4500 dólares para tratamiento privado en una clínica de infección urinaria crónica en Harley Street en Londres.

Un diagnóstico por fin

El especialista explicó que su infección crónica de la vejiga era «desagradable, grave y furiosa» y que había estado profundamente arraigada durante al menos una década.

Su mejor opción, entonces, era someterse a una cirugía de fulguración, que usa el calor de una corriente eléctrica para destruir el tejido anormal, un procedimiento a menudo utilizado para el cáncer.

Pero la operación no se hacía en Escocia y en diciembre de 2021, con ayuda de su familia, pagó 5500 dólares para volar a Turquía y someterse a la cirugía.

Según confió, el especialista encontró un extenso daño de tejido precanceroso en el área del trígono de mi vejiga e inflamación crónica que se extendió a la parte posterior de mi vejiga.

Cuatro meses después de pasar por el quirófano, advierte que la curación puede demorar hasta un año. E incluso todavía no sabe si existe una cura total. «Todavía estoy desprendiendo pedazos de tejido cicatricial y cambiando toallas sanitarias regularmente, así que tengo un largo camino por recorrer», cuenta sobre el proceso.

Pandemia, licenciatura y cambios

La pandemia le resultó beneficiosa a Carrie para obtener una licenciatura de primera clase en psicología aplicada en 2021. Y quedó algo devastada cuando un médico de Salud Ocupacional me dijo ese mismo año que no estaba “lo suficientemente en forma” para seguir su carrera como enfermera de salud mental.

Fue el disparador para que la joven iniciara una  campaña para que el gobierno redujera los criterios de las pruebas de laboratorio para las infecciones urinarias crónicas. Y abrió una cuenta de Instagram para generar conciencia, porque la afección ni siquiera se reconocía como una enfermedad legítima en la literatura médica.

«En marzo de 2022, el NHS reconoció las infecciones urinarias crónicas y ahora hay esperanza para el futuro y los demás pacientes», celebra tras una enorme batalla ganada. Y no es poco para una mujer que demuestra a diario ser una verdadera guerrera en cuestiones de salud.

Tomado de https://www.clarin.com/

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