Gordito González y los narcooperadores de Venezuela

En 2016, dos sobrinos adoptivos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fueron declarados culpables de una conspiración para llevar 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. Sus jactanciosas afirmaciones de que las ganancias de la droga servirían para financiar la campaña política de la primera dama, Cilia Flores, llegaron a los titulares internacionales.

Los “narcosobrinos”, como se les denominó, se convirtieron en símbolos de la nueva, adinerada y corrupta oligarquía de Venezuela. Pero mientras los titulares se centraban en la élite política de Venezuela, el importante papel que desempeñaron los intermediarios que les conseguían la cocaína a dicha élite se perdió en el ruido mediático.

Uno de esos intermediarios era conocido con el alias de “El Gocho”. Este tenía acceso a proveedores colombianos de cocaína, a la primera familia de Venezuela y, según afirman los fiscales, a los carteles mexicanos. Sin embargo, ni siquiera los hermanos Flores, que basaron toda su operación en la capacidad de El Gocho para obtener la cocaína, sabían su nombre real.

La trama se hace aún más compleja después de que los fiscales dieron a entender que la operación de drogas de los sobrinos con El Gocho tenía un negocio secundario: liberar de la cárcel al narcotraficante Hermágoras González Polanco, alias “Gordito González”. Si bien El Gocho era un personaje desconocido, Gordito González era un conocido narcotraficante con un largo historial y un perfil en antinarcóticos a nivel internacional.

Gordito González no podía producir su propia cocaína, no tenía la infraestructura para transportarla. Al parecer, se encontraba en una prisión venezolana. Sin embargo, el trato de los sobrinos Flores con El Gocho indica que Gordito González había encontrado un nuevo papel de bajo perfil, aunque central, en el negocio de las drogas. Incluso desde su celda, podía actuar como un intermediario entre las personas adecuadas y tenía la capacidad de conectarlas, tendiendo puentes entre ellas: era un narcooperador venezolano.

En la evolución del tráfico transnacional de drogas de Venezuela ha habido varias generaciones de operadores que gestionan las relaciones entre las partes interesadas y establecen conexiones entre proveedores, transportistas y compradores de cocaína, así como con los actores estatales corruptos involucrados en el tráfico de drogas.

Gordito González ha estado presente en todo este proceso, evolucionando para asegurarse de tener siempre un papel en el cambiante panorama del narcotráfico en Venezuela. Ha logrado mantenerse a flote, en tanto que sus compañeros, rivales, y sucesores han sido encarcelados o han desaparecido.

Y en la nueva era del narcotráfico de Venezuela, definida por las crisis políticas, sociales y económicas del periodo de Maduro, Gordito González sigue siendo uno de los mayores operadores del país, asegurándose de obtener ganancias para los actores estatales corruptos que regulan y facilitan el tráfico transnacional de cocaína en Venezuela.

La batalla de los operadores

Gordito González nació en una familia de la población indígena binacional Wayuu en el departamento de La Guajira, al noreste de Colombia, una zona que tradicionalmente ha sido utilizada para el contrabando y que Pablo Escobar y su Cartel de Medellín convirtieron en un importante punto de salida de cocaína en la década de los ochenta.

Se inició en el tráfico de drogas a finales de los noventa, cuando se asoció con Salomón Camacho Mora, quien había sido narcotraficante del Cartel de Medellín y, según autoridades estadounidenses, también tenía conexiones con los carteles de Cali y el Norte del Valle. Gordito González y Camacho fundaron el Cartel de la Guajira.

Una acusación de Estados Unidos contra ambos hombres en 2005 señala que Camacho compraba cocaína en laboratorios de procesamiento en Colombia y la contrabandeaba a través de la frontera. Una vez llegaba a Venezuela Gordito González recibía y almacenaba los cargamentos, para luego enviarlos por mar a Puerto Rico y Estados Unidos. Según la acusación, ambos hombres abastecían a compradores en Estados Unidos, República Dominicana y Puerto Rico.

Desde el principio, Gordito González cifró su éxito en su capacidad no solo para mover drogas, sino también para construir redes.

“El Cartel de la Guajira tuvo un papel importante aquí en Venezuela porque tenía las mejores conexiones con todos los pequeños capos del país”, declaró Mildred Camero, quien en el momento del ascenso del cartel era la principal oficial antidrogas de Venezuela, como presidenta de la Comisión Nacional contra el Uso Ilícito de las Drogas (Conacuid).

Sin embargo, los capos criminales no fueron los únicos que impulsaron el auge de la cocaína en Venezuela; también lo hicieron los elementos corruptos del Estado. Estos funcionarios corruptos pasaron de aceptar sobornos para dejar pasar los cargamentos de cocaína, hasta facilitar activamente e incluso participar de manera directa en el tráfico de drogas. Esas redes fluidas y porosas fueron lo que se denominó en su conjunto como el Cartel de los Soles.

Para sobrevivir en esta nueva frontera de la cocaína, los traficantes necesitaban tres cosas: acceso al suministro de cocaína en Colombia —proporcionado principalmente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)—, relaciones con compradores que abastecen los mercados estadounidenses y europeos, y finalmente conexiones con las redes del Cartel de los Soles para garantizar el paso de los cargamentos sin ningún obstáculo.

La mayoría de los que podían cumplir con estos requisitos eran grandes traficantes colombianos, como Daniel “El Loco” Barrera, el Cartel del Norte del Valle y el Clan Galeano. Sin embargo, el creciente papel de las redes de tráfico insertas en el Estado comenzó a cambiar esta dinámica.

“A medida que avanzaba el gobierno chavista, los venezolanos, sobre todo el ejército, se apoderaron de las rutas, expulsaron a los traficantes [colombianos] de Venezuela y tomaron el control de sus operaciones”, explicó Camero.

Gordito González logró mantener su rol como un actor central en este cambiante entorno volviéndose indispensable para las redes del Cartel de los Soles.

González Polanco estableció una asociación con uno de los actores más importantes del Cartel de los Soles, Clíver Alcalá, un influyente general del ejército con estrechos vínculos con la élite chavista y, según fiscales estadounidenses, con las FARC. Alcalá se acercó rápidamente al clan de Gordito González, al que se vinculó no solo por negocios, sino también para comenzar una relación sentimental con la sobrina de este, Martha, con quien más tarde se casó.

Gordito González también utilizó su conocimiento del tráfico de drogas por el Caribe para empezar a tender puentes entre las redes del Cartel de los Soles en Venezuela y las islas del Caribe, sobre todo República Dominicana, como señaló Camero.

“El Cartel de la Guajira tenía una base en República Dominicana desde hacía tiempo, por lo que manejaba relaciones con República Dominicana, Haití y otras islas del Caribe”, dijo. “Tenían todas las conexiones, las rutas y los contactos”.

Con el apoyo de Alcalá y sus conexiones en el Caribe, el Cartel de la Guajira se estableció como una de las principales organizaciones de narcotráfico de Venezuela. Pero su agresiva expansión amenazó el negocio del hombre más importante de la primera generación de narcotraficantes de Venezuela: Walid Makled.

El clan Makled, que tenía su base de operaciones en el estado Carabobo, era propietario de la aerolínea Aeropostal, un negocio de almacenamiento en Puerto Cabello, el puerto más grande de Venezuela, y varias empresas fachada. Todo este entramado empresarial fue utilizado por Makled para crear sus propias cadenas de transporte de cocaína. Según afirmó él mismo, luego utilizó sus conexiones con elementos corruptos del ejército de Venezuela y con las FARC para vender el paso seguro de los cargamentos de cocaína a los mejores postores.

Según una investigación de Nuevo Arco Iris, grupo colombiano de monitoreo de conflictos, corroborada por Camero, Alcalá presionó para que el Cartel de la Guajira tuviera más control sobre las rutas de la cocaína, lo que incluía el uso del principal punto de despacho de Makled: Puerto Cabello. Esta movida enfureció a Makled, quien enardeció su rivalidad con el grupo.

El conflicto atrajo a facciones rivales dentro del régimen de Chávez, cuyos miembros trabajaban con una de las dos partes, o bien con ambas. La rivalidad criminal, que luego se volvió política, cobró la libertad de Gordito González y Makled.

Gordito González fue el primero en caer. Fue capturado en una operación conjunta de las fuerzas de seguridad en su finca en el lago de Maracaibo en marzo de 2008, y condenado a 15 años y 6 meses en una prisión de Caracas.

Pero la aparente victoria de Makled no duró mucho. En noviembre de 2008, Alcalá le ordenó a su unidad militar que asaltara la hacienda de la familia Makled, donde incautaron 400 kilos de cocaína y arrestaron a tres hermanos de Walid. Hasta el día de hoy, Makled sostiene que la droga fue puesta allí para incriminar a su familia y justificar la redada. Aunque Makled logró huir a Colombia, fue arrestado en 2010 y extraditado a Venezuela, donde fue sentenciado a 14 años de prisión.

El mismo año en que Makled fue arrestado, el socio de Gordito González, Salomón Camacho Mora, fue arrestado en Venezuela y deportado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico y lavado de dinero.

La siguiente generación

En 2013, Clíver Alcalá cayó repentinamente en desgracia. Después de la muerte del presidente Hugo Chávez en 2013, Alcalá se retiró de las fuerzas armadas, rompió con el gobierno y huyó a Colombia. Allí desempeñó un papel protagónico en un intento fallido de derrocar a Maduro mediante un golpe mercenario, después de lo cual se entregó a las autoridades estadounidenses para enfrentar cargos de narcotráfico.

Cuando Alcalá huyó de Venezuela, muchos traficantes de la primera generación que sacaron provecho del auge de la cocaína en Venezuela ya habían sido capturados. No es claro si estas detenciones fueron el resultado de presiones internacionales, conflictos internos entre las diferentes redes del Cartel de los Soles —como al parecer fue el caso de Gonzáles Polanco y Makled— o parte de un plan deliberado para eliminar la competencia.

Pero independientemente de las intenciones, los resultados sí quedaron en evidencia. Las FARC comenzaron a enviar cargamentos utilizando su propia infraestructura de tráfico de drogas en Venezuela —sobre todo pistas de aterrizaje—. Adicionalmente, algunas redes del Cartel de los Soles presuntamente comenzaron a hacer tratos directamente con los compradores y a enviar sus propios alijos de droga, eliminaron a los intermediarios y aumentaron drásticamente su influencia en el tráfico de drogas.

Sin embargo, esta consolidación del narcotráfico no duraría. Con la muerte de Chávez, y la desmovilización de las FARC cuatro años después, el poder en el Estado venezolano y en el narcotráfico se fragmentó. Hoy en día, en muchas partes del país, la cocaína es traficada por redes cambiantes, compuestas por actores militares y criminales que rotan constantemente y se conforman para enviar un cargamento, para luego disolverse. Por lo tanto, quien pueda encajar las piezas dispersas se convierte en un activo valioso.

En este contexto, una nueva generación de narco-operadores ha asumido este rol, y nuevamente es el Caribe, sobre todo República Dominicana, donde más han avanzado en su cometido.

El tráfico de drogas en República Dominicana ya no es lo mismo que era en los días en que Gordito González convirtió al país en su sede en el Caribe, pero sigue siendo un lugar repleto de oportunidades criminales para las redes de operadores.

La nación isleña se ha convertido en lo que un alto funcionario de seguridad, hablando con InSight Crime bajo condición de anonimato, describió como “abierto a cualquiera”, lo que quiere decir que cualquier país es bienvenido siempre y cuando cumpla las reglas. Sus habitantes son contratados para hacer el trabajo sucio, la élite gobernante gana una parte haciéndose la de la vista gorda, los grupos criminales se comparten las ganancias y respetan el espacio de los demás, y nadie hace demasiado ruido.

“Hay un código de respeto entre los que operan en la región y los habitantes de la misma, porque somos una isla pequeña. Finalmente, cuando aquí hablamos de crimen, nos referimos a un negocio”, dijo a InSight Crime un experto en lavado de dinero y redes criminales, que pidió mantener su identidad en reserva por razones de seguridad.

Algunos de los hombres más visibles de la nueva generación de República Dominicana eran Carlos José Gascón González y su socio Yoel Palmar, a quien el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, se refirió como el “mayor capo del narcotráfico entre Venezuela y República Dominicana”.

Palmar había estado traficando drogas por República Dominicana desde al menos 2015, y había construido una extensa red de lavado de dinero en la isla, que incluía inversiones inmobiliarias, concesionarias y otros negocios. El centro de sus operaciones era el lujoso Malecón Palace Casino, que le dio el nombre a su organización, el Cartel del Malecón.

En 2017, la pérdida de un gran cargamento de cocaína llevó a Gascón y al Cartel del Malecón a romper la regla principal del tráfico en el país: la violencia es perjudicial para el negocio.

En junio de ese año, los cuerpos de dos ciudadanos holandeses, Rachid Benbouker y Cuma Ceviz, fueron encontrados en una tumba poco profunda en un cañaduzal cerca del distrito de El Seibo, República Dominicana.

La violencia relacionada con el tráfico transnacional de drogas es relativamente escasa en República Dominicana, y el asesinato de los europeos causó conmoción en la isla.

Durante el año siguiente, tanto Yoel Palmar como Gascón fueron detenidos en relación con el caso. Las autoridades identificaron a seis sospechosos de varias nacionalidades suramericanas y europeas, y Gascón y un ciudadano inglés, Michael Murphy, fueron acusados de planear y ejecutar el asesinato.

Desde que fue arrestado en 2017, Palmar ha estado detenido en Colombia, cuyo gobierno continúa rechazando las solicitudes de extradición de Venezuela. Gascón fue detenido en Santo Domingo en 2018 y, después de ser acusado, fue puesto en detención preventiva. Luego desapareció.

Existen rumores de que los contactos de Gascón en República Dominicana lo ayudaron a salir de la detención preventiva, lo que le permitió escapar a Colombia, pero que, una vez allí, fue asesinado en un ajuste de cuentas. InSight Crime no pudo confirmar esta versión, y todo rastro de Gascón se pierde desde 2018.

Si bien el periodo de Gascón y el Cartel del Malecón en la cima del tráfico de drogas del Caribe fue corto, existen señales de que ellos representan la primera generación de narco-operadores venezolanos transnacionales que han sido identificados y eliminados. En los últimos tres años, fuentes de InSight Crime en agencias de seguridad nacionales e internacionales han reportado la presencia de venezolanos que coordinan operaciones de tráfico de drogas en países como Costa Rica, Perú y las islas del Caribe holandés.

Un cartel de contratistas

El caso del Cartel del Malecón tiene una peculiaridad que indica que las conexiones entre la primera y segunda generación de narcotraficantes venezolanos son más que geográficas. Carlos José Gascón González tenía un alias conocido en el mundo criminal: El Gocho.

El verdadero nombre de El Gocho, que había negociado el caso de los narcosobrinos, era Juan Carlos González Contreras, quien es identificado en documentos judiciales venezolanos como uno de los testaferros de Gordito González, y su nombre aparece en los documentos legales de propiedades y negocios vinculados con el jefe del cartel. Pero todos sus rastros desaparecen a principios de la década de 2010.

Los primeros rastros de Carlos José Gascón González aparecen poco después. Cuando fue arrestado, cargaba varios pasaportes con diferentes nombres, uno de los cuales, según señalan varios medios, era Juan González.

A pesar de que InSight Crime no pudo confirmar si había dos El Gochos haciendo negocios de drogas en el Caribe o si era solo uno, las maniobras de González Contreras en el caso de los narcosobrinos demuestran la continuidad entre las generaciones de narcos, ya que es casi seguro que él no le estaba haciendo un favor a un traficante retirado: estaba haciendo negocios con alguien que sigue muy activo en el tráfico de estupefacientes.

Desde la cárcel, Gordito González no pudo reconstruir la infraestructura del Cartel de la Guajira ni intentar reclutar muchos miembros nuevos. En cambio, convirtió a la organización en un cartel de contratistas que podían conformar grupos específicos para cada cargamento. Así, su nueva base de operaciones comenzó a ser el principal punto de despacho de cocaína hacia República Dominicana y al Caribe holandés: el estado Falcón.

En Falcón, González Polanco y otros traficantes, como sus ocasionales socios comerciales del Cartel de Paraguaná, organizan envíos mediante intermediarios, quienes contratan a residentes de las comunidades locales para almacenar, custodiar y transportar cocaína.

“No se sabe a quién pertenece el cargamento, uno no tiene contacto directo con ellos, siempre hay un intermediario”, dijo a InSight Crime un pescador local, quien pidió permanecer anónimo. “Una persona te recluta, otra te paga, otra entrega la mercancía; a cada una la ves en una sola ocasión”.

Sin embargo, los operadores trabajan al margen de la acción; nunca se les ve cerca de las drogas.

“[González] Polanco es uno de ellos, pero casi nadie lo ha visto”, afirmó el pescador. “A todos los que movemos la mercancía nos pagan cuando la entregamos, y eso es todo”.

A pesar de su condena por narcotráfico, la principal ventaja de Gordito González son sus continuas alianzas con actores estatales corruptos. Múltiples fuentes de la región y el país declararon a InSight Crime que este tenía nexos estrechos con la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

“[González] Polanco es un peso pesado de la Guardia Nacional, tiene muchos aliados en sus filas”, dijo un oficial de la GNB en Falcón, quien habló con InSight Crime bajo condición de anonimato. “Los comandantes de la GNB en Falcón lo ayudan a transportar la mercancía y también tiene apoyo político”.

No se sabe cómo Gordito González conservó sus conexiones estatales, a pesar de que su sobrina se estableció en Colombia con Alcalá, ahora uno de los traidores más vilipendiados del régimen. Tampoco se sabe cómo continúa operando desde la cárcel, o incluso si realmente está en prisión.

A principios de 2020, varias fuentes le dijeron a InSight Crime que Gordito González dirigía sus operaciones desde una prisión en Barquisimeto, en el estado Lara, aunque una fuente también mencionó la prisión Vista Alegre en Anzoátegui. Ya en 2021, varias fuentes están convencidas de que Gordito González se encuentra en El Helicoide, la prisión de Caracas donde están recluidos presos políticos y otros personajes de alto perfil.

Muchas otras fuentes dicen que vive con su familia en Panamá. Los informes de prensa son igualmente confusos, y algunos afirman que escapó de prisión desde 2013. Una fuente dijo incluso que el encarcelamiento de Gordito González es una artimaña.

Muchas de las personas consultadas dicen que no se sorprenderían si alguna de esas versiones resulta ser cierta, pero todas están convencidas de una cosa: donde quiera que esté, Hermágoras González Polanco no está encerrado en una celda de prisión.

Independientemente de su ubicación, el hecho de que Gordito González siga siendo uno de los traficantes más poderosos de Venezuela, después de más de una década de haber sido arrestado, da cuenta de su capacidad para adaptarse al papel de operador en el tráfico de drogas venezolano. Pero el verdadero secreto de su permanencia ha sido su capacidad para seguir siendo útil para las redes del Cartel de los Soles y para los reguladores del narcotráfico en los niveles más altos del gobierno venezolano.

“Hay funcionarios del ejército y el gobierno que son cómplices de estos operadores; su objetivo es obtener dinero y mantenerse en el poder”, afirmó Mildred Camero. “Hay muchas, muchas personas involucradas en el tráfico de drogas en Venezuela, en los niveles más altos”.

Tomado de https://es.insightcrime.org/