“El Chapo” Guzmán: del auge y la riqueza a la más penosa de las caídas

Joaquín “El Chapo” Guzmán, el narcotraficante al que se recuerda por su impacto mediático y fugas de prisiones de alta seguridad, fue declarado culpable en febrero de 2019 de 10 delitos relacionados con el tráfico de drogas y lavado de dinero tras un juicio que duró casi cuatro meses y, posteriormente, fue sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos.

La esperanza siempre fue la última en morir para el Chapo, al menos hasta el pasado mes de enero, cuando las instancias judiciales se le agotaron y una Corte de Manhattan invalidó la apelación que pretendía evitar que pasará el resto de sus días en una cárcel de EEUU.

La corte de Apelaciones del Segundo Distrito, en Nueva York, defendió la justicia del proceso llevado a cabo contra El Chapo y desestimó los argumentos de la defensa, que entre otras cosas decía que los miembros del jurado habían incumplido con las normas al seguir el caso en los medios de comunicación.

En domicilio conocido

De esta forma, el último recurso con el que contaba la defensa del Chapo Guzmán quedó desestimado, y una vez más se ratificó la sentencia contra el ex cabecilla del Cártel de Sinaloa, que durante más de 30 años traficó toneladas de droga desde Centroamérica y Sudamérica hacia México, y de ahí hacia Estados Unidos y Canadá.

Lo hizo de todas las formas posibles: en barcos pesqueros, lanchas, aviones diseñados para evadir radares, vehículos de pasajero, trenes cargueros, submarinos, tractocamiones y túneles que no respetaron ninguna frontera terrestre.

En su juicio se presentaron como evidencia más de mil documentos y colaboraron más de 50 testigos, entre ellos funcionarios federales, aliados, familiares y hasta ex novias del narcotraficante. Los testigos también lo acusaron de haber sobornado a funcionarios de casi todos los niveles de la policía, el Ejército y la política de México, incluido un supuesto pago de USD 100 millones al ex presidente Enrique Peña Nieto.

El Chapo cumple cadena perpetua desde julio de 2019 en ADX Florence, también conocida como el “Alcatraz de las Rocosas”,la prisión federal de máxima seguridad en Colorado donde pasará el resto de sus días. Ahí comparte celda con Osiel Cárdenas Guillén, exlíder del Cártel del Golfo, Francisco Javier Arellano Félix, miembro del Cártel de Tijuana, y terroristas que estuvieron detrás del atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 y el Maratón de Boston el 15 de abril del 2013.

Por si fuera poco, dos años y medio después del encierro del capo vino un nuevo golpe para él: la detención de su esposa, Emma Coronel Aispuro, por el gobierno de EEUU debido a su complicidad con el Cártel de Sinaloa. La ex reina de belleza fue acusada por los delitos de lavado de dinero y tráfico de drogas. Sin embargo, solo fue condenada a 36 meses de prisión.

En otra época nadie habría llegado a imaginar que aquel joven de 15 años, que daba sus primeros pasos en el mundo del crimen como cuidador de campos de cultivo de marihuana, llegaría a formar parte de la historia del crimen mundial.

El Chapo tiene tres momentos clave en su trayectoria. El primero es cuando empezó a trabajar con Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del extinto Cártel de Guadalajara y uno de los principales narcotraficantes de cocaína en México durante la década de los ochenta.

El segundo episodio trascendental fue la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, a quien asesinaron el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara porque supuestamente lo habían confundido con Joaquín Guzmán. Se podría decir que a partir de ese momento se empezó a gestar la figura mítica del narcotraficante tradicional.

El tercer momento clave en la trayectoria del capo, sin duda, fueron sus fugas espectaculares de las prisiones. Sin embargo, también es a partir de esos eventos cuando se puede empezar hablar de su declive.

Tomado de Infobae