Amiga preocupada, hija querida, vecina amable: los disfraces de la gran simuladora y feroz asesina Pamela Hupp

Es difícil decir en qué momento la rubia y simpática Pamela Hupp dejó de ser la amiga entrañable, la madre protectora, la esposa fiel, la meticulosa trabajadora de pólizas de seguros y la hija solícita para convertirse en brutal asesina.

A la protagonista de esta historia le sobran los adjetivos calificativos y ha puesto en práctica casi todos los verbos negativos: matar, robar, apuñalar, empujar, drogar, mentir, defraudar, balear.

El real alcance de su carrera delictiva afloró al final, ya cometidos sus primeros dos crímenes. Cuando la policía la detuvo ya había conseguido que un inocente estuviera preso durante casi cuatro años.

Para comprender el orden de los hechos, hará falta mucha atención y no perderle jamás el rastro a Pam… quien ya llegó en marzo de este año -interpretada por Renée Zellweger– a una serie documental para televisión titulada Lo que pasa con Pam.

Historia de una amistad

Pamela Marie Neumann nació el 10 de octubre de 1958 en Dellwood, Missouri, Estados Unidos. Casi toda su vida adulta se desempeñó en la industria de los seguros. En dos oportunidades fue despedida de las compañías donde estaba trabajando por haber falsificado firmas.

El primer matrimonio de Pamela fue con un compañero del secundario. Duró seis años y le dio una hija a la que llamó Sarah. Cuando se divorció, conoció a Mark, un ex jugador de la liga de baseball que trabajaba como carpintero. Volvió a casarse y tuvieron un hijo, Travis, en 1989. Primero vivieron en Naples, Florida, y, en el 2001, se mudaron a O’Fallon, Missouri. Al poco tiempo comenzó a trabajar como administradora de la compañía State Farm.

Con Elizabeth “Betsy” Kay Meyer Faria, su íntima amiga, se conocieron trabajando en State Farm. Betsy vivía a 30 kilómetros suyo, en la ciudad de Troy, con su marido Russell “Russ” Scott Faria y las dos hijas que había tenido en un matrimonio anterior: Leah y Mariah Day.

En el 2010 sucedieron dos cosas casi simultáneas. Por un lado, Pamela dejó de trabajar en la empresa e inició un reclamo legal: aseguraba que los dolores de espalda, piernas y cuello le generaban incapacidad laboral. Estaba muy interesada en cobrar el dinero del seguro. Por otro lado, a Betsy le diagnosticaron cáncer de mama. Fue un golpazo. Empezó un tratamiento y, cuando estaban empezando a digerir el mal trago, en octubre de 2011, recibió una noticia aún más devastadora: su cáncer había hecho metástasis en el hígado. Betsy tenía los días contados.

Pamela estuvo ahí siempre, acompañándola y dándole ánimo. Incluso, para entretenerla, se le ocurrió que ambas empezaran a recolectar dinero para ayudar a otras personas tan enfermas como Betsy, pero sin medios económicos. A la enferma le pareció una excelente idea y, a pesar de su salud endeble, puso energía en hacerlo. Se entusiasmó: había encontrado un sentido solidario para seguir adelante.

La punta del ovillo

El martes 27 de diciembre de 2011, Pamela (53) acompañó a su querida amiga Betsy (42), a quimioterapia en el Centro Oncológico Alvin J. Siteman. Betsy ya transitaba la fase terminal de su enfermedad. Con paciencia, Pamela la esperó en el lugar. Al terminar, insistió en llevarla a visitar a su madre. Betsy accedió, lo cierto es que tenía ganas de verla. Pamela también la esperó allí y, luego, manejó hasta la casa de Betsy donde la dejó a las 19 horas.

Le había dedicado el día, se había comportado como una verdadera amiga.

A las 19.21 una de las hijas de Betsy llamó a su madre, pero ella no respondió el celular.

Russ Faria, marido de Betsy, se había ido a las 17 horas a la casa de su amigo Michael Corbin para conversar un rato y ver unas películas. A las 21 decidió volver a su casa, Betsy ya habría regresado y estaría sola. Se subió a su auto, manejó hasta el restaurante Arby ‘s donde compró comida y siguió camino. Llegó a las 21.40. Abrió la puerta y llamó a su mujer.

Le llevó un par de segundos darse cuenta de que estaba en medio de una escena de infierno: Betsy, acurrucada sobre el sofá del living, estaba inmóvil rodeada de un líquido rojo. El mango de un cuchillo de cocina sobresalía de su cuello.

Enloquecido, casi sin poder expresarse, Russ discó el número de emergencias 911. Dijo algo como que su mujer se había suicidado. Pagaría carísimo esa confusión.

Los médicos llegaron en diez minutos. No había nada que hacer. Dictaminaron que hacía más de una hora que la víctima estaba muerta. Debajo de un almohadón se encontró un segundo cuchillo.

La autopsia contó las heridas de Betsy: cincuenta y cinco puñaladas y dos cortes hasta el hueso en cada una de sus muñecas.

Cuando la policía citó a declarar a Pamela Hupp, su amiga de fierro, ella apuntó sin dudar contra Russ. Dijo que era violento y alcohólico, que Betsy quería divorciarse y sugirió revisar la computadora de su amiga. Allí, los peritos informáticos encontraron un documento escrito, supuestamente, por Betsy donde la víctima aseguraba tener miedo de que su marido la pudiese asesinar.

Los policías revelaron, además, que en los interrogatorios Pamela había deslizado haber tenido una relación sexual con su amiga y que, esa tarde del crimen, al dejarla en su casa ella había observado a Russ sentado, junto a otro hombre, dentro de un auto estacionado en la calle.

No hizo falta más. Russ Faria marchó preso.

Una injusta condena

Russ fue arrestado al día siguiente del homicidio de su mujer. Los investigadores estaban convencidos de que él era el auténtico y único culpable.

Su estado volátil y emocional no colaboró. Estaba tan nervioso que falló en el polígrafo. No pasar el detector de mentiras fue crucial.

El 4 de enero de 2012, un día después del funeral de su esposa, Russ fue imputado por homicidio en primer grado. La fianza que le impusieron fue de unos 300 mil dólares.

El primer juicio contra Russ Faria comenzó el 18 de noviembre de 2013. La ausencia de sangre en su ropa, los testimonios de los cuatro amigos con los que había estado, las llamadas telefónicas que lo ubicaban a 32 kilómetros de su casa al momento del crimen y la evidencia de las compras que había hecho en distintos negocios no alcanzaron para convencer al jurado de su inocencia.

La fiscalía vociferó que Russ estaba proporcionando coartadas falsas complotado con esos amigos, quienes se habrían hecho pasar por él llevando su teléfono a todos lados. Esto, sumado al hecho de que el juez, Chris Mennemeyer, les negó a los abogados de la defensa la posibilidad de presentar las pistas que apuntaban hacia Pamela Hupp, definieron la suerte de Russ. Una de esas pistas desechadas eran los registros de la antena del celular de Pamela que delataba que ella había estado cerca de la escena en el horario del asesinato. Además, había un detalle jugoso: Pamela era la beneficiaria de la póliza del seguro de Betsy.

Dos días después de iniciado el juicio, Russ Faria fue declarado culpable. Un mes más tarde fue sentenciado a 30 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional y enviado al correccional de Jefferson. La madre de Russ se desmayó en la sala al escuchar la condena.

La sentencia fue festejada por la hermana de Betsy, Julie Swaney, quien llegó a decir que Russ Faria debía haber estado muy enojado con su hermana por el cambio de beneficiario de su póliza efectuado días antes de la muerte. Y agregó que ella sabía que, en una oportunidad, él había puesto una almohada sobre la cara de Betsy y le había dicho: “Así es como se siente morir”.

La segunda oportunidad

Los abogados de Russ Faria apelaron varias veces mientras él estaba desesperado tras los barrotes. Finalmente, después de mucho batallar, en el 2015 consiguieron que se llevara a cabo un segundo juicio.

Su defensor hizo notar a los presentes que aquella historia de la almohada que había relatado Julie Swaney, en realidad, se la había contado a ella la amiga de Betsy, Pamela Hupp. Un detalle no menor.

Las hijas de Betsy, pasados los años, terminaron pidiendo perdón a Russ por haber creído en su culpabilidad. Es extraño, pero Pamela Hupp no fue llamada a declarar esta vez por ninguna de las partes.

Una de las pruebas presentadas en el nuevo juicio fueron unas pantuflas que se encontraron en el vestidor de Betsy y que tenían sangre de ella. La defensa de Russ argumentó que esa prueba había sido plantada por Pamela Hupp, al igual que la nota hallada en la computadora de Betsy donde la víctima hablaba mal de Russ.

Esta vez fueron contemplados todos los indicios, el jurado quedó convencido de la inocencia de Russ y el juez Steven Ohmer de la corte de St Louis lo exoneró el 7 de noviembre de 2015. Su familia lloró de emoción en la sala. Russ, aliviado, dijo que había quedado demostrado que decía la verdad: “Yo amaba a mi mujer y no la maté”.

Todas las pistas señalaban en otra dirección. La real sospechosa del crimen era ahora, nada menos, que su gran amiga Pamela Hupp quien había cobrado la póliza de su seguro de vida de unos 150 mil dólares. Un seguro que había sido modificado por Betsy, a favor de Pamela, cinco días antes de morir a cuchillazos.

Si bien las hijas de Betsy iniciaron acciones legales contra Pamela para recuperar ese dinero, fracasaron en el intento.

De aquella colecta para pacientes oncológicos sin recursos, organizada por las íntimas amigas, la familia de Betsy no sabía nada. Se enteraron por la cadena de televisión Fox 2 News años después de su violenta muerte.

A todo esto había que sumarle un par de llamados anónimos a los detectives de homicidios. Hablaban sobre el extraño comportamiento de Pamela Hupp. Uno remarcó unos dichos sobre su propia madre, quien según ella había muerto por Alzheimer. En realidad, la madre de Hupp, había fallecido al caer por una ventana y la beneficiaria de su póliza era…¿ya adivinaron? Pamela.

Una muerte “conveniente”

Luego del segundo juicio, la consiguiente liberación de Russ Faria y en medio de los rumores por su posible vinculación con el asesinato de su amiga Betsy, Pamela pergeñó otro crimen.

Este sí la enviaría a la cárcel sin escalas.

Louis Royse Gumpenberger vivía en Union, Missouri. Como consecuencia de un accidente de auto en el año 2005, había quedado discapacitado mental y físicamente.

El martes 16 de agosto de 2016, alrededor de las doce del mediodía, Pamela Hupp llamó al 911 para decirles que estaba sufriendo una intrusión en su casa, ubicada en el número 1260 de la calle Little Brave Drive, en O’Fallon. Luego de cortar el teléfono, gatilló cinco veces su arma. Gumpenberger murió de inmediato y quedó tirado en el hall de entrada. Pamela llamó, por segunda vez, a emergencias solicitando ayuda. Cuando la policía llegó al lugar, ella tenía en una mano el teléfono con el que estaba hablando y, en la otra, un revólver. En la ropa del hombre muerto (que fue luego identificado por sus huellas dactilares) hallaron 900 dólares y una nota con instrucciones: “Secuestra a Hupp, toma el dinero de Russ de la cuenta bancaria de Hupp (…) Lleva de vuelta a Hupp a su casa y deshacete de ella al estilo de Russ. Asegurate que haya un cuchillo saliendo de su cuello”. El pago, decía el mismo escrito, serían 10.000 dólares.

Pamela fue con los agentes al departamento de policía de O’Fallon. En la entrevista relató que ese hombre, Gumpenberger, bajó armado con un cuchillo de un vehículo en el que estaba acompañado por otra persona, la amenazó para subirse a su auto y le exigió que “manejara hasta el banco donde tenía cuenta para recuperar el dinero de Russ”. Aseguró que entonces, con un golpe de karate, hizo volar el cuchillo de Gumpenberger y huyó hacia dentro de su casa donde tomó el revólver Ruger LCR y le disparó para defenderse mientras él entraba a su propiedad persiguiéndola.

Esta vez no le creyeron tan fácilmente. La fiscalía y la policía investigaron bien y lograron demostrar que Pamela había llevado engañado a Gumpenberger hasta su casa. Lo había convencido de que se llamaba Cathy y que era una productora del programa de televisión Dateline de la NBC. Cathy le había ofrecido actuar una llamada al 911. Él había accedido, pero lo que hizo ella una vez que él estuvo dentro de su casa fue dispararle a quemarropa. Su plan era implicar al ya liberado Russ Faria en un atentado contra su vida. Para ello plantó el cuchillo, el dinero y la nota en los bolsillos del cadáver. Gumpenberger había sido elegido al azar, quizá por estar más indefenso a causa de sus limitaciones físicas y mentales.

En la investigación quedó claro que Pamela y Gumpenberger no se conocían de antes. Las antenas de los celulares demostraron que el celular de Pamela había estado en el vecindario de Gumpenberger menos de una hora antes de su muerte.

El dinero encontrado en los bolsillos de Gumpenberger tenía números correlativos y Pamela tenía en su poder algunos billetes con esas mismas secuencias. El cuchillo con el que decía haber sido amenazada Pamela, había sido comprado en una cadena barata llamada Dollar Tree, en la ciudad de O’Fallon, al igual que muchísimos otros objetos hallados en su casa. Hasta el papel de la nota encontrada con las instrucciones escritas había sido comprado por ella.

Había algo más. Este no había sido el primer intento de Pamela para engañar a alguien. Seis días antes, el 10 de agosto, un reporte policial del condado de St. Charles tenía una denuncia que describía a una mujer, parecida a ella, que se había aproximado a una persona llamada Carol Alford. Esa persona le dijo a Alford casi lo mismo que le había dicho Pamela a Gumpenberger: que era una productora del programa Dateline de la NBC y que le ofrecía 1000 dólares para actuar una llamada al 911.

Como estratega Pamela demostró ser muy mala. Fue arrestada el 23 de agosto e imputada de asesinato en primer grado. Luego de ser detenida pidió ir al baño. Una vez fuera de la vista de su custodia, intentó clavar una birome en su cuello y cortarse con la punta sus muñecas. No lo consiguió. La fianza impuesta fue de dos millones de dólares así que llegó presa a juicio.

El 31 de enero de 2017 Pamela Hupp se presentó en la corte y se declaró inocente. En marzo los fiscales dijeron que pedirían para ella la pena de muerte. Para evitar la pena capital terminó llegando a un acuerdo y se declaró culpable. El juicio se llevó a cabo en junio de 2019 y en agosto fue sentenciada a cadena perpetua y recluida en el correccional de Chillicothe.

Empujar a mamá

Apenas fue imputada por la muerte de Gumpenberger en el 2016, Pamela comenzó a ser sospechada por otra muerte, la de su propia madre Shirley Neumann, ocurrida tres años antes. Veamos.

Shirley Mae Neumann (ex maestra de escuela, viuda y madre de cuatro hijos) vivía sola en un departamento dentro de un complejo para personas mayores autosuficientes en Fenton, Missouri. Tenía 77 años, un principio de demencia y sufría de artritis. La noche del 29 de octubre de 2013, Shirley durmió en la casa de su tercera hija, Pamela, luego de haberse hecho unos chequeos en el hospital por sus dolores de espalda.

El miércoles 30 de octubre, a las 5 de la tarde, Pamela Hupp llevó de regreso a su madre al departamento ubicado en el tercer piso dentro del complejo donde vivía. La dejó y, al retirarse, instruyó al staff del lugar para que la dejaran tranquila hasta la mañana siguiente. Dijo que su madre necesitaba descansar y que no la esperaran para la cena ni para el desayuno.

Al día siguiente, 31 de octubre, la empleada de limpieza entró al departamento y escuchó correr el agua del baño. Vio que la puerta del balcón estaba abierta y observó que la baranda de aluminio estaba rota. Eran las 14.30 cuando se asomó. Desde arriba vió el cuerpo sin vida de Shirley. Estaba tirado sobre el pasto, en camisón, justo debajo del balcón y entre dos gnomos decorativos que había derribado en su caída. Parecía una broma negra de la celebración Halloween que habría esa noche, pero no. Shirley había caído hacia su muerte.

Los médicos dictaminaron, sin mucha vuelta, que había fallecido por el trauma ocasionado en la caída accidental, a pesar de que la autopsia reveló que tenía en sangre ocho veces más sedantes que la dosis esperable. Luego, se supo que su hija era beneficiaria del seguro de vida y que, cada uno de los hijos, recibió 120,000 dólares de las inversiones de Shirley.

Ese mismo año, antes de la caída al vacío de su madre, Pamela había quedado grabada en un desafortunado video en el que se defendía de los rumores por la muerte de Betsy Faria: “Mi madre vale medio millón de dólares que yo tendré cuando ella muera […] si yo realmente quisiera el dinero, hay maneras más fáciles que pelear físicamente con alguien que es más fuerte que yo (por Betsy)”.

Tuvo que existir otra denuncia anónima para que la policía decidiera actuar en el caso de Shirley. Ese testigo encubierto les dijo que Pamela podría haber empujado a su madre. Esto sumado al asesinato de Gumpenberger hizo que empezaran a dudar. En noviembre de 2017, un perito médico del condado cambió la causa accidental a “indeterminada”. Lamentablemente, la investigación no pudo avanzar y determinar lo ocurrido. Pamela no fue imputada y el caso quedó cerrado, aunque nadie tenga muchas dudas sobre su funesta intervención.

Querida amiga

En marzo del año 2020 Russ Faria fue resarcido con un acuerdo por más de dos millones de dólares por todo lo vivido. En septiembre de 2020, Mark Hupp llenó los papeles de divorcio diciendo que su matrimonio estaba irremediablemente roto. Ya era hora, no se puede ser tan ciego. Fue recién el 12 de julio de 2021 que Pamela Hupp fue acusada por la muerte de Betsy Faria. ¿El móvil? Puramente económico.

La fiscalía sostiene que Pamela apuñaló una y otra vez a su indefensa amiga mientras descansaba en el sillón. Cuando estuvo segura de que ya no respiraba le sacó las medias y las usó para desparramar sangre alrededor de la casa. Quería dar la impresión de que había sido una muerte producto de violencia doméstica. Dejadas las huellas tuvo la sangre fría suficiente para volver a poner las medias al cadáver de Betsy.

Entre los puntos que la fiscalía remarcó para acusarla estuvieron:

-que Pamela fuera la beneficiaria del seguro de vida de Betsy de 150 mil dólares, modificado pocos días antes del asesinato.

-que había dicho que le daría ese dinero a las hijas de su amiga, pero jamás lo hizo.

-que tenía un plan. Betsy ya tenía contratado un transporte para ir a su sesión de quimio, pero Pamela Hupp había insistido en llevarla.

-que la posición del cadáver sugería que quien le había quitado la vida contaba con la confianza total de la víctima.

-que Pamela envió a Betsy un mensaje a las 19.20 del día del crimen donde le decía “Llegué a casa”. Sin embargo, las antenas dijeron otra cosa: había sido enviado cuando Pamela estaba todavía demasiado cerca de la casa de Betsy.

Una audiencia que se iba a llevar a cabo en febrero de este año debió postergarse sin nueva fecha debido a que el defensor oficial de Pamela Hupp murió de un ataque al corazón. La muerte siempre está a la vuelta de dónde vive nuestra protagonista.

Todavía le queda enfrentar este nuevo juicio, algo que puede demorar un buen tiempo, pero mientras va ganando una oscura celebridad como asesina en serie.

Después de un podcast con su caso que hizo la NBC, en los últimos dos años fueron editados dos libros sobre ella. Y, en marzo de 2022, saltó a la fama cuando llegó a la pantalla chica un docudrama de seis capítulos de la NBC llamado Lo que pasa con PamAquí lo pondrá al aire Star+ el próximo 25 de mayo. Su malvado papel quedó en manos de la famosa actriz, ganadora del Oscar, Renée Zellweger. Además, la asesina aterrizó en las tapas de revistas de personajes célebres. La publicación norteamericana People la puso recientemente en su portada con el título La asesina de la puerta de al lado.

Pamela Hupp mató sin piedad y siempre motivada por el dinero. Con 64 años, la convicta no ha dicho nada sobre su fama internacional. Seguramente esté furibunda por no poder explotar comercialmente ella misma su taquillero caso y llenar los bolsillos (si es que los tiene) de su mameluco naranja.

Tomado de Infobae