Javiera Mena, ícono del electropop en español, monta su propia isla de lesbianas

Javiera Mena armó su propia isla de Lesbos. En su isla hay una pileta, hace calor pero no sofoca, se come torta de merengue con la mano, se beben tragos sin parar. El centro de su isla es una mansión con ventanales altos y balcones de cemento. Ella la recorre vestida con un traje blanco y unas gafas de marco del mismo color.

A mediados de este mes en el que mundialmente se celebra el orgullo LGBT+, Javiera Mena, la cantante chilena icono del electro pop lanzó “La isla de Lesbos”, un single previo a la presentación de “Nocturna”, su próximo disco que saldrá en septiembre. Viajó a Buenos Aires, capital del país donde, según dirá más tarde, se siente muy apreciada, para filmar un videoclip en el que montó un paisaje habitado por lesbianas de todos los colores, un imaginario lesbo-hedonista pocas veces visto en la pantalla.

“Ven a mí, desde Creta hasta este templo sagrado, donde tienes un agradable bosque de manzanos, y humean los altares con incienso, y agua fresca murmura entre las ramas de manzano”, dice Safo, poeta oriunda de la isla griega de Lesbos quien da nombre al lesbianismo, en algunos versos. Como Safo, Javiera busca a una segunda persona, a una mujer, a una otra. Tanto en este videoclip, hecho por PARDA con dirección de Miche, como en el resto de sus letras, Javiera invita a otras, las arrastra de la mano hasta su propio edén pop.

Desde Madrid, la ciudad donde vive actualmente y prepara su gira Nocturna, Javiera Mena, una de las grandes voces cuir de Latinoamérica, se hace un rato para hablar con Infobae acerca del lanzamiento de su quinto disco de estudio, su lugar como referente lesbiana en el mundo del pop, su vínculo con Argentina y Chile y con quién le gustaría grabar un próximo feat.

—¿Cómo te imaginás tu propia isla de Lesbos? ¿Quiénes están, qué hacen, qué música suena?

—Serían todas mis amigas. Mi sueño es algún día poder juntar a toda la gente que conozco de España, México, Argentina. Varias de esas personas son lesbianas, son chique o son gente que tiene una energía femenina muy desarrollada y no tiene miedo de mostrarla. Estarían todas ahí escuchando Sade y cosas de los años ochenta y noventa, y terminaríamos bailando tecno y reggaeton, un ambiente tecno y otro reggaeton.

—¿El paisaje es el de una isla?

—Sí, una isla con mucha vegetación. Una isla medio salvaje. Sería una isla de Latinoamérica, no del Mediterráneo.

—¿Por qué elegiste filmar “La isla de Lesbos” en Buenos Aires?

—Por Miche, la directora. Con ella hicimos “Amuleto” y me enamoré de su trabajo. Es muy talentosa y también era lesbiana, entonces, pues, perfecto. Me gusta lo que vi en “Amuleto”, la visión erótica del deseo. Es más lúdico este video, pero porque la canción también lo ameritaba. Es difícil hacer match con un director. Y además me gusta la manufactura que tienen en Buenos Aires para los videos. Tienen algo muy de ahí. Y las locaciones también. Hay algo atemporal que me encanta.

—¿Cuál es tu vínculo con Argentina hoy?

—Amo Argentina. Mi vínculo ha cambiado pero siempre sigue siendo el lugar donde me siento más querida. Dos de los chicos que tocan en mi banda son argentinos. Una es Anuk, que toca con Miranda!, y Facu, que es un chico que hace un montón de electrónica. Desde mis primeros discos sentí que hice un match con la gente ahí. Bueno, Índice Vírgen me editó un disco antes que en Chile. Entonces, al ser extranjera, me valoran mucho y siento que aprecian mucho lo que hago. Me he focalizado más en España, pero mi vínculo sigue siendo muy intenso.

—A principios de este año colaboraste con Marilina Bertoldi en su canción “Amuleto”, y se dijo que fue el primer videoclip latinoamericano protagonizado por dos artistas abiertamente lesbianas, ¿lo es?

—Bueno, está esa presentación de Sandra Mihanovich con Celeste Carballo, pero no eran abiertamente lesbianas. No habían dicho: “Soy lesbiana”. No eran militantas. Tiene que haber alguno más del underground, pero a este nivel creo que es el primero. Es espectacular lo que ha pasado con ese video. Me encanta la canción, haber conocido a Marilina y a Miche trajo pura buena ventura. Creo que va a quedar grabado para siempre porque puso a las lesbianas en otro sitio.

—¿En cuál?

—En un lugar muy pop y muy erótico pero también luminoso y sexy. Se nota que la directora es lesbiana. Y la historia es muy pop.

Tenés un recorrido siendo abiertamente lesbiana en el mundo de la música. ¿Qué significa ser lesbiana hoy, a diferencia de cuando empezaste en 2006?

—Mi percepción de ser lesbiana no ha cambiado mucho. El mundo ha cambiado. Cuando yo salí había pocas, yo lo decía para conocer más lesbianas también. Como en mi casa no había problema con eso, lo decía abiertamente y, claro, me convertí en “la” lesbiana del país, ¿cachai? “Mira, ahí va la cantante lesbiana”, decían. Entonces como primero era eso y ahora tenés a Tokischa cantando de las lesbianas, todas las chicas son bisexuales, es muy normal. Eso ha cambiado y ha cambiado por ende la sociedad. Ayer hablábamos con unos amigos que en el urbano se habla mucho del lesbianismo pero no hay chicos gay. Entonces hay un permiso. Alguien está dando permiso para que las lesbianas canten ahí pero no los maricones. Tú te vas dando cuenta que también existe la lesbiana como objeto erótico de los hombres, que les gusta, que nos aceptan porque les hacemos gracia. La lesbiana con poder se viene dando porque hay un permiso, nos dieron el paso.

¿Hubo clóset para vos?

—Nunca estuve en el clóset. A veces me he closeteado. En una peluquería, por ejemplo. “¿Cómo se llama tu novio?”. Y yo sola ahí desprotegida en una peluquería del sur de Chile digo: “No, no tengo novio”. En ese tipo de situaciones me he closeteado. Pero nunca estuve en el clóset, por lo menos con mi familia.

—¿Desde qué edad te asumís lesbiana?

—Desde los catorce, quince. Igual tuve un novio. Pero a mí me gustaban las chicas. Y conocí a una chica muy joven. Entonces mi mamá me escuchó, porque estaba siempre escuchando lo que yo hacía, y ahí ella me dijo: “Oye, ¿te gustan las chicas?”. Y yo: “Sí”. Y ella: “Bueno, haz lo que quieras pero dentro de tu habitación”. Había cosas más importantes. Me aceptaron, pero obviamente a mi mamá le hubiera gustado que yo fuera hetero, lo más normal, con mi familia. Al final le encanta, se caga de risa.

—¿Te molestó en algún momento eso de “allá va la cantante lesbiana” o lo abanderaste desde un principio?

—Al comienzo pensaba que estaban hablando de mi lesbianismo y no de mi música, pero después me di cuenta de que era lo que había y había que estar ahí. El mismo público me hizo parte de un movimiento LGBT+ del cual yo era parte, y una parte importante me hicieron ver. Con el paso del tiempo, yo misma me di cuenta de que era importante. En el Benidorm Fest dije abiertamente “voy a lesbianizar Europa”. Ese relato tiene que estar presente conscientemente. Es importante. No por aprovecharse, viene de un lugar auténtico.

—Se te reconoce como uno de los íconos pop cuir de Latinoamérica, una lesbiana referente del electro pop que vive en Madrid. ¿Qué comparación podés hacer entre ambas realidades para la comunidad LGBT+?

—Es loquísimo porque estamos muy lejos. Hablamos el mismo idioma, tenemos una historia que nos unió pero somos otros mundos. Acá [España] está mucho más el amor de consumo rápido, los gays y cada vez más las lesbianas. Poca conexión más profunda porque la gente anda a mil. Hay como un sobre-hedonismo. En Latinoamérica la comunidad la tiene un poco más difícil y somos más conectados los unos con los otros. Yo me vine pa acá porque no sentía miedo de vivir sola, de ser lesbiana, por todo ese tipo de cosas es un placer estar aquí. Sé que todavía en Chile hay crímenes de odio contra lesbianas, marimachos, en pueblos, y yo soy muy temerosa de eso.

—¿Cómo es tu vínculo con Chile?

—Voy siempre. Me quedo los veranos todo lo que pueda. Ahí está mi familia, una familia grande. Extraño también. Me encantaría en algún momento regresar. Estamos en un momento complejo igual, de cambio, de reacción de la nueva constitución. El estallido social sigue latente. Estamos levantándonos de las cenizas porque fue muy intenso lo que pasó. Es un renacer súper bonito pero está todo todavía incandescente del fuego que dejó el estallido. A mí me encanta ir porque me encanta la energía. Soy mucho más creativa allá que acá, por ejemplo. El espacio amplio… Se me empiezan a ocurrir cosas.

—En septiembre sale “Nocturna”, tu quinto álbum de estudio. ¿De qué está alimentado?

—Del estallido social en Chile. Ahí empecé a partir este disco, entonces es como el fuego de la noche. También es un disco raro porque como hubo una pandemia saqué muchos singles. Entonces la mitad de los temas ya se escucharon. Es un disco muy nocturno. Madrid o Santiago de Chile de noche, fiestas, mucho erotismo. Canciones susurradas. Mucho de incitar que alguien venga y se acerque a ti. Y también mucha influencia de la música de los noventa, como Lisa Stansfield, George Michael, mucho saxo. Una onda medio Aspen: adult contemporary pop.

—¿Cuáles son los planes con el disco?

—Salir a tocarlo, hacer una gira. Vamos a presentarlo con Björk y Julieta Venegas en el Primavera Sound Argentina. También haremos fechitas por el interior. Quiero hacer un buen show, que vuelvan mis canciones antiguas y las nuevas. Esa es la idea: presentarlo y tener una bandota para mostrarlo porque es un disco más tocado.

—En estos años seguiste eligiendo la constante del electro pop en una época que se vuelca a la producción de música más urbana, como el trap o el reggaeton, ¿te influye?

—En general, de la juventud me influye su frescura. Más que el propio género, me gusta escuchar los discos de Bad Bunny, sus canciones me parecen una obra maestra. Caigo en esa lógica del rebaño. Me gusta mucho Cazzu también. Esa frescura encuentro rico sentirla, me inspira, pero no quiere decir que vaya a hacer trap. Ver cómo va reflejando el arte las nuevas generaciones es muy bonito de ver, lo encuentro una maravilla. Si es un reflejo de los tiempos será porque es así nomás. Y hay que mirarlo tal como es.

—¿De dónde vienen tus letras, ese campo semántico cósmico que construís?

—De mis viajes desde muy niña al sur de Chile. Veíamos las estrellas de noche. En Chile tenemos grandes territorios sin luz, entonces hay mucha conexión. Lo que se produce con la cordillera y el mar, hace que sea seco y el cielo muy nítido. Y estamos muy conectados con el cielo, más que en otros lugares. En Latinoamérica somos pachamámicos, digamos. Me produce vértigo ver las alineaciones de los planetas. Brilla por sí solo. Y encontré un lugar ahí para hacer de todo.

—En “Entusiasmo” hay muchas colaboraciones, con Chico Blanco, Vladi Cachai y Zoe Gotusso. ¿Cuál es tu próximo feat?

—Björk (se ríe). Sandra Mihanovich, alguna vez hablé con ella para hacer algo. Ya cumplí varios sueños. Me gustaría hacer algo con Natalia Lafourcade, la encuentro una maestra.

Tomado de Infobae