No tiene empleo pero mima a su hijo como millonario: baños de leche y miel, chupete de oro de US$ 1.200 y más caprichos

La crianza sin duda marca las primeras relaciones del niño con sus padres, y luego con el entorno. Marcará su desarrollo y su adaptación a la vida. En medio del debate sobre diferentes modelos, el caso de bebé de un año se hizo viral por excéntrico asociado al de un millonario.

Kasey Akram, autodenominada madre a tiempo completo en Reino Unido, cuenta que le encanta consentir a su bebé de un año Jareem, al punto que lleva gastados miles de dólares y no puede parar.

Posesiones y hábitos de millonario

No está claro si esta mujer piensa como todos en criar a nuestros hijos para que sean adultos exitosos y felices, o si su decisión tiene más que ver con algo vinculado a su personalidad.

Algunas de las posesiones más extravagantes de Jareem incluyen una cadena Versace de US$ 900, un brazalete con incrustaciones de diamantes de US$ 1.100 e incluso el llamativo chupete de oro sólido valuado en US$ 1.200.

Pero hay más el considerado el niño más mimado de Gran Bretaña y tiene que ver con el baño del bebé, un momento que debería trasformarse en relajante para la criatura: se baña en leche tibia y miel. 

“Tan pronto como tuve a mi hijo pequeño, mi obsesión cambió de cómo me veía yo a centrarme en mi hijo», sostuvo Kasey, de 32 años y oriunda de Sheffield, en South Yorkshire.

«Es el niño más encantador del mundo y me he peleado con amigos por cuánto he gastado en él. Compro mi ropa en galpones, de intercambio o con descuento para poder gastar todo en mi hijo«, revela la mujer según Mirror.

«Uso algo de caridad mientras él usa una camiseta de US$ 60. No exagero, pero si tuviera la opción caminaría desnuda para que él pudiera usar lo mejor de lo mejor», amplía la cuestionada madre.

¿Bebé malcriado?

Kasey continúa con su relato, y toca el punto de cómo obtener el dinero suficiente para los gustos extravagantes. «Lo que le gusta, lo obtiene; y si no puedo pagarlo, llamo a su padre y consigo el dinero», afirma contundente quien ahora no tiene empleo.

Kasey, quien anteriormente trabajó como bailarina y modelo, recuerda que solía ser de esas jóvenes que no tenía interés en tener un hijo. Pero después de quedar embarazada de Jareem en 2020, rápidamente se enamoró del niño y supo que quería tratarlo bien.

Claro está, hoy el día a día de Kasey cambió y posee una rutina muy rigurosa. Se despierte a las 6 de la mañana todos los días para prepararle al pequeño el desayuno caliente y se lo lleva a la cama.

Luego llega el turno del extravagante baño, con leche y miel un par de veces a la semana, seguido de aceite para bebés y un masaje mientras mira a Peppa Pig en la televisión de su habitación, que ella trasladó allí desde la sala de estar.

Sus mimos no terminan allí, ya que lo lleva a cortarse el cabello una vez cada 15 días e insiste en que lo haga el gerente de la barbería y no un empelado menos calificado. También va con ella al salón de uñas, donde el personal le hace una mini pedicura.

Más caprichos extravagantes

Como la madre es alérgica a cualquier metal que no sea el oro puro, especula con que él también lo sea y pese a que nunca le hizo una prueba compra todo de oro. 

Más ejemplo muestran que la mujer prioriza a su pequeño sin siquiera dudarlo: cuando se rompió su cama, en lugar de arreglarla o reemplazarla le compró una cama-trancor de US$ 350 para su hijo y ella empezó a dormir con el colchón en el suelo.

En cuanto a la alimentación, emplea una dieta completamente orgánica. Tampoco le permite beber agua de la canilla para evitar la presencia de cualquier bacteria pese a ser potable. De hecho, despidió a la niñera por dejar que lo haga. 

“Nunca vio una rebanada de pan blanco en su vida y lo que yo como, él lo come: le gustan las aceitunas, los pimientos asados, todos dicen que tiene un paladar refinado», explica Kasey. 

“Todavía se despierta cinco veces por noche y al parecer soy demasiado suave con él, pero cualquiera que tuvo un hijo en medio de la pandemia lo entendería», resalta la madre.

Debate sobre el futuro del niño

El apego de Kasey con Jareem es tan grande que la mujer ya se plantea un escenario temerario: cuando el chico sea más grande, tenga novia, y ella la odie.

“Su papá siempre dice que cuando cumpla 18 años tendrá novia y se mudará, pero yo digo que no, que tendremos literas cuando sea demasiado mayor para compartir cama conmigo«, sentencia lo que podría sonar patológico.

En esa misma y cuestionable línea, la madre cuenta: “Me leyeron la palma de la mano cuatro veces en el último año, lo que me costó US$ 240 en total, porque como era bebé y no podía hablar quería saber qué le gustaba y cuál era su color favorito».

A propósito, ejem plica sus hábitos con un día típico de compras: a la mañana gastó centavos en par de zapatos de oferta para ella y por la tarde compró zapatillas Gucci para su bebé. “A él le gustan las zapatillas deportivas, pero nunca lo dejaría andar con unas horribles o baratas», opina.

Pese a que le llueven las críticas de propios y extraños, ella no sale de su senda de gastar el dinero -incluso el que no tiene- en su hijo. Sea o no justificado, para quien la juzgue. 

De todos modos, no siempre pasa por alto el tema del dinero, y una anécdota le da la razón: “Gasté US$ 1.200 en un muñeco de oro macizo y se le cayó durante un paseo por la ciudad y lo perdió. Lloré durante tres días…».

Tomado de Clarín