Dragones marinos: la extraña criatura que se diferencia del caballito de mar por la falta de algunos genes

El dragón marino es una de las criaturas más extrañas del océano. Pertenece a la familia de los hipocampos y los peces pipa y sus similitudes son notorias, aunque también sus diferencias. Con el primero se asemeja en algunos rasgos del cuerpo y con el segundo comparte el hocico largo y estrecho que usa como una pajita para chupar la comida de crustáceos microscópicos.

Los dragones marinos, igual que sus primos los hipocampos, gestan los óvulos fertilizados de la hembra en una bolsa. Además, están cubiertos por una armadura ósea en lugar de escamas y las espinas dorsales están torcidas.

Hay dos grupos de dragones marinos, los que se camuflan entre las algas, llamados frondosos, que poseen extensiones como si fueran hojas, que los hace casi invisibles entre la vegetación marina del sur de Australia, y los llamados Weedy (maleza), que son más aerodinámicos y más coloridos, con rayas moradas y lunares amarillos.

Científicos de la Universidad de Oregon, en Estados Unidos, realizaron una investigación genética que se inició con una pregunta: ¿cómo fue que los dragones marinos llegaron a tener ese aspecto tan extraño?. “Estamos realmente fascinados por, ¿cómo pueden tener un organismo que se ve así?, ¿qué ha cambiado en el genoma?”, se preguntó Bill Cresko, uno de los autores del estudio. El trabajo, que fue publicado en junio en Proceedings of the National Academy of Sciences, secuenció los genomas de dragones marinos frondosos y maleza y los comparó con otros peces.

Pero, ¿por qué a los científicos les llamó la atención de esta criatura?, que es verdaderamente extraña, por cierto. Los expertos estimaron que algo inusual había ocurrido con los genes del factor de crecimiento de fibroblastos “que son realmente importantes para el desarrollo de cosas como los dientes, que no tienen, o la forma de las caras o crecimiento de apéndices, por nombrar solo algunos”, dijo Susie Bassham, investigadora en el laboratorio del doctor Cresko y también autora del artículo.

La sorpresa llegó cuando detectaron que los dragones marinos no tienen varios de los genes que son clave en el desarrollo. “Realmente no lo creía al principio”, dijo Clay Small, otro autor del artículo también de la Universidad de Oregón.

Mientras que a los dragones marinos les faltaban estos genes de crecimiento, sus genomas estaban repletos de secciones repetitivas de código llamadas transposones. Este tipo de código repetitivo en todo el genoma alguna vez se llamó “ADN basura”, ya que los científicos no estaban seguros de para qué servían. Pero los transposones, o “genes saltadores”, en realidad son capaces de cortarse y pegarse de un lugar dentro del código genético a otro, evitando que otros genes den forma a los rasgos de un organismo.

Lo que aún no han podido establecer con total seguridad es si los genes saltadores son responsables de la ausencia de los genes del factor de crecimiento. Hay evidencia de la repetición del código genético cerca de los puntos donde faltan genes, lo que podría apuntar a la actividad del transposón, dijo Small. Pero los científicos necesitarán más genomas de todo el árbol genealógico de los peces para confirmar una relación de causa y efecto.

Además de estudiar el ADN del dragón marino, el equipo también realizó una tomografía computarizada de un dragón marino en la resolución más alta posible. Las imágenes de rayos X les dieron una idea de los apéndices en forma de paleta del pez, que los investigadores ahora sospechan que son crecimientos espinosos modificados.

Axel Meyer, investigador de dragones marinos de la Universidad de Konstanz, en Alemania, consideró que el estudio promueve la comprensión de los planes corporales extremos. “Este es un ejemplo de la exuberancia de la evolución. Es como si la evolución se hubiera vuelto loca”, dijo Meyer, que no participó en el estudio. “Lo divertido de ser un biólogo evolutivo es que puedes estudiar estos animales locos y tratar de darles sentido genéticamente”, explicó.

Cresko dijo que el ADN del dragón marino podría brindar información sobre cómo conservarlos, algo fundamental porque es una especie rara en la naturaleza y difíciles de mantener en cautiverio.

“Créanme, hay mucha gente que trabaja conmigo que no quiere cuidarlos porque es mucho trabajo”, dijo Leslee Matsushige, quien ha cuidado dragones marinos en el Acuario Birch de la Institución Scripps de Oceanografía en San Diego, por más de 20 años.

Para vivir necesitan de las fluctuaciones de temperatura y luz, lo que requiere cambios graduales para imitar el amanecer y el atardecer. Matsushige aseguró que, incluso, ha intentado hacer coincidir la luz nocturna del tanque con las fases de la luna.

La cuidadora destacó la importancia de que los acuarios, como el Birch, donde ella se desempeña, y el Tennessee Aquarium, que fueron los que suministraron tejidos de los dragones marinos para realizar el estudio de ADN, ya que permiten conservar la especie, dado que el cambio climático amenaza sus hábitats, la supervivencia de los dragones marinos podría depender de los programas de reproducción en zoológicos y acuarios, por lo que es importante “saber todo lo que podamos”.

Tomado de Infobae

Publicado por Panama Times PTY

Periodistas y comunicadores.

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