Gustavo Petro y los dictadores buenos y malos

El Presidente Gustavo Petro comenzó su mandato buscando establecer relaciones de hermandad y respeto con Nicaragua, Venezuela y Cuba, las tres dictaduras de las Américas. La luna de miel duró muy poco y el pasado viernes 9 de septiembre el Canciller Álvaro Leyva dijo al Periodista Daniel Coronel de la W Radio, que Daniel Ortega es un “violador de derechos humanos por excelencia” y que “de ninguna manera estamos con el señor Ortega”.

El nuevo gobierno de Petro tardó un mes en descubrir que Daniel Ortega era un violador de los derechos humanos con quien no se puede negociar ya que todo lo resuelve “a patadas”, según indicó el Canciller Leyva en dicha entrevista.

Los acercamientos con Ortega fueron evidenciados el pasado 12 de agosto, cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) realizó una Sesión Especial sobre Nicaragua con el fin de condenar las violaciones a los derechos humanos, los ataques a la libertad religiosa y el cierre arbitrario de oenegés, las que hoy suman casi 1800 organizaciones. Colombia no asistió a esta Sesión y por más de 15 días guardó “silencio diplomático” respecto a su ausencia y su aparente complicidad con Ortega. Tras un petitorio legal presentado por el periodista Camilo Merlano de la cadena Caracol, la Cancillería reconoció que su ausencia en la OEA fue una decisión con fines humanitarios y no ideológicos.

Ortega dios su propia versión de los hechos y humilló públicamente al gobierno de Petro. Mientras la cancillería colombiana mantuvo su silencio diplomático sobre las conversaciones con la dictadura de Nicaragua, Ortega, mediante sus voceros, anunció públicamente que no estaba dispuesto a negociar ni la liberación de presos políticos ni muchos menos los fallos de la Corte Internacional de Justicia. A partir de este momento Colombia descubrió que el régimen de Nicaragua era una dictadura mala a la que había que denunciar públicamente y que incluso apoyarían una resolución en su contra en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra.

Cuba y Venezuela también son dictaduras

Me cuesta entender la defensa de los derechos humanos del gobierno de Colombia. Mientras se anuncia que promoverán y defenderán los derechos humanos dentro y fuera del país, se guarda un silencio sepulcral sobre los presos políticos, los ataques a la libertad de expresión y las violaciones a los derechos humanos en Cuba y Venezuela.

Comencemos por Cuba, según la organización Prisioners Defenders en el país existen más de 1250 presos políticos que incluyen hombres, mujeres, niños y niñas menores de edad. Organismos como Amnistía Internacional han destacado que lejos de avanzar en la libertad de expresión, Cuba ha intensificado su maquinaria de control contra la libertad de expresión y organización cívica, vigilando y hostigando a defensores de derechos humanos, artistas y periodistas. En Cuba las modalidades de control y represión han ido evolucionado y perfeccionándose. De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el internet es el nuevo campo de batalla usado para censurar la libertad de expresión y los derechos humanos de todos los ciudadanos.

En la Venezuela de Nicolás Maduro, existen al menos 250 presos políticos en condiciones infrahumanas, mientras la libertad de expresión sigue siendo blanco de ataques como: eliminación de licencias de medios de comunicación, confiscación de equipos y adjudicación de propiedad privada. Aquí también el bloqueo o censurar medios en línea es una práctica cotidiana para evitar que la verdad salga a la luz en medio de la estruendosa narrativa oficial.

Pese a estos hechos irrefutables e inadmisibles, el Presidente Petro ha renovado las relaciones diplomáticas con Cuba e incluso el Canciller Leyva dijo que no considera que La Habana sea un Estado patrocinador del terrorismo a como lo indicado el gobierno de los Estados Unidos.

Sobre Venezuela, el mandatario colombiano también ha decidido ver hacia otro lado y se encuentra optimista con el avance del restablecimiento de relaciones y la apertura de sus fronteras, prevista para el próximo 26 de septiembre de este año. “Confirmamos el compromiso del gobierno por restablecer las relaciones de hermandad” con Venezuela. Todo esto avanza sin exigir un mayor respeto a los derechos humanos y la liberación de presos políticos.

Con respecto a Nicaragua, celebramos el compromiso renovado de Colombia con los derechos humanos y la denuncia de las atrocidades de Daniel Ortega. Sin embargo, la Paz Total, no debe ser una paz a medias o sesgada por conveniencia, debe ser honesta, firme e integral. Tan dictador fue Pinochet ayer en Chile como lo es hoy Ortega en Managua, Maduro en Caracas o Díaz-Canel en la Habana. Cuando se trata de dictaduras no existen dictaduras buenas.

El autor fue Embajador de Nicaragua ante la OEA y Miembro del Cuerpo de Paz de Noruega.

Publicado por Panama Times PTY

Periodistas y comunicadores.

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