Evgenia Markovna Albats, símbolo del periodismo independiente ruso: “El 70% de los oligarcas ya no apoyan a Putin y muchos esperan un golpe de Estado”

Evgenia Markovna Albats es la decana del periodismo independiente ruso. A sus 64 años, tiene los galones para demostrarlo. En los años 80, fue una de las primeras periodistas soviéticas en informar sobre las barbaridades cometidas por la KGB. También escribió con crudeza sobre las condiciones de las mujeres a finales de la era soviética, y lo que suponía dar a luz en un hospital de la época de la perestroika plagado de escasez de todo, desde agujas limpias hasta agua corriente. Cubrió la guerra de Chechenia, fundo la revista independiente “Los Nuevos Tiempos” dedicada a investigar la corrupción del gobierno de Putin y, obviamente, cerrada prontamente. Trabajó para los diarios Izvestia y Novaya Gazeta. Y en el medio tuvo tiempo para hacer un doctorado en ciencias políticas en Harvard.

También jugó un papel fundamental en la oposición y como activista dentro de la comunidad judía. Fue mentora de Alexey Navalny, el ahora prominente disidente encarcelado. También fue asesora de Mijail Jodorkovski, el magnate del petróleo que pasó diez años en la cárcel por oponerse a Putin y de Boris Nemtsov, asesinado en 2015. Cuando Rusia invadió Ucrania, el 24 de febrero, Albats fue una de las pocas periodistas rusas independientes que decidió quedarse y luchar contra las ambiciones imperialistas de Putin. Sintió que era su deber permanecer en Rusia y contar lo que le ocurría a su país mientras libraba una guerra no provocada. La censuraron, le cerraron la revista que dirigía y terminaron acusándola de “agente extranjera”. Finalmente tuvo que huir. Cruzó, la semana pasada, la frontera con Estonia y llegó al refugio que le dieron unos colegas en Nueva York. Fue cuando la entrevistó su amiga Julia Ioffe, la editora de Puck News.

“Mis fuentes y mis abogados me dijeron que me iban a detener”, contó. “En junio me condenaron por difundir información que supuestamente desacreditaba al ejército ruso al decir que estaban bombardeando Kharkiv y Odessa y que había víctimas civiles. A finales de julio recibí tres nuevas acusaciones civiles simultáneamente, que es lo que le ocurrió a todos justo antes de ser detenido y enviado a la cárcel, llamé a una vieja fuente mía, un general retirado de la KGB. Pensé, soy mayor, soy una persona bastante conocida, no me arrestarán. Le pedí su opinión y estuvo de acuerdo, así que, durante una semana, dormí bien. Luego, una semana más tarde, el ministerio de Justicia me etiquetó como agente extranjero y el general me llamó y me dijo: `Parece que es hora de que te vayas´. Sabía, dado el tiempo que tardaron los demás en ser detenidos, que tenía unas tres semanas. Así que até los cabos sueltos y me fui 25 días después, cruzando la frontera de Estonia a pie”.

Albats cuenta que en el Kremlin hay mucha gente muy nerviosa por lo que está sucediendo en Ucrania. Particularmente desde la exitosa contraofensiva ucraniana de la semana pasada que reconquistó más de 3.000 kilómetros cuadrados que los invasores rusos ocupaban desde hace meses. Se sabe que el golpe más duro que recibieron Putin y sus generales fue la destrucción de su mejor división de tanques. Fueron al menos cien tanques destruidos o capturados de la 4ª División de Tanques de la Guardia rusa, la mejor formación de blindados del ejército ruso y que costará años poder reponerla. También están sacudidos por las nuevas revelaciones de la masacre de Izum, donde se encontraron cientos de cuerpos torturados y enterrados clandestinamente por los rusos.

La guerra que parecía lejana para las grandes ciudades rusas como Moscú y San Petersburgo, se está acercando cada vez más. Hasta ahora, los soldados que combaten en Ucrania eran reclutados en pequeños pueblos y ciudades del Lejano Este ruso. Las elites y los centros de poder no fueron afectados. Las madres recibiendo las bolsas con los cuerpos de sus hijos muertos en el frente estaban muy lejos de los corresponsales extranjeros y todo quedaba oculto por la propaganda nacionalista manejada desde el Kremlin. Pero en las últimas semanas, los efectos de las sanciones comienzan a tocar a los privilegiados del régimen y a los jóvenes que hasta ahora se habían desentendido del tema.

“Moscú es insoportable. No soportaba estar allí. En la cuadra en la que vivo, he visto caer el cartel de PriceWaterhouseCoopers y cerrar los Starbucks y vaciar la torre de oficinas. Incluso las caras han cambiado. Son completamente diferentes. De repente ves a esos hombres gordos con barriga cervecera y camisetas con la Z. Es sorprendente la velocidad con la que ha cambiado la gente”, dice. “Hay una división generacional absoluta. Está, por ejemplo, la pareja de 35 años que conocí en Pskov. Están horrorizados por lo que está ocurriendo, pero sus padres están a favor de la guerra y creen que el gobierno estadounidense les paga para que estén en contra. Mientras tanto, a sus hijos les enseñan en la escuela que la forma de diferenciar la información real de la falsa es ir a la página web del Ministerio de Defensa y si la información está allí, entonces es real. Si no lo es, es falsa. Están desesperados por salvar a sus hijos del sistema escolar ruso”.

Vladimir Putin, el máximo responsable de este clima divisivo en la sociedad rusa y quien ordenó la invasión basado en sus ambiciones imperialistas, vive aislado y comienza a sentir las críticas que le llegan desde todos muchos que eran hasta ahora incondicionales. Varios blogueros que acompañan a las tropas en el frente agitando la propaganda del Kremlin y socios como el sangriento líder checheno Ramzan Kadyrov, pidieron a Putin que defenestrara a la cúpula militar por los fracasos en el frente. Y el propio Putin hasta tuvo que reconocer esta semana la “preocupación” de China por la guerra en Ucrania en su primera reunión en persona desde la invasión con su aliado mas poderoso, Xi Jinping. Todo esto aumentó los rumores en los últimos días de movimientos secretos dentro de los pasillos de poder del Kremlin para terminar con Putin antes de que la guerra acabe en una derrota estrepitosa de la que le cueste al país demasiados años para recomponerse.

“Creo que todavía es demasiado pronto, aunque es posible que se estén produciendo estos movimientos”, dijo Evgenia Markovna Albats en la entrevista. “Pero si el ejército ucraniano sigue haciendo retroceder al ejército ruso con tanto éxito y les hace retroceder desde Kherson y Melitopol, entonces están bien jodidos. Pero aquí está el problema: cualquier golpe necesita un mecanismo. No puedes hacer que un tipo de las élites llame a otro y le diga: `Oye, vamos a degollar a VP´. No funciona así. Cuando Nikita Khrushchev derrocó a Lavrentiy Beria, y cuando Leonid Brezhnev derrocó a Khrushchev, había un mecanismo y era el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Podían decir: “Aquí está nuestra decisión colectiva”. Hoy no existe ese mecanismo. Eso es lo primero. Lo segundo es la confianza. Nadie en Rusia confía en nadie más. Hugo Chávez podría entrar en su cuartel y decir: ‘Camaradas, vamos a tomar el palacio presidencial’, y le seguirían. Pero esa confianza no existe hoy en día en Rusia, donde la confianza pública es de un solo dígito. Putin acabará siendo derrocado, por supuesto, pero probablemente será por su círculo más cercano. Será una especie de junta.”

La periodista Albats cree que, si las fuerzas rusas no terminan huyendo en masa antes, para la próxima primavera moscovita, entre abril y junio de 2023, la situación será lo suficientemente grave como para que se produzca un cambio definitivo. Y que serán los propios integrantes de la elite creada por Putin quien reclamarán la limpieza del régimen.

“Los golpes de Estado son siempre obra de la élite, y la élite en Rusia son millonarios y multimillonarios, gente que se acostumbró a trabajar y ganar su dinero en Rusia hasta el jueves, pero el viernes ya se va a Londres o a Niza, o a donde sea. Todos sus hijos están allí, en Occidente, recibiendo una educación. Todas sus esposas están allí y, sobre todo, ¿qué van a hacer con sus jóvenes amantes?”, se pregunta.

“Luego está el hecho de que todos los mercados de criptomonedas están cerrados para ellos, y todos los tipos del FSB (la central de inteligencia) tenían una tonelada de dinero en criptomonedas. Estaban los fondos de inversión nacionales que tenían 7 billones de rublos invertidos porque en 2019 Putin dijo a todos que trajeran su dinero a casa e invirtieran en estos fondos de inversión y ahora se han ido a la mierda”.

-¿Cuántos oligarcas lo siguen apoyando a Putin?

-“Uno de estos oligarcas me llamó para quejarse de que, literalmente, no puede comprar alimentos en el extranjero porque sus cuentas están todas congeladas. Incluso los oligarcas de Putin -sus yates han sido confiscados, sus villas en Italia, también. Cuando les pregunto, ¿qué porcentaje [de los oligarcas] apoya la guerra? Me dicen que como mucho el 30% la apoya. Eso significa que al menos el 70% está en contra. Esa es la gente que entiende que su vida simplemente se ha acabado. Por eso creo que esto no puede durar mucho más. Será un invierno largo y duro.

Tomado de Infobae

Publicado por Panama Times PTY

Periodistas y comunicadores.

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