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¿Medidas sanitarias o económicas?

«La medicina es una ciencia de la incertidumbre y un arte de la probabilidad»… William Osler

La pandemia del coronavirus está arreciando tal y como sucedió con la pandemia de 1918. En ese año, la pandemia inició en marzo en Estados Unidos, al final de la Primera Guerra Mundial (que finalizó en noviembre de 1918). La segunda ola de la pandemia de 1918 ocurrió entre septiembre y noviembre y la tercera a inicios de 1919. Si miramos a la actual pandemia, las similitudes son extraordinarias, y debido a eso, muchos países se prepararon para enfrentarla, en parte a lo cual se ha podido disminuir los fallecimientos a 1.6 millones (la de 1918 tuvo más de 50 millones de muertos).

El análisis de las cifras y la información científica generada durante la pandemia es fundamental para planear la reacción y medidas que se pueden tomar para mitigarla. Los datos existen, y suponemos que los expertos del Ministerio de Salud las manejan y sobre la base de estos toman decisiones. El resto de los profesionales desconoce el detalle de estas cifras y por lo tanto opinan sobre la base de la fragmentaria información disponible.

Así, por ejemplo, tenemos unos 27,900 casos activos (un incremento de unos 15,000 casos desde el principio de noviembre, casi doblándose). De estos se desconoce dónde están ubicados, sus edades, cuántas de esas personas presentan síntomas. Eso le corresponde al MINSA. Y es lógico que así sea. No obstante, las medidas que se toman para detener la pandemia no solo se circunscriben al ámbito médico y de la salud: Están muy relacionados con la economía del país, con el sustento de miles y miles de seres humanos en este país. De allí es que es imprescindible que se integre un equipo consultor multidisciplinario que considere todos los aspectos y consecuencias de las medidas a tomar.

Imagine que deseamos tomar medidas para evitar las muertes en accidentes de tránsito y se decida prohibir la circulación de los vehículos. Las muertes se reducirían a cero, evitaríamos unas 400 muertes anuales y miles de lesionados. A cambio, millones de personas serían perjudicados y su economía afectada. Por descabellado que parezca el ejemplo, es ilustrativo de medidas que se toman sin considerar las consecuencias. Se requiere un sacrificio en bien de la salud, pero también una ponderación de las consecuencias de ese sacrificio respecto a los daños colaterales que ocasionará. Tal vez salvemos 20,000 vidas quienes eventualmente se verán sometidas a limitaciones económicas que ocasionarán el deterioro de su nivel de vida y muy probablemente de su salud que conllevará miles de muertes en los años subsiguientes.

El anterior confinamiento no solo fue muy prolongado sino inhumano. Además de la angustia de la epidemia misma, fuimos sometidos a un estrés excesivo por el tiempo disponible para salir a adquirir alimentos y algunos para poder obtener su sustento. Eso no se puede repetir. Ha habido un daño profundo en la economía de los hogares que no fue tomado en cuenta y que ha sido ignorado por el gobierno y las autoridades de salud. Esta aparente desidia ha generado un profundo rechazo en la población hacia las autoridades de salud a las que califican de autoritarias y “regañonas”.

Es tiempo de pensar con la cabeza fría y aceptar que no será posible salvar a todos. Las medidas que se tomen deberán ser dirigidas a salvaguardar el mayor bienestar de las grandes mayorías por el mayor tiempo posible. Una tarea que requiere consulta, humildad y de los mejores profesionales de todas las ramas.

Has lo que digo…



«Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza como por el afán de riqueza»… Louis De Bonald

El muy difundido “fraude” en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho en la USMA, Universidad Católica, aporta una evidencia adicional a la percepción de corrupción ya generalizada en la opinión pública. Quienes son enemigos del grupo MOVIN, han festinado la situación sin darse cuenta de que este hecho está dando un zarpazo profundo en la confianza de la opinión pública de la que no se librarán.

Luchar contra la corrupción implica que se debe creer profundamente en los principios sociales de honradez y justicia y, sobre todo, actuar en consonancia a estas convicciones. Se supone que los intereses personales y de grupo no deben ser la base de la lucha anticorrupción. Al conocerse el fraude en las elecciones, se desnuda una amarga realidad: No se lucha por una sociedad honesta y justa, sino por una sociedad donde los intereses de los grupos gobernantes y con influencia impongan sus intereses. Triste y aterradora realidad que, aunque queda evidenciada con este hecho, era percibida ampliamente en la opinión pública.

Más profundo y aterrador, es que quienes estaban involucrados mostraban una conducta supuestamente honesta y tenían influencia sobre una gran parte de la opinión pública. Quienes les adversan, festinan creyendo que ganarán ventaja de la situación, sin darse cuenta de que se esparce una nube negra de desconfianza y decepción sobre todos los panameños. Toda persona quien se levante a criticar será pasada por el filtro de la duda, del escrutinio de sus intenciones y de su vida. No quedará títere sin cabeza.

El diagnóstico de la realidad de este país evidencia una oscura y tétrica conclusión: La sociedad panameña no tiene interés en establecer normas sociales basadas en la honestidad y la justicia social, sino que predominan los intereses de grupos sociales y económicos en pugna que tienen una disputa verbal de argumentos, muchas veces halados de los cabellos, con posiciones intencionalmente intransigentes basadas en medias verdades. ¿Si no podemos confiar en otros, cómo será posible establecer relaciones sociales viables y productivas? El daño que hacemos a las futuras generaciones es devastador, no solo porque impedimos el progreso, sino que damos un ejemplo corrupto distorsionado.

Rectificar esta realidad costará tiempo y dolor. ¿Cómo se endereza lo torcido? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo sobre las acciones a tomar si desconfiamos de las intenciones de los demás? No será posible establecer una sociedad próspera con individuos corruptos y deshonestos, y peor aún, persiguiendo a quienes, mediante sus actos y hechos, demuestran su honestidad pero que amenaza los intereses establecidos. El actuar del gobierno no es esperanzador porque ha demostrado las mismas taras y errores que se repiten desde el inicio de la República: Exceso de funcionarios quienes acceden a sus puestos sin concursos y que no tienen estabilidad, despilfarro sin explicaciones, la idolatría al presidente y a los ministros, pero sobre todo un poco me importa con la opinión pública.

La pandemia ha sido un gran llamado de atención de que una enorme crisis mundial se cocina a fuego lento y por lo visto, nada hemos aprendido. Estamos esperanzados en la vuelta a la normalidad anterior, sin darnos cuenta de que el proceso de cambio es irreversible. Las capacidades de colaboración, solidaridad, unidad y cooperación que han sido fundamentales para el avance de la humanidad, ahora resultan imprescindibles.

Confianza perdida



«El niño que es llorón y la madre que lo pellizca»… Adagio popular primero

Desde inicios de noviembre, los contagios diarios del coronavirus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad COVID-19, se han incrementado y en consecuencia las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) acrecentando los llamados por el peligro que el aumento representa. Los llamados, no obstante, no han sido bien recibidos por la sociedad sobre todo por el tono de amenaza y la arrogancia con el que se emitían. El Ministerio de Salud reiteradamente afirma que la irresponsabilidad de la ciudadanía (una generalización odiosa) no ha sido bien recibida sobre todo porque la gente escucha unas instrucciones, pero las acciones del MINSA no respaldan sus afirmaciones.

Muchos casos de personas quienes tienen síntomas y acuden a hacerse la prueba para detectar la presencia del coronavirus, son enviados en cuarentena a sus hogares sin medicamentos y sin alimentos. El resultado de la prueba no se les da sino después de tres o cuatro días y a algunos, nunca. Algunas de esas personas desarrollan síntomas que complican su salud y deben ser trasladados a los hospitales. En muchos casos, fallecen porque la enfermedad se les complica por falta de atención a tiempo. Estas situaciones son muy comunes y es parte de la conversación del público. Como consecuencia la confianza de la gente en el MINSA ha disminuido significativamente.

Varías situaciones han surgido: Los empresarios emitieron un duro comunicado enfatizando su posición contraria a un nuevo confinamiento debido a las consecuencias económicas, que ya son muy graves, lo que produjo que el tono de las “amenazas” del MINSA bajaran significativamente. Y por otra parte la proliferación de las fiestas privadas (que supuestamente están prohibidas), que se realizan con música a alto nivel y con aglomeración de personas, sin que la Policía Nacional ni el MINSA puedan controlarlas con efectividad. En reiteradas ocasiones la gente denuncia esos llamados “parkings” sin que las autoridades se presenten a sancionar a los infractores y dispersarlos. Ambas reacciones generan desconfianza en la efectividad del gobierno de tal manera que reduce significativamente la efectividad de los mensajes que emiten. El problema no es lo que dicen, es lo hacen o dejan de hacer.

Otras informaciones indican que las pruebas de PCR dan positivo a personas que tuvieron el virus sin síntomas incluso semanas antes y que no transmiten el virus, por lo que un aumento de los casos detectados sin un análisis de las condiciones de las personas (si tienen síntomas o no) no da una indicación clara de la situación. El aumento de los hospitalizados, que casi se ha duplicado en el mes de noviembre, si es preocupante. Los casos en las unidades de cuidados intensivos que ha aumentado un 50 % en noviembre, también preocupa, pero en menor grado.

La conjunción de la desconfianza ciudadana, con la consecuente rebeldía de la gente, sobre todo los jóvenes; por otro lado, la firme posición de los empresarios, el estado de la economía que ha generado altos niveles de desempleo y el hastío de la gente, harán que otro confinamiento sea casi imposible.

Nos queda el uso del método científico. Un análisis de la situación de los contagiados y su aislamiento real para evitar los contagios en la medida de lo posible es el camino para seguir. La vacuna ya está a la vuelta de la esquina, pero tardará varios meses. Mientras tanto, muchos perderán la vida… Ese debe ser el objetivo, disminuir las hospitalizaciones, las personas en las UCI y los fallecimientos.

Pero, sobre todo, se requiere un cambio en la comunicación del Ministerio de Salud, que vuelva a ganarse la confianza de la ciudadanía a través de información oportuna, buenos análisis y sobre todo, 0 amenazas.

Diálogo y gobernanza



Capítulo prime«Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo»… Albert Einstein.

En los albores del inicio del llamado Diálogo del Bicentenario resulta imprescindible considerar este asunto, que está vinculado al concepto de gobernanza, término que se define como «arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía».

No parece haber mucho entusiasmo y los ánimos presagian el fracaso del diálogo. Sin embargo, es impostergable realizar un esfuerzo de concertación nacional para tomar decisiones y acciones que den los pasos necesarios en el proceso de resolver los graves problemas que enfrentamos: El programa de Vejez, Invalidez y Muerte del Seguro Social, la educación, el desarrollo del interior, la pobreza, la desigualdad, la seguridad pública, la educación, la corrupción, entre otros múltiples desafíos que enfrentamos.

Consideremos dos de estos aspectos a la luz de información compartida esta semana. La primera es sobre seguridad; la opinión es de Augusto López, director del Foro de Gobernanza Mundial, quien sobre este tema afirmó: «Creo que, de repente, los gobiernos se están dando cuenta de que la forma en la que hemos asignado los recursos del Estado conlleva muchas medidas ineficaces y prioridades inadecuadas. Se oye hablar, por ejemplo, de la necesidad de redefinir la seguridad más bien en términos de bienestar social y económico en lugar de pensar en la seguridad en sentido estrictamente militarista…». Surge aquí una nueva idea que replantea la estrategia en contra del crimen, que ha resultado ineficaz y a la que se le han destinado millones de dólares. Seguimos incautando drogas, deteniendo narcotraficantes y persiguiendo delitos, y ostentando estadísticas que no contribuyen ni indican que el problema de la seguridad mejore. Si hay menos homicidios, no indica una mejoría en la situación a menos que analicemos las causas de esa violencia y los dediquemos a encontrar maneras de ofrecer un ambiente seguro para los ciudadanos en todo el país.

Sobre la corrupción, por otro lado, la opinión del psiquiatra Rogelio
Moreno, entrevistado por la periodista Flor Mizrachi, quien sostuvo que la sociedad panameña está fragmentada, desunida, que se manifiesta con el famoso “juega vivo”. Sostuvo que lo ético se refiere a la capacidad de los seres humanos de relacionarnos en confianza para lograr el objetivo común de vivir en bienestar. Lo no ético sería toda situación en la vulneramos nuestra capacidad de relacionarnos, de confiar y cooperar.
Sostuvo que la corrupción es una manifestación de la falta de ética de la sociedad, producto de una enfermedad mental, debido a que los corruptos no son sensibles a las consecuencias de sus actos, manifestando el trastorno de personalidad narcisista, en el cual las personas tienen un sentido desmesurado de su propia importancia, una necesidad profunda de atención excesiva y admiración, ocultando una autoestima frágil que es vulnerable a la crítica más leve y llevándolas a la búsqueda de las riquezas y el poder sin considerar las consecuencias. Estamos frente a una sociedad corrupta y por lo tanto enferma.

Y regresando al principio es tiempo de enfrentar nuestros problemas con nuevas ideas y estrategias., tal como lo afirma el señor Einstein. Se han planteado dos y debe haber muchas más. Buscarlas, escucharlas, considerarlas y sobre todo tomar acciones que pongan en marcha el proceso de cambio. Un desafío adicional para superar: Establecer un diálogo, una consulta que considere las ideas y que no sea un campo de batalla entre posiciones opuestas e irreconciliables. Todos deberías estar dispuestos a escuchar y considerar otras ideas, consultarlas y convertirlas en las ideas de todos.

No ocurrirá como se ha descrito. Ojalá se avance… La realidad cruda
nos obligará ahora o dentro de unos años a enfrentarla y tomar las
medidas. Los sacrificios que no aceptemos ahora deberán ser asumidos después a costos mucho más grandes.

Crisis de honestidad



«Puedes engañar a algunas personas todo el tiempo, y a todas las personas durante un tiempo. Pero no puedes engañar a todos todo el tiempo.» Abraham Lincoln.

Cómo si la pandemia del coronavirus y la crisis económica generada por el confinamiento no fuesen suficientes, el 2020 nos sorprende con un fenómeno de ENOS denominado “La Niña” que hasta hoy ya ha dado lluvias en el oeste del país como nunca en casi 40 años de registros. La lluvia intensa y continua ha causado inundaciones con la consecuente destrucción de las estructuras construidas cerca de los río, derrumbes y destrucción de segmentos de vías importantes. Todo como consecuencia del paso del huracán Eta por el Caribe cerca de Panamá; y como si fuese poco, un segundo huracán, Iota, repite la ruta del anterior y posiblemente profundizará los daños.

Así como nos sorprendió la lluvia, fue reconfortante cómo miles de personas se organizaron para recolectar alimentos e insumos necesarios para asistir a los miles de afectados. El gobierno, aunque más lentamente, reaccionó también organizando la ayuda. Destacable la acción de las entidades de Protección Civil y la Fuerza Pública y la colaboración del gobierno de los Estados Unidos. Fue una orquesta sinfónica que tocó al unísono para asistir a los afectados…

Pero de inmediato surge la sombra negra de la deshonestidad: A medida que la ayuda llegaba a los centros de distribución en las comunidades afectadas, surgieron los “juega vivo” quienes manejaron la distribución con criterios políticos y personas, algunos afectados y no, que acapararon la ayuda. Los alimentos e insumos que debieron durar para un periodo determinado, una o dos semanas, se consumieron rápidamente en días. Y al tener que volver a entregar la ayuda, se priva a otras de las comunidades necesitadas y que permanecían aisladas de la ayuda que tanto necesitan. Esta actitud deshonesta y egoísta no solo consume los insumos suministrados sino la confianza de los donantes quienes al enterarse deciden no continuar ayudando, a pesar de que la crisis ambiental continua.

Las consecuencias de nuestros actos deshonestos trascienden lo inmediato y se trasladan al futuro. Estos acaparadores actúan de igual manera que los criminales quienes despojan a sus víctimas de sus pertenecías, pero también de su fe en el sistema. Muchas de las medidas a las que estamos sometidos se deben a que se supone que todos somos deshonestos en vez, de como debería ser, suponer que todos somos honestos. Y para ponerle la cereza la pastel, los ejemplos de nuestros políticos, quienes actúan soslayadamente, haciendo leyes para el beneficio de algunos y, de acuerdo a la percepción popular, obteniendo beneficios de su actuación gubernamental, son muy visibles y poderosos actuando en contra de toda campaña de influencia de poco alcance.

La educación de la sociedad, especialmente de los niños y jóvenes, en los valores que sostienen la convivencia pacífica y que promueva la prosperidad, resulta imprescindible. No es posible construir una sociedad donde las personas se rigen por la conducta del “juega vivo”, un eufemismo para decir egoísmo y deshonestidad, porque la desconfianza carcomerá cada vez más las relaciones sociales.

Esta manifestación de “juega vivo”, “tomar ventaja” está muy arraigada en la sique de muchos panameños. En este país no es posible prestar dinero a nadie porque lo más seguro es que no lo devolverán. Y sus actuaciones teatrales para convencer a las víctimas conjugan una historia trágica y la labia de un gran orador, a tal punto que la víctima de la estafa se siente culpable de no poder ayudar. No en vano, los comerciantes se han organizado para tener un sistema mediante el cual puedan compartir el historial de los “mala paga”.

Aunque parece algo simple y del ámbito privado, la honestidad de los miembros de la sociedad es un asunto de primer orden que debería ser objeto de consultas, consensos y acciones para construir la conciencia colectiva de que ser honesto es hacer Patria.

¿Fraude en elecciones?



«Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores»… Winston Churchill

Los resultados de las elecciones en Estados Unidos han suscitado todo tipo de comentarios en todo el mundo, la gran mayoría sesgados por sus preferencias por uno u otro candidato. La elección fue muy estrecha lo que ocasionó que no se tuviera una proyección de quien ganaba de manera rápida.

La elección incluía el voto por correo postal en muchos estados que lo incluyeron debido a la actual pandemia y a que cada estado decide la forma de contar sus votos; algunos contaron los votos por correo antes del día de las elecciones y otros lo hicieron después. Estas circunstancias y lo estrecho en las diferencias de votos entre los principales candidatos, retardaron la proyección del ganador 4 días.

Muchos están vociferando que hay fraudes y que el retardo de votos se torna en desconfianza que no se respete la voluntad popular. Es muy interesante que muchos de estos comentarios se realizan utilizando el prisma de la experiencia electoral de nuestros países, lo que ha desnudado de hecho la debilidad de nuestro sistema respecto a la fortaleza mostrada por el sistema electoral en Estados Unidos, aunque muchos piensen diferente. Hasta ahora, no hay evidencia de hechos que sean sospechosos de fraude, aunque hay personas vociferando y desinformando al respecto. Casi todas estas aseveraciones se basan en intereses políticos y no en hechos comprobables.

La única razón que se proclama al presidente electo lo más rápido posible se debe a la falta de confianza que los resultados reflejen la voluntad de los votantes. Lo importante de la elección es que se cuenten los votos de manera honesta y no su rapidez, contrario de lo pensamos. No hay ninguna razón para proclamar al candidato vencedor de inmediato dado que no asume sino semanas y hasta meses después. La única razón es la desconfianza en quienes cuentan los votos.

No es el caso en las elecciones en Estados Unidos. El sistema muestra una alta confiabilidad y se toma el tiempo para contar los votos de manera transparente, con los controles adecuados. Incluso, el sistema judicial tiene la capacidad de resolver de manera independiente muy rápidamente los recursos impuestos por quienes se sienten afectados. Lo que muchos olvidan es que el sistema ha actuado de manera similar siempre, incluso en las polémicas elecciones del 2002 y del 2016.

Un dato curioso es que las papeletas se mantienen (no se destruyen) para posibles reconteos y verificaciones, algo impensable en nuestro país dado que los votos se queman para evitar la nefasta costumbre de alterar los resultados introduciendo papeletas adicionales. Aquí, incluso las actas de las mesas de votación son alteradas, algo que no es posible en las elecciones de Estados Unidos. Los funcionarios electorales norteamericanos proyectan dominio del tema, calma y transparencia. Al escuchar las explicaciones que han dado expertos y las mismas autoridades muestra que el sistema es muy fuerte, incluso para resistir las órdenes del presidente en funciones.

El sistema de Estados Unidos es fiable porque se basa en la honestidad. Las comparaciones con nuestro sistema resultan abismales y dejan en evidencia que, por el contrario, las normas electorales panameñas están diseñadas para evitar la deshonestidad que se asume como la norma de nuestro comportamiento. Aunque en Panamá se ha avanzado mucho, estamos lejos de tener un sistema electoral confiable y transparente basado en valores morales y no en normas para evitar la trampa. Mucho tenemos que aprender. Mucho por mejorar…

¿Constituyente?



«No crea una Constitución los derechos y deberes sociales: no hace más que formularlos.”». Antonio Aparisi y Guijarro

El contundente triunfo de “Apruebo” en Chile para convocar a una Asamblea Constituyente, en la que se incluye que los políticos que actualmente integran el Congreso no pueden participar, ha renovado el entusiasmo de quienes ven en la Constituyente la vía para solucionar los problemas del país.

Los esfuerzos del año pasado para reformar la actual Constitución mediante la consulta en la Asamblea Nacional de Diputados, generó insatisfacción y el rechazo público debido a que, además de no cambiar lo que se considera importante, añadía más elementos de poder a los políticos elegidos.

Unos meses antes, durante las elecciones de 2019, el movimiento “No a la Reelección” tuvo el resultado que el 53% de los diputados que buscaban la reelección (26 de 49), no logró su propósito, de manera que 48 diputados (el 67%) no estaba en la anterior legislatura. Sin embargo, la percepción pública sobre la imagen de la Asamblea Nacional ha empeorado y genera mucha desconfianza. Las continuas denuncias de algunos diputados independientes sobre el actuar en las comisiones y el pleno de la Asamblea Nacional levanta profundas sospechas de corrupción o de encubrimiento de la corrupción. La percepción generalizada es que la Asamblea no responde a los intereses de la ciudadanía ni a los mejores intereses del país.

Pero ¿Quién eligió a los actuales diputados? Sabemos cómo fueron elegidos y aunque cambien las reglas de elección, no será posible asegurar la elección de diputados que ordenen el país y lo enrumben por la vía del progreso y prosperidad, con justicia social. La gran mayoría de los ciudadanos honestos siente repulsión por el actuar de los políticos y no se anima a participar, desalentados por el ambiente de descalificación y desconfianza reinante. Existe la sensación de que los políticos se burlan de nosotros y lo hacen con total impunidad.

Seamos honestos, necesitamos una Constitución nueva, pero el riesgo de elegir a constituyentes que salgan de las filas de los partidos políticos es garantía de que “todo cambia para que nadie cambie”. Y si elegimos empresarios, sindicalistas, gremialistas o cualquiera de nuestras figuras públicas, lo más posible es que obtendremos más de lo mismo.

Nos enfrentamos a una disyuntiva paralizante… El panorama se torna sobrio con la necesidad de cambios profundos en la Constitución y en la sociedad misma, y la cruda realidad de que somos una sociedad sin rumbo, sin objetivos claros, con intereses económicos disimiles y, lo peor, sin voluntad para ceder y lograr consensos, que necesariamente requerirán sacrificios.

Los problemas que enfrentamos tampoco nos dan tregua: El déficit actuarial del programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) del Seguro Social, la educación en crisis, la informalidad laboral, la pobreza, la desigualdad y, como cereza del pastel, la pandemia del coronavirus.

Es evidente que necesitamos un proceso de consulta que establezca los objetivos de nuestro país para los siguientes 50 años, que requiere diálogo para establecer un consenso y sobre esta base, escribir una nueva Constitución. Este proceso requiere escuchar las opiniones de otros, ceder, estar dispuesto a sacrificarnos, acabar con los privilegios y apoyar a los más vulnerables. Es una carrera de obstáculos infranqueables que parecen imposibles. Y por más utópicos que parezca, es imprescindible ponernos de acuerdo. No hay otra opción.

La pandemia ha sido desafiante y muchos dicen que muchas cosas van a cambiar y ojalá que así sea. No obstante, el espíritu que se respira siete meses desde el inicio de la pandemia muestra que la gran mayoría piensa que todo va a volver a ser igual que antes. No será así… Nuevos retos deben ser enfrentados con consecuencias que es mejor no predecir…

¡Quiero creer!


«No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra». Friedich Nietzsche

La famosa serie de TV de los años 90, “Expedientes Secretos X”, trataba sobre de cómo el gobierno trataba de ocultar “la verdad”, lo que sea que eso significara. La serie hizo famosas varias frases: «La verdad está ahí fuera», «no confíes en nadie», «niégalo todo», «la política es disculparse», pero por, sobre todo: «Quiero creer». Esta última frase, aunque indica la disposición a creer, implica la duda inherente. Es la actitud que los panameños tenemos hacia el gobierno: Queremos creer en los esfuerzos del gobierno, pero al mismo tiempo la experiencia previa y las actuaciones nos hace dudar. Y es que el gobierno juega a mantenernos entretenidos, desviando nuestra atención continuamente para que olvidemos que todo anda sin rumbo.

El hospital modular, los ventiladores, los salarios dobles, las planillas de la Asamblea Nacional, los “influencers” en planilla, la abultada planilla de funcionarios, los préstamos millonarios, la deuda externa, el déficit fiscal, en fin, una larga lista que crece cada día. Pero hay situaciones que tienen mucho peso en la opinión pública: El entierro de su copartidaria en la que participa la Ministra Consejera de Salud, y la muerte del Dr. Mendoza sin la aparente ayuda del gobierno. En ambos casos, las explicaciones estuvieron demás porque no importa que digan, nadie les cree. Ante una situación similar en cualquier país del mundo, el funcionario hubiese sido removido o renunciaría por dignidad, pero en Panamá eso no sucede. ¿A qué se juega?

Los políticos están mostrando tal descaro que es increíble que tengan el valor de mostrar su cara en público. El rápido deterioro de la imagen del gobierno y los políticos resultan sorprendentes pero esperadas. Pero todo sigue igual y a eso apuestan. No han aprendido de la experiencia de las últimas 6 elecciones generales: No gana el mejor, sino que pierde el gobierno de turno a quien se le pasa factura. El 2024 no será distinto y lo que parece preverse es que será una derrota similar a la sufrida por el gobierno pasado, quizás más catastrófica. ¿Acaso no se dan cuenta?

La reacción inicial a la pandemia pareció ser una esperanza para el futuro de la humanidad. Duró solo un pestañeo… La pandemia terminó sacando todo lo malo y aterrador que subyacía en muchas personas egoístas y con poca conciencia social. Cuando miles de personas han pasado hambre y perdido su trabajo muchos otros han seguido acumulando riquezas y utilizando sus posiciones de influencia para obtener beneficios, apostando que todo cambie para que nada cambie. Si no que lo digan quienes se beneficiaron de la venta de alcohol clandestino, de mascarillas, de alcohol y gel alcoholado, por mencionar algunos.

Con el uso más intenso de las redes sociales y la Internet en esta pandemia, se ha hecho evidente lo que se conoce como la “degradación humana”: La preocupación de que el avance de las máquinas supera nuestras capacidades nos hizo obviar que se enfocaron, de hecho, en nuestras debilidades, explotando nuestro narcisismo, nuestro enojo, ansiedad, envidia, credulidad y, por cierto, nuestra lujuria. Esta realidad, que ya existían subyacente antes de la pandemia, facilita el accionar de quienes pescan en río revuelto y esperan que la confusión que genera la dispersión de la opinión pública haga que los escándalos se olviden con facilidad en medio de las disuasiones, desviaciones, difamaciones, superficialidades e indiferencia de la gente.

Es un panorama oscuro el que se proyecta en nuestro país y en el resto del mundo con los problemas que se avecinan de la crisis de las pensiones del Seguro Social, la deuda pública, la pobreza, la corrupción, entre otros. Y al igual que para la pandemia, la falta de civismo nos pasará factura. Nuestra incapacidad de actuar juntos, de respetar las leyes, de ser empáticos y solidarios. Este civismo evidente en los países de Oriente, incluso en algunos países de África y Nueva Zelandia, y que ha faltado en el Occidente “liberal” ha llevado a que la pandemia se haya ensañado con Europa, Estados Unidos y América Latina, y que haya sido controlado con daños muchos menores en Oriente, Nueva Zelandia y algunos países de África.

Aunque educar a las masas para aumentar su civismo debería ser la estrategia evidente y urgente, esto no ocurrirá porque a los intereses dominantes no les conviene. Las crisis seguirán hasta que se rompa el cristal y estalle una explosión social de consecuencias imprevisibles. Chile es nuestro espejo…

Educación para todos


 «La educación ha producido una vasta población capaz de leer, pero incapaz de distinguir lo que merece la pena leer». G. M. Trevelyan

La situación económica de los colegios particulares y de muchos padres de familia que se han visto con dificultades para cubrir las mensualidades pactadas, ha puesto en la palestra pública diversas opiniones controversiales y diametralmente opuestas, impregnadas de pasiones y de intereses.

La educación es un derecho proclamado por el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Título III, capítulo 5to de la Constitución Nacional donde aseguran que la educación es gratuita (en los colegios públicos) y obligatoria hasta el nivel de la educación básica general (hasta el nivel conocido como premedia).

En Panamá, hay unos 725,000 estudiantes (625,000 colegios oficiales y 100,000 en colegios particulares) en los niveles de primaria, premedia y media, según datos de la Contraloría General del año 2017. El presupuesto del Ministerio de Educación del 2020 asciende a 1,797 millones de dólares, un promedio de unos $2,500.00 por estudiante. El costo es cubierto por los impuestos de todos los ciudadanos. En la educación particular los padres pagan entre $1,500 y $6,000 anuales por la educación de cada uno de sus hijos, además de los impuestos que cubren la educación pública.

Lo cierto es que todos los estudiantes, tanto de colegios particulares como oficiales, son panameños, y es el deber del Estado asegurar su educación. Este un principio sobre el cual debe basarse la discusión planteada, es decir el derecho del estudiante de recibir educación. El Estado deberá asegurar el acceso a la educación a todos, para lo cual deberá usar diferentes estrategias.

Si el gobierno decide no apoyar a las escuelas particular y todos los estudiantes deben ser aceptados en los colegios oficiales significaría unos $250 millones adicionales en el presupuesto del Ministerio de Educación. Bajo esta perspectiva los $80 millones solicitados por los colegios particulares no suena tan descabellado.

Muchos aspectos se deben considerar tales como evitar la especulación y abuso de quienes ven en la educación un negocio muy lucrativo y quieren asegurar ganancias desproporcionadas, pero al mismo tiempo es imprescindible enfocarse en el estudiante, como objeto y sujeto de la educación. La educación tanto pública como particular tiene un costo que el Estado asume. Sostener que no es posible apoyar, subsidiar a la educación particular, es negar el derecho de los estudiantes a la educación “gratuita” que el Estado está obligado a ofrecer como lo hace con los estudiantes de los colegios públicos.

Esta discusión plantea extremismos que causan división en nuestra sociedad. Se requiere dejar a un lado los intereses tanto de los gremios de los colegios públicos como los intereses de los dueños de las escuelas particulares y centrarse en la pregunta verdaderamente importante: ¿Cómo aseguramos a todos los niños y jóvenes de este país acceso a una educación de calidad y continua?

La historia de los últimos 40 años y la reciente no da margen para el optimismo, debido a que ha sido caracterizada por los intereses gremiales, confusión, falta de voluntad. La educación en Panamá no pinta bien… La incapacidad de nuestro gobierno para liderar la transformación de la educación para asegurar lo plasmado en el artículo 92 de la Constitución Nacional «La educación debe atender el desarrollo armónico e integral del educando dentro de la convivencia social, en los aspectos físico, intelectual, moral, estético y cívico y debe procurar su capacitación para el trabajo útil en interés propio y en beneficio colectivo», no parece que será viable a corto y mediano plazo.

¿CUARENTA?¿Está bien o no?



«Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes». Frase atribuida a Albert Einstein

El marzo de 2020, el director de la OMS, Tedros Adhanom, afirmó que «para suprimir y controlar epidemias, los países deben aislar, hacer exámenes, tratar y trazar». No mencionó la palabra cuarentena por lo que es falso que la OMS haya recomendado a los países establecer cuarentenas. El ejemplo de cómo China controló el brote en Wuhan fue determinante para establecer las restricciones de movilización y el confinamiento de las personas como medida para detener la epidemia.

En Panamá, el establecimiento de la cuarentena estableció el confinamiento, pero la trazabilidad (es decir el seguimiento de los contactos de los infectados) no fue implementado con efectividad hasta meses después, aún cuando la entonces Ministra de Salud afirmó en marzo que el país estaba preparado para enfrentar la pandemia. Lo resultados son evidentes y sugieren una conclusión diferente.

Hace poco un grupo de médicos realizó una declaración conocida como la Declaración de Great Barrington en la que sostienen que las políticas de cierre podrían tener más efectos negativos que positivos, y propone un nuevo modo de abordar la gestión de la pandemia. Está firmada por más de 5,000 científicos y 12,000 médicos.

Abogan por proteger a las personas más vulnerables (personas mayores de 60 años y con enfermedades crónicas, como los hipertensos, diabéticos, inmunosuprimidos) mientras los demás crean la polémica «inmunidad de rebaño». «La manera más humana de abordar esto, midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad de rebaño, es la de permitirle a aquellos que están bajo un mínimo riesgo de morir, vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que se encuentran en mayor riesgo». Este es el enfoque que bautizaron como Protección Focalizada.

La cuarentena fue establecida debido a que el sistema de salud no podía atender a los miles de contagiados que se esperaban. La intención no era que no hubiese enfermos, sino que se contagiaron a una velocidad más lenta. La cantidad de muertos no era el objetivo principal, pero sí es consecuencia de la cantidad de casos. La otra consecuencia fue la parálisis de la economía, con la consecuente de la pérdida de miles de empleos, la crisis económica e incluso el hambre en muchas familias.

En el 2018, en la Panamá murieron 19,720 personas debido a diversas enfermedades, principalmente enfermedades del sistema circulatorio, enfermedades isquémicas del corazón, enfermedades cerebro vasculares, tumores malignos, entre otras. Ese mismo año la economía creció 3,7 % (65,06 billones de dólares) … No será igual este año. Todavía no sabemos cuántas personas han fallecido este año, con excepción de las 2,491 muertes debido al COVID-19, pero se estima que la economía decrecerá al menos un 5 %.

Y sí la salud debería importar más que la economía, pero resulta que la declaración de los científicos y médicos hace una afirmación desconcertante: Algunas de las consecuencias de la cuarentena incluyen tasas de vacunación más bajas, empeoramiento de las enfermedades cardiovasculares, menos detecciones de cáncer y el deterioro de la salud mental, lo que conduce a un mayor exceso de mortalidad en los próximos años, siendo la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas.

En otras palabras, el sistema de salud se verá saturado y rebasado en los próximos años. Y aunque la cuarentena fue una buena medida para uno o dos meses, extenderla es contraproducente. Ha sido un error que las decisiones de la pandemia sean tomadas solo por los médicos, cuando las consecuencias de las medidas tienen consecuencias económicas y sociales que requieren el concurso de otros profesionales. Algún día podremos darnos cuenta de la sí las medidas fueron correctas o no, aunque todo indica que no es así.